Sucre: elecciones parlamentarias y poder local

 
Las elecciones del 11 de marzo no son una oportunidad para el ente territorial, por el contrario, son un trampolín para la consolidación de nuevas castas políticas y microempresas electorales que afirman su poder en la maquinaria del clientelismo y la corrupción.
 
Fredy Aguilera
 
Coordinador de CEPROD
 
 

Las elecciones del próximo 11 de marzo tienen un significado particular en el departamento en relación con la captura de la representación en el poder legislativo por parte de las familias emergentes que hoy controlan el municipio y ciudad capital, de una parte y el resto del departamento por la otra.

Desde tiempos de antaño, en nuestro medio, la gobernación de Sucre y la alcaldía de Sincelejo han fungido como caudas o botines electorales desde donde microempresas familiares han accedido a la representación parlamentaria, el hoy presidiario y ex-senador Álvaro García usó la gobernación durante mucho tiempo para acceder al Congreso de la República, desde la alcaldía de Sincelejo la familia Merlano hizo lo propio y más recientemente el exgobernador Julio César Guerra eligió a su hijo, Julio Miguel Guerra Soto senador por el partido Opción Ciudadana y exalcalde Jairo Fernández Quessep haría lo mismo con su sobrino Mario Fernández por las toldas del partido Liberal Colombiano. En esta oportunidad nada ha cambiado para permitir a Sucre dar un salto cualitativo en la representación en el órgano legislativo. Por el contrario, las maquinarias de la alcaldía y la gobernación ya están engrasadas para una nueva aventura electoral en favor de familiares de los actuales inquilinos de nuestros entes territoriales, no obstante existir en ambos, la más alta expresión de desgobierno e ineptitud gubernamental, pero bien, el camino y la senda están trillados; vuelve juega las aspiraciones de un pueblo que se debate en la desesperanza, el atraso y la falta de oportunidades para salir a votar por candidatos que no garantizan el desarrollo de una encomiable labor legislativa, que sólo tienen en su haber ser los candidatos de los entes territoriales.

El actual gobernador de Sucre, Edgar Martínez Romero, impone la candidatura de su sobrino Carlos Espinoza Martínez por su partido Cambio Radical, igual, el alcalde de Sincelejo, Jacobo Quessep Espinoza promueve la candidatura de su primo Samir Villamil Quessep a la Cámara de Representante por el mismo partido del anterior, lo que significa que en Sucre se fortalece la candidatura de Vargas Lleras a la presidencia de Colombia, los dos botines electorales juegan a favor de esa carrera presidencial y lo que es peor; el senador Mario Fernández inscribió a su esposa Ana María Castañeda como aspirante al senado por ese mismo partido, el gordo García con su hermana teresita también llevan como candidata a la hija de esta última Juliana Escalante García por el mencionado partido Cambio Radical, lo que indica que en sucre la mesa está servida para un triunfo rotundo de Vargas Lleras en las elecciones presidenciales, esto explica por qué en la consulta liberal, en Sucre ganó Juan Fernando Cristo.

Desde el punto de vista de las aspiraciones de los partidos y movimientos de izquierda hay una debilidad tremenda; uno por la falta de unidad de estos, donde se destaca la lista de la decencia con Catalina Pérez una vieja dirigente campesina de la década del 70, en general son candidatos de bajo perfil, sin la suficiente personalidad democrática y con un modo artesanal de hacer política, además de la carencia de medios para enfrentar una campaña matizada por la compra de votos de los sectores tradicionales, este es el principal riesgo que se afronta en Sucre y que las autoridades no han podido controlar, para que todos los candidatos compitan en igualdad de condiciones.

De otra parte, se han presentado hechos que limitan el accionar político de los sectores alternativos y de izquierda; la amenaza de muerte contra algunos de éstos, como es el caso de Rodrigo Ramírez, candidato de la Unión Patriótica, quien apareció reseñado con amenaza de muerte junto con otros defensores de derechos humanos y líderes sociales, el aspirante a la Cámara de Representante por el Polo Democrático, José Alfredo Marrugo, quien afirma haber recibido amenaza verbal de un desconocido y la candidata por la circunscripción especial Indígena, Arelys Guariyó quien es natural de la guajira pero recientemente radicada en Sincelejo, que arrastra amenazas desde su tierra natal en la guajira y requiere protección.

Bajo estas condiciones, las elecciones parlamentarias no significan un cambio para Sucre y la vida de los sucreños sólo son un trampolín para la consolidación de nuevas microempresas electorales bajo el envolvente manto del clientelismo y la corrupción.

En general priman candidaturas precarias de muy bajo perfil, lo que significa que se debe avanzar en la construcción de personalidad democrática y en el entrenamiento, formación y proyección de nuevos liderazgos, desde todo punto de vista existe diferencia entre los candidatos tradicionales y de derecha con los alternativos. El riesgo mayor en las elecciones parlamentarias en Sucre es la compra de votos o corrupción al votante, sin que las autoridades puedan controlarla para garantizar niveles de igualdad entre quienes se disputan la posibilidad de ocupar una curul en el congreso. La diferencia de flujo de dinero entre las campañas es abismal y sobre todo si con los sectores alternativos, bajo estas condiciones es imposible hablar de cambio en la representación parlamentaria en sucre.

Otro riesgo que amenaza a los sectores alternativos es el factor violencia; al aspirante a la Cámara por la UP, Rodrigo Ramírez apareció reseñado en un panfleto con amenaza de muerte junto a otros líderes sociales y defensores de derechos humanos, igual situación ocurrió con el candidato por el Polo, José Alfredo Marrugo. La candidata guajira por la circunscripción Indígena, Arelys Guariyú, residenciada recientemente en Sincelejo arrastra desde su departamento de origen amenazas que deben afrontarse en la ciudad capital.

Desde esta perspectiva, las elecciones del 11 de marzo no son una oportunidad para el ente territorial, por el contrario, son un trampolín para la consolidación de nuevas castas políticas y microempresas electorales que afirman su poder en la maquinaria del clientelismo y la corrupción.

Edición 575 – Semana del 9 al 15 de Febrero de 2018
   
 
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