Persistir en la construcción de la Paz

 
No sobra repetirlo e insistir, que el logro de la PAZ sigue siendo nuestro mayor anhelo, que el camino de la negociación política es el mejor para lograrlo, que la paz es un propósito complejo y de largo plazo, y que conservar esta oportunidad histórica de construir la paz debe seguir siendo nuestro primer y principal propósito, y lo primero que deberemos derrotar es el pesimismo y sobre todo la apatía de la sociedad con el proceso de paz.
 
José Luciano Sanín Vásquez
 
Director Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Entre septiembre y octubre del año pasado, por unos breves días, una pequeña brisa de optimismo refrescó el agitado ambiente político, todo parecía confluir para hacer realidad la paz completa: avanzaba la implementación del Acuerdo Final, las Farc acaban de transformarse en partido político, el ELN llegaba a un acuerdo de cese al fuego con el gobierno, se daba inicio a las audiencias para consultar los mecanismos de participación de la sociedad en el proceso con el ELN y algunos grupos sucesores del paramilitarismo expresaban su intención de buscar un camino de sometimiento a la justicia; incluso en las encuestas1 se tuvo el nivel más bajo de pesimismo sobre el proceso de paz, el 58,4 % decía que el proceso iba por mal camino, días felices aquellos.

Cuatro meses después el panorama ha cambiado. La implementación del Acuerdo Final en el Congreso no terminó bien, se frustró la adopción de varias normas fundamentales como la reforma política y las circunscripciones transitorias especiales de paz; el proceso de reincorporación jurídica, política, social y económica de las Farc no logra consolidarse; el cese al fuego con el ELN no se prorrogó y las partes retornaron a las hostilidades, y nada se avanzó en sometimiento de los grupos sucesores del paramilitarismo. En medio de esto se han incrementado los asesinatos y atentados contra líderes y lideresas sociales.

Estos hechos no pueden hacer olvidar que tenemos en nuestras manos la oportunidad de cerrar política y jurídicamente un conflicto de seis décadas, y con ello poder avanzar en la construcción del Estado Social, Democrático y de Derecho. Sin embargo, ha crecido el pesimismo sobre la implementación del Acuerdo Final con las Farc, en las mediciones publicadas en febrero de este año2, el 67,8 % cree que la implementación de los acuerdos de paz va por mal camino y solo el 25,3 % cree que va por buen camino.

En medio de todas estas dificultades del proceso de paz, a las que se suman crecientes problemáticas de seguridad y movilidad en las ciudades, grandes escándalos de corrupción, y un crispado ambiente en el debate político – electoral, el aumento del pesimismo es la nota reinante del momento, de un 63,8 % en septiembre se pasó a un 76,7% en enero3, que señala que el país va por mal camino.

No se puede negar que en términos de la opinión pública el Acuerdo de Paz entusiasma a muy pocos, que 2 de cada 3 colombianos expresen su pesimismo sobre la implementación y que solo 1 de cada 4 aprecie los cambios que ha producido el Acuerdo de Paz, es una realidad que no podemos soslayar, y que debemos asumir como un reto.

No sobra repetirlo e insistir, que el logro de la PAZ sigue siendo nuestro mayor anhelo, que el camino de la negociación política es el mejor para lograrlo, que la paz es un propósito complejo y de largo plazo, y que conservar esta oportunidad histórica de construir la paz debe seguir siendo nuestro primer y principal propósito, y lo primero que deberemos derrotar es el pesimismo y sobre todo la apatía de la sociedad con el proceso de paz.

No es fácil persistir, porque desde muchos lados, incluso desde sectores proclives a la paz, se insiste en que cambió la agenda, que para la construcción de la paz no hay tiempo y voluntades políticas suficientes, que no vale la pena insistir en la implementación del Acuerdo final con las Farc y que lo del ELN ya no fue posible.

El proceso de paz no puede dejarse al vaivén de los siempre cambiantes y muy pesimistas análisis de los amigos de la paz o a los irresponsables ataques de quienes prefieren la continuidad de la guerra antes que la búsqueda de un acuerdo negociado. No deberíamos minimizar los avances del proceso de paz y sobretodo, romper con esa facilidad para dejar de lado lo importante y banalizar algo tan valioso como la Paz.

Los compromisos establecidos en el Acuerdo Final con las Farc siguen teniendo pertinencia y urgencia en su ejecución, o acaso ya se hicieron efectivos la reforma rural integral, la apertura democrática, la superación del problema de los cultivos de uso ilícito y los derechos de las víctimas. Una gran cantidad de espacios de participación y de instrumentos para lograr hacer efectivos muchos derechos han sido creados con ocasión de la implementación del Acuerdo Final y están ya disponibles para ser usados y exigidos por la ciudadanía.

La agenda prevista para las conversaciones con el ELN permitirá la participación de la sociedad en la presentación y discusión de propuestas dirigidas a generar transformaciones para la paz. Para que ocurra, las partes deberían esforzarse en acordar con celeridad los dispositivos que harán posible la participación.

Persistir en la implementación del Acuerdo Final es valorado por una porción importante de los Colombianos (25,3%) y que se mantenga la Mesa de Diálogo con el ELN es aprobado por un poco más de la mitad de los colombianos. Y si no fuera así, si apenas el 1% creyera importante el proceso de paz, debería seguir siendo nuestro asunto más valioso.

Persistir y no desistir vale la pena, todo esfuerzo, cada esfuerzo y todos los esfuerzos valen la pena, son importantes y necesarios en este momento, para que no desperdiciemos como país esta oportunidad histórica, como lo fueron en otros momentos en que ni siquiera alcanzábamos a imaginar la posibilidad de un proceso de paz.

1 Encuesta Invamer. Medición septiembre de 2017

2 Encuesta Invamer. Medición enero de 2018

3 Encuesta Invamer. Medición enero de 2018

Edición 576 – Semana del 16 al 22 de Febrero de 2018
   
 
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