El futuro de la democracia

 
El país también tiene un escenario posible en el próximo debate electoral para determinar el rumbo de la democracia de una manera diferente a la planteada por el Centro Democrático. Es posible construir un camino que permita hacer del país en su futuro próximo una Colombia más humana.
 
Héctor Alonso Moreno
 
Profesor Univalle
 
 

Casi siempre los temas que más interesan en un debate presidencial son los referentes al crecimiento y al desarrollo económico; cómo combatir la pobreza, cómo lograr mayores niveles de equidad a través de la inversión social en educación y salud, como reducir la tasa de desempleo. Igualmente, son también puntos obligados de los candidatos los referentes a la seguridad nacional, la censura a los medios de comunicación, y el manejo de las relaciones internacionales. Pero en el actual debate presidencial que hoy vive Colombia, como cosa particular, lo que más se está debatiendo por parte de los diferentes candidatos es acerca del futuro próximo de la democracia como forma ideal de gobierno.

Es preciso recordar, que la gran herencia de la revolución francesa fue, sin duda alguna, el legado del texto de los derechos del hombre y del ciudadano. Y de manera particular, lo establecido en el artículo 16 de dicho texto que consagra que “una sociedad en la que no esté establecida la garantía de los Derechos, ni determinada la separación de los Poderes, carece de Constitución”. Este artículo del texto del constituyente francés de 1789, fundamenta la esencia de la idea política de constitucionalidad referida al respeto de las garantías ciudadanas, y a la necesaria existencia de pesos y contra pesos en el ejercicio de los poderes del Estado; soportes únicos de la idea política de un verdadero sistema democrático.

Colombia es un país que desde sus primeros años de existencia republicana ha abrazado las ideas políticas de la Ilustración más difundidas por el pensamiento jurídico como fueron las de Hobbes, Locke, Montesquieu, Voltaire, Descartes y Rousseau. Nuestras instituciones son herederas de los más sagrados principios del humanismo europeo que consagraron e hicieron universales las ideas políticas de libertad, fraternidad y solidaridad, como parte de la gran herencia del siglo de las luces.

De ahí, que es bastante preocupante el anuncio del Uribismo a través de su candidato Iván Duque, de llevarse por delante la idea política de constitucionalidad y democracia en Colombia, cuando propone; como parte de su programa de gobierno, acabar con la separación de poderes y limitar los Derechos Humanos y las garantías públicas y ciudadanas.

El candidato, ungido por el expresidente Uribe, pregona en las plazas públicas la idea perversa de suprimir las Altas Cortes para privilegiar la creación de una sola jurisdicción, que muy seguramente favorecerá mayores niveles de impunidad del paramilitarismo y sus aliados; e igualmente, promete interceder ante el legislativo para que su mentor político, el senador Álvaro Uribe Vélez, ejerza las funciones de Presidente del Senado de la república; máximo órgano legislativo que suprime, modifica y crea las leyes en el país. Es decir, que lo que se pretende por parte del Centro Democrático es que queden en manos de Uribe las tres ramas del poder público, y por supuesto, seguramente, también pretenderán asegurasen los órganos de fiscalización y control. De igual forma, si a lo anterior le sumamos la soterrada idea que tienen los parlamentarios del Centro Democrático de propiciar una Asamblea Nacional Constituyente que permita de nuevo la reelección del presidente Uribe, el futuro de la democracia en Colombia se tornaría entonces aún más incierto, y se abriría, de manera estruendosa, el camino hacia una dictadura civil.

No deja de preocupar, igualmente, la advertencia del expresidente Uribe acerca del trato que se daría a los medios de comunicación críticos en un eventual gobierno de Duque. La manifestación expresa de censurar y suprimir la licencia de funcionamiento de Noticias Uno, y la reciente intimidación por parte de activistas del Centro Democrático al caricaturista Julio Cesar Gonzales, más conocido como “Matador”, son otros hechos atentatorios de los valores democráticos y de la vigencia de los derechos humanos que estarían en peligro en el próximo gobierno Uribista. Basta recordar, que el constituyente francés también estableció en la declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano que “La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más valiosos del Hombre; por consiguiente, cualquier Ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley”.

Hay que advertir también, acerca de otra preocupación que está en juego en este debate presidencial, y es, además del futuro de la democracia como forma ideal de gobierno, la supervivencia del proceso de paz pactado con las Farc en La Habana. Este acuerdo, no es otra cosa, que la puerta de entrada de una verdadera paz con justicia social en Colombia en el marco de un proceso de pacificación con verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. De allí, que la pretensión del Uribismo de acabar con el sistema integral de justicia transicional, es atentar contra los derechos humanos de las víctimas quienes son el centro de este proceso de reconciliación y perdón nacional. Y por supuesto; de paso, suprimir un valor determinante del proceso de paz del actual gobierno, como lo es, la Justicia Especial de Paz; decisión, que, de concretarse, estaría cerrando y votando las llaves de la puerta de entrada para futuros procesos de pacificación en el país.

Ahora bien, pero todo no está perdido. El país también tiene un escenario posible en el próximo debate electoral para determinar el rumbo de la democracia de una manera diferente a la planteada por el Centro Democrático. Es posible construir un camino que permita hacer del país en su futuro próximo una Colombia más humana. Para ello, es determinante, que todos aquellos que se consideren fieles al legado de los derechos humanos de la revolución francesa, al respeto de nuestras instituciones republicanas; a los que crean en la necesidad de que otra Colombia es posible, y que aún sueñen con que la mejor forma de gobierno es la democracia con respeto por la separación de poderes y los Derechos y garantías ciudadanas; es decir, a todos los que consideramos que es posible la construcción de una Colombia en paz con justicia social, se nos impone el deber de trabajar para que los sectores políticos que representan este legado francés; esencia de la democracia en Colombia, se unan en una sola voz para que logren recortar sus diferencias que permitan construir un programa mínimo sobre la base del respeto a la idea política de constitucionalidad y democracia. Presupuestos teóricos e ideológicos acechados, hoy día, por el peligro de una dictadura fascista.

De no ser posible, por ahora, la unidad de los sectores políticos alternativos, si deben por lo menos hacer un ejercicio de entendimiento pragmático para trabajar unidos en un mecanismo que permita garantizar el paso de uno de ellos a la segunda vuelta presidencial.

Edición 582 – Semana del 6 al 12 de abril de 2018
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus