La política sin violencia

 
La campaña electoral, que apenas comienza a partir de la elección del nuevo congreso, deberá ser un escenario propicio para que las fuerzas políticas democráticas y de izquierda, y los partidos y movimientos políticos de derecha y centro derecha, se pongan de acuerdo para hacer de la contienda política presidencial un escenario en el cual el debate programático, ideológico, filosófico y político, se de en medio de la racionalidad y el respeto a la diferencia.
 
Héctor Alonso Moreno Parra
 
Profesor Asociado, Universidad del Valle,
Doctor en Ciencia Política Universidad de Granada (España)
 
 

El ejercicio de la política desprovista de violencia es el signo esencial que nos permite afirmar que una sociedad es profundamente democrática, y por supuesto; es respetuosa del derecho a la paz ciudadana como su derecho contra mayoritario, cuando desarrolla la actividad política de manera civilizada. Esa fue la esencia, el alma, el espíritu de lo que se acordó en las conversaciones de La Habana por más de tres años entre el gobierno nacional y la insurgencia de las Farc; se pactó allí, que en Colombia se renunciaría para siempre por parte de las guerrillas y los diferentes actores armados a hacer política con armas, y que se reconocería al Estado como el único válido para ostentar legítimamente la violencia. De ahí, que se precisara en el documento final, que es fundamental modernizar las instituciones políticas para que la actividad política sea una actividad eminentemente ciudadana y que esta actividad se desarrolle en el marco de garantías, y de partidos políticos modernos con democracia interna y con transparencia política sin que medie la violencia.

En tal sentido, los actos de violencia que ha vivido recientemente en su actividad electoral el dirigente de izquierda Gustavo Petro; así mismo, como lo ocurrido en Popayán al expresidente de derecha Álvaro Uribe, y más recientemente, a la candidata de la centro derecha, doctora Martha Lucia Ramírez, son contrarios a la actividad política democrática, y ponen al país de nuevo ante una posibilidad de reeditar épocas nefastas en las cuales fueron asesinados 4 candidatos presidenciales. Estos actos criminales y cobardes hay que rechazarlos de manera categórica, sin importar de donde, ni a nombre de que ideología se ejercen tales agresiones. Ninguna ideología merece una afrenta física y mucho menos una guerra.

En el marco de esta actividad de groseras provocaciones, las Farc; Partido político de los llamados “comunes”, fueron también objeto de saboteos y agresiones físicas en su actividad política legal; ello hizo, que se vieran compelidos a limitar su actividad electoral, renunciando a la candidatura a la presidencia de la república. Decisión que coincidió con los serios quebrantos de salud de su líder Timochenko.

Los “Comunes” anunciaron, que si bien es cierto, no tendrán candidato presidencial, ello no implica que renunciaran a sus 10 curules al Congreso acordadas en el marco del acuerdo de La Habana y que se dedicaran más a trabajar en la construcción de consensos acerca de la necesidad de fortalecer espacios de reconciliación y perdón. Decisión, políticamente correcta y necesaria, sobre todo, en momentos en que una gran parte de la población ha demostrado rechazo a su participación en la actividad electoral sin que antes se defina su situación jurídica en la Justicia Especial de Paz.

Se requiere entonces que la actividad política electoral se desarrolle en paz para que se fortalezca la democracia en Colombia, pues en la actividad política nada bueno sucede de forma automática en medio de la violencia. Es necesario que la política se mueva, sea dinámica, controversial, adversarial, dialéctica, sin la intimidación violenta, para que se pueda hacer realidad las aspiraciones materiales y espirituales de todos los colombianos sin distingo de clases.

Es preciso, que todos los actores políticos declaren la voluntad de transformar las costumbres políticas y acordar reformas y modernizar los partidos políticos en un ambiente de paz y justicia social. Es urgente que se ponga en funcionamiento dispositivos políticos necesarios por parte de la sociedad política y la sociedad civil, para que se adelante las reformas políticas, sociales y económicas que garanticen en Colombia una transición democrática hacia un nuevo país sin violencia política. Y de ser necesario, recurrir a la convocatoria de mecanismos de democracia participativa como una Asamblea Nacional Constituyente a fin de lograr las reformas que el país requiere.

Todavía hay tiempo para aprovecharlo políticamente bien. La campaña electoral, que apenas comienza a partir de la elección del nuevo congreso, deberá ser un escenario propicio para que las fuerzas políticas democráticas y de izquierda, y los partidos y movimientos políticos de derecha y centro derecha, se pongan de acuerdo para hacer de la contienda política presidencial un escenario en el cual el debate programático, ideológico, filosófico y político, se de en medio de la racionalidad y el respeto a la diferencia.

Edición 579 – Semana del 9 al 15 de Marzo de 2018
   
 
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