Geopolítica de la globalización
neoliberal lo cumbre de las Américas

 
El tristemente célebre PPK se precipitó a renunciar, por escrito, ayer miércoles, sin reconocer, claro está, responsabilidad alguna, en sus tratos con Odebrecht, y con el aparente hecho de su salida, el cohecho, intercambio de coimas y dádivas, de favores para evitar su salida del gobierno peruano al final del año 2017.
 
Miguel Ángel Herrera Zgaib
 
Profesor asociado, ex director de C. Política, Unijus, U. Nacional de Colombia
 
 

La égida del neoliberalismo no llegó sola, sino acompañada de la corrupción política a través de los negocios, con que sembró a toda América Latina con minas que vienen explotando con mayor o menor alcance, según sean los escenarios, y la relación entre las fuerzas políticas enfrentadas.

Así será la cita en Lima, con la presencia de presidentes con “olor de guayaba”, desde Mr. Donald, Peña Díaz, Macri hasta Juampa, sin olvidar al ex anfitrión defenestrado, Pedro Pablo procónsul neoliberal en el Perú “milagroso”. El que hacía cuentas alegres, y prohibía el ingreso del presidente Maduro, y un Perú a quien Santa Rosa no logró salvar de todas las asechanzas del predominio de la economía política a través de la corrupción de la gran mayoría de los gobernantes de América.

Dicho lo cual, en 19 días, habrá fiesta internacional de los ratones en Lima, consumiéndose con voracidad y gula la riqueza social en ausencia del gato de la participación ciudadana efectiva, implacable, oportuna.

A nuestro presidente, Juan Manuel Santos, lo tocó la onda explosiva de la caída de Pedro Pablo Kuczynski, a quien no le quedó más camino que renunciar, cuando Keiko, la hija mayor de Alberto Fujimori hizo filtrar cuando menos un video en el que su hermano compraba votos a un congresista. Ella misma amenazó con hacer públicos otros más.

El tristemente célebre PPK se precipitó a renunciar, por escrito, ayer miércoles, sin reconocer, claro está, responsabilidad alguna, en sus tratos con Odebrecht, y con el aparente hecho de su salida, el cohecho, intercambio de coimas y dádivas, de favores para evitar su salida del gobierno peruano al final del año 2017.

El más notorio de todos correspondió, como es sabido, al burdo indulto que concedió ipso facto al expresidente Alberto Fujimori.

¿Y Colombia?

Fujimori y Uribe Vélez fueron hermanos cuasi siameses en el modo de gobernar, y de entender la seguridad para todos, que el exitoso ganadero colombiano embadurnó de su “democracia”; y la que terminó convirtiéndola en la orden ministerial que, por interpuesta persona, autorizó la barbarie humana de los “falsos positivos”, que ya redondea 3.000 víctimas, aunque otras estadísticas dicen que las sobrepasa. Hoy, el heredero de esa debacle humanitaria, Iván Duque hace mutis por el foro, y se precia de decente e impoluto.

Sin embargo, a diferencia de su hermano político, Fujimori, fue procesado por crímenes como el de la Cantuta, y está aún pendiente de otro proceso penal, que se tiene engavetado por años: la liquidación que autorizó, sin fórmula de juicio, del comando guerrillero MRTA que ocupó la embajada del Japón en la ciudad de Lima. Fue condenado a pagar cárcel por un cuarto de siglo, del que quedó recientemente liberado por PPK.

Uribe Vélez, emuló las andanzas de su colega peruano, quiso reelegirse más de una vez, con la promesa de culminar su cruzada “moralizadora”. No se resistió a intentar por casi todos los medios su reelección; puso a sus ministros subalternos a cohechar.

Se hizo con dos congresistas, quienes terminaron castigados, lo mismo que los ministros que cambiaron favores oficiales para “persuadir” a Yidis y Teodolindo, la pareja de representantes desconocidos que le hicieron el “mandado”. Y el presidente de la fábula siguió indemne.

Ni Fujimori, tampoco Kuczynzki son abogados, pero, en cambio, Uribe Vélez sí se graduó de la U. de Antioquia. Por eso Uribe no dejó que lo grabaran, así que la gran mayoría de sus “pilatunas” las hizo y prohijó sin testigos, más aún quienes en caso de que existieran testigos, estos fueron disuadidos de soltar la lengua, a riesgo de perderla.

Así las cosas, el trompadachín presidente, se mantenía entre las lindes de la legalidad, empleando la excepcionalidad de hecho, porque la otra ya la había agotado, con una cohorte de apoyos bien provistos, siempre con el pretexto de acabar con la violencia terrorista, y ejerciendo por interpuesta persona la violencia indiscriminada.

Pero, eso sí, con una excepción, el imprevisto desenlace de la causa que Uribe llevaba contra el senador Iván Cepeda en la CSJ, con su abogado penalista estrella, Jaime Granados. Ahora ésta causa lo tiene emproblemado jurídicamente, porque se interceptaron legalmente sus repetidas llamadas cruzadas con los delincuentes políticos, empujados a acusar y desacreditar a Cepeda. Hay la prueba pública en el respectivo expediente de la Corte que tiene más de 500 páginas.

El episodio más actual

La trapisonda de PPK, para evitar ser “renunciado” la pagó de contado con el indulto a Fujimori, el siamés del expresidente Uribe Vélez. Pero se le acusa de ser sobornado por Odebrecht con el recibo de varios millones de dólares desde los tiempos de Toledo, hoy fugitivo de la ley peruana. Pero no es por esta causa que fue ahora auto-retirado del gobierno. Esa causa sigue pendiente de fallo.

Mientras tanto, en Colombia, después que Santos dejó viendo un chispero a su mentor, Uribe Vélez, traicionándolo, éste como retaliación apoyó a otro candidato para oponerlo a su reelección, el exministro de economía, Oscar I. Zuluaga, quien ganó la primera vuelta presidencial empleando todos los medios a su alcance, lícitos e ilícitos.

Pero este ciudadano de Pensilvania, como el fugitivo jefe de su campaña, como era la costumbre usó también las coimas de Odebrecht. Empleó en ese encargo que sepamos a su hijo, y a un “inocente” acompañante, Iván Duque, el omnívoro aspirante a la presidencia de Colombia, con el descarado apoyo y padrinazgo de Uribe Vélez. Todos se reunieron en Brasil para esos efectos, pero Duque niega hasta hoy cualquier injerencia en ese negocio chueco de corrupción política.

Como si fuera poco, el rival, el presidente Santos reelecto, a través de sus ayudas de campo en la pasada campaña, éstas obtuvieron también dinero de Odebrecht para contrarrestar la posible derrota electoral frente a Zuluaga en la segunda vuelta.

El señor Prieto es la punta del iceberg en esta operación fraudulenta que toca al actual presidente, pero nada decide la Fiscalía de Humberto Martínez todavía. La justicia colombiana con la “diligencia” del ex apoderado del potentado Sarmiento Angulo, cofinanciador de las últimas campañas presidenciales, no actúa con los ojos cerrados. En consecuencia, el ingeniero civil de la U. Nacional, a cambio recibe luego obras civiles, que incluyen ahora puentes caídos, y negociados por esclarecer todavía.

Entonces, se pasó de un Fiscal, el doctor Montealegre, quien se hizo el de la vista gorda ante el señor Pallacino, que solamente ahora fue objeto de aseguramiento; pero, ahora se repite la fórmula de la impunidad al revés, por el nuevo fiscal. Esto es, no tenemos control de la mayor corrupción del régimen político, pero sí, una comedia de las “equivocaciones”, como lo ha ilustrado Claudia López, hoy candidata a la vicepresidencia por la CoCo.

Pero, a la vista tenemos una nueva Cumbre de las Américas, donde se reúne más de un puñado de corruptos, que le impide al presidente Maduro hacerse presente acusándolo de dictador y enemigo de la democracia, en primera persona, Kuczynski quien era el anfitrión, quien tuvo que renunciar ya, acompañado por otros presidentes corruptos o facilitadores de tales prácticas, quienes se regodean en la impunidad.

El más destacado de todos, pero no el único, porque, p.e., están también el presidente colombiano, y el actual presidente de los EUA, de quien se ha sabido que estuvo manipulando los millones de usuarios de Facebook a través de Cambridge Analytica, que produjo ya el reconocimiento por parte de su propietario, Mark Zuckerberg.

Así las cosas

Tenemos a dos candidatos presidenciales, el de la reacción y la derecha, untados directa o indirectamente, por los sobornos de Odebrecht, el gigante brasileño con pies de barro. Tales son los casos, en primera persona, Iván Duque, el candidato de la reacción, y su ex patrón, Oscar I. Zuluaga, que ahora se integrará en su campaña presidencial.

Así lo recordó al aire, el candidato vicepresidencial, Jaime Araújo Rentería, exmagistrado de la C. Constitucional, cuando respondía a la censura que le hizo la fórmula vicepresidencial de Duque, Marta Lucía Ramírez, quien le dijo: “Ud., no es experto en corrupción, pero sí lo es en defender a los corruptos”.

Por interpuesta persona, Germán Vargas, el vicepresidente de Santos, quien recibió coimas para ganar la elección contra Zuluaga/Uribe, se benefició de tales aportes, pero, a diferencia de Humberto De la Calle, no renunció a su vicepresidencia, como es sabido por todos. En términos de sabiduría popular, el que calla otorga.

¿Decencia y anticorrupción juntas?

Los ratones hacen fiesta cuando el gato está de vacaciones, dicen. Pues, no. Esta vez el progresismo que tiene efluvios de izquierda con Gustavo Petro insiste, ante propios y extraños. Carlos Caicedo, de un lado, y Fajardo y De la Calle del otro; para que se junten en una coalición que permita ganar la segunda vuelta.

La llamada gran encuesta, aunque no supera las 1500, y le cargó la mano a dos regiones, donde el dominio de Duque/Uribe es ostensible, coloca en primer lugar a Iván Duque, y también al cruzar los posibles finalistas en todos los casos da exitoso a la joven revelación, Iván Duque.

El segundo en la percepción ciudadana es Gustavo Petro, y se ha mantenido entre el primero y el segundo lugar ahora, por más de un mes. Por lo que es más que obvio, atendiendo a estas mediciones que es el contendor con más posibilidades a la vista.

Sin embargo, las figuras del centro ni siquiera atienden a los consejos de otro gran elector, Antanas, quien se les arrodilló a Fajardo y De la Calle para que pacten una fórmula de unión, y puedan superar el colador definitivo de la primera vuelta.

Mucho menos lo harán ambos, ahora, anunciándose en favor de Petro, a quien la derecha de Vargas Lleras califica como exponente de la izquierda radical y el Castrochavismo en su campaña de descrédito a rajatabla.

Razón de peso para que Carlos Caicedo regrese, por la puerta grande, y no arrinconado por la indiferencia de Petro, para impulsar la convergencia de los tres candidatos, ya no pensando en la “imposible” primera vuelta, sino en la coalición del bloque de la paz contra el de la guerra, los del sí, y su revancha, frente a los del no, coaligados, la derecha y la reacción, durante la segunda vuelta.

Un colofón académico y político

Atentos a las tres encuestas, en todas repunta el candidato de la reacción, Iván Duque con más del 40% de favorabilidad, con un crecimiento extraordinario, mientras que el segundo, Gustavo Petro, se mantiene segundo y crece en favorabilidad sin superar la cota del 26 %. Así que la novedad es el crecimiento de Duque, después de la consulta, donde incorporó al conservatismo de Andrés Pastrana y su candidata estrella, Marta Lucía Ramírez, y el ultra montano Alejandro Ordóñez, a lo que se suma la cauda de Oscar I. Zuluaga.

Pero todas las encuestas conocidas miden a la población urbana y no la rural, por lo que el quehacer gota a gota, en plazas y ciudades es fundamental para definir la rivalidad entre el candidato de la reacción y el de la izquierda, quien se autodefine como progresista, hoy en día.

Al respecto, un instrumento de medida fue la concentración convocado por Petro en Suacha, que tuvo alrededor de 4000 asistentes, quienes lo escucharon por 2 horas, con lluvia incluida. El otro fue el resultado de su visita, traumática a Medellín, que la quiso bloquear el alcalde de esta ciudad, de clara simpatía con la dupla Duque/Uribe. El resultado medido por Yanhaas es que Petro, luego de su intervención improvisada en un espacio marginal, duplicó el porcentaje, pasando de 5 % a 10,3%.

De otra parte, los demás candidatos presidenciales, y, en particular, los que se autodefinen como de centro, Humberto y Sergio, tienen claro que se unen o se hunden. Es lo que las encuestas prueban en materia de percepción ciudadana de quienes han decidido votar hasta hoy. Más aún, si ellos quieren competir en la segunda vuelta tendría que juntarse y no queda duda, con Gustavo Petro, que ellos rechazan, o chistan entre dientes.

Desde el campo de la derecha, Germán Vargas, desplomado, tendría que sellar un pacto con el partido de la U, y el Conservatismo oficial, que no parecen caminar, sino, se desgranan con cálculo y suspenso. O, disponerse a ganar la elección en la primera vuelta. Lo cual supone obtener un pacto con Uribe, que no bajará a su favorito de la silla presidencial. Dicho lo cual ésta es una “misión imposible”.

En materia internacional, los candidatos, en lo general, han hecho un calculado silencio, a no ser que se le endilgue el Castro-Chavismo a Petro, por la reacción y la derecha, y que Petro los desmienta, diciéndoles que ellos son los seguidores de ese modelo, al pie de la letra, en materia económica, centrada en el extractivismo indiscriminado que destruye la naturaleza. Pero, poco o casi nada, dicen de las guerras comerciales que propicia Mr. Donald, dentro y fuera de América Latina, teniendo a China como blanco predilecto.

Por lo que queda pendiente, qué dirán nuestros aspirantes a la presidencia frente a la Cumbre de las Américas, qué rumbo orientará sus pasos en esta coyuntura estratégica. Porque estos protagonistas gobernantes, tiene a la corrupción como el componente farsesco de esta Cumbre.

Así se prueba la urgencia de un viraje local, regional y global del gobierno neoliberal del mundo, que asfixia, los más mínimos ejercicios de gobernanza que anunciaba el progresismo y el socialismo del siglo XXI. Esta tenía a los grupos y clases subalternas como protagonistas, por lo menos en la palabra de sus gobernantes. Pero no ocurrió así, en casi todos los casos.

Estas son las coordenadas que definen y resuelven el modo polarizado a los bloques de la paz y la guerra enfrentados, quienes se representan en Iván Duque y Gustavo Petro, en la Colombia de estos dos meses, en dos fechas que es necesario tener bien presentes, el 27 de mayo, y el 11 de junio, si se llega a la segunda vuelta presidencial.

Estamos confrontando las elecciones del medio siglo, con plebiscito incluido. En efecto, se trata de obtener la revancha de la paz, frente al plebiscito en favor de la guerra que anuncia hacer trizas lo acordado en la paz con la Farc – EP.

Edición 581 – Semana del 23 de Marzo al 5 de Abril de 2018
   
 
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