Quinto ciclo: Luz de esperanza

 
En el comunicado conjunto número 7 emitido a la reanudación se destacan: “Retomaremos el trabajo de La Mesa de diálogos abordando en este ciclo los puntos de participación de la sociedad en la construcción de la paz, la evaluación del Cese al Fuego Bilateral, Temporal y Nacional que culminó el 9 de enero de este año y la construcción de un acuerdo hacia un nuevo cese.
 
Antonio Madariaga Reales
 
Asesor Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Las múltiples exploraciones y contactos, con las delegaciones y con sus miembros por separado, con los países acompañantes, con facilitadores de vieja y nueva data, aunado al cruce de mensajes por los más insospechados canales, las reuniones, visitas y comunicados arrojaban un panorama incierto para la reanudación de las negociaciones entre el gobierno y el ELN en Quito.

Había coincidencia entre múltiples actores de que se necesitaban dos audacias: la del ELN de llegar a lo que parecía un imposible: decretar un cese al fuego unilateral y la del presidente Santos de interpretar positivamente ese gesto y resistiendo a múltiples presiones, darles continuidad a los diálogos.

En el entretanto, sectores importantes de la sociedad civil aumentaban su presión a las partes buscando una salida que no tuviera sabor a derrota, debilidad o humillación para ninguna de las partes. Esto que parece una verdad de Perogrullo y una característica de todas las negociaciones de un conflicto armado es especialmente sensible en el caso del ELN. En efecto, para esa guerrilla gravita como una sombra permanente en la mesa y de manera muy fuerte, el que no sean considerados los “hermanitos menores” de la Farc, de contera la reivindicación de sus particularidades, cosa que todos los actores armados hacen, pero también de las temáticas y métodos que quisieran desarrollar.

Y de manera paradójica, para el ELN, en que una parte de sus contingentes rechazan las elecciones y que históricamente ha impulsado posturas abstencionistas, las elecciones parlamentarias se convirtieron en la coyuntura perfecta para asumir con audacia la fórmula: “Ante las próximas elecciones del 11 de marzo –así no compartamos estos procesos viciados–, como una muestra de respeto a las colombianas y colombianos que van a depositar su voto, el Ejército de Liberación Nacional realizará un cese de operaciones militares ofensivas, entre el 9 y el 13 de marzo próximo”.

Por supuesto que no lo llaman “cese unilateral del fuego”, por supuesto que no lo hacen para “validar la democracia representativa”, pero lo hacen de manera inteligente para enviar un mensaje que pudiera ser interpretado por el presidente Santos como una señal inequívoca de las posibilidades de reanudación de las negociaciones.

El presidente esperó a que se celebraran los comicios del 11 de marzo, celebró que en ellos no se hubiera presentado ningún incidente armado con el ELN, que todos los puestos y mesas de votación hubieran funcionado, procedió a rescatar el cumplimiento por parte de la guerrilla y ordenó a la delegación gubernamental trasladarse a Quito y reanudar los diálogos y negociaciones.

Estos acontecimientos son una demostración de que una vez se echa a andar la voluntad política para la negociación, se encuentran las formas y fórmulas para superar los impasses que en el proceso se presentan.

Si resulta estimulante la reanudación de las negociaciones, los términos en que las partes acuerdan hacerlo resultan aún más promisorios.

En el comunicado conjunto número 7 emitido a la reanudación se destacan: “Retomaremos el trabajo de La Mesa de diálogos abordando en este ciclo los puntos de participación de la sociedad en la construcción de la paz, la evaluación del Cese al Fuego Bilateral, Temporal y Nacional que culminó el 9 de enero de este año y la construcción de un acuerdo hacia un nuevo cese.

Igualmente propiciaremos un acuerdo humanitario en el Chocó, avanzaremos en unas experiencias de desminado, trabajaremos en la pedagogía del proceso hacia el país y en lo relativo al Grupo de Países de Apoyo, Acompañamiento y Cooperación (GPAAC)”. Finalmente es de gran importancia la decisión de desarrollar este ciclo “durante las próximas nueve semanas de sesiones que terminarán el día 18 de mayo”.

Celebramos la audacia y decisión de las partes que intentarán crear condiciones irreversibles para el proceso, sea cual fuere el resultado de las elecciones presidenciales.

Coda: El no ejercer el derecho al voto por parte de los habitantes de Francisco Pizarro, por reclamos elementales de servicios públicos, muestran el reto de la reconciliación en Colombia; esta no será posible si el Estado sigue en deuda en la provisión de bienes y servicios y en la garantía de los derechos.

Edición 580 – Semana del 16 al 22 de Marzo de 2018
   
 
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