Crónica de otra muerte anunciada

 

Si Jesús Santrich participó durante tantos años de manera superlativa en las conversaciones de La Habana, no es lógico que se pueda inferir una doble intención de sus palabras, de sus ideas, tesis y argumentaciones; de sus posiciones políticas como destacado miembro de esa organización político-militar, distinguido desde su juventud por su radicalidad, inteligencia y compromiso político.

 
Jorge Albeiro Gil P.
 
Colaborador Semanario Virtual
 
 

Es dramático el momento. Asistimos, impotentes, al inicio de un proceso penal que afectará, de muchas maneras, la implementación de lo acordado, (2010 – 2016), por las contrapartes actoras del conflicto interno –gobierno de la República de Colombia y las Farc – EP, para terminar el conflicto, lograr la verdad, la reparación y la no repetición, es decir, consolidar la paz y la justicia social en nuestro país.

Nadie pensó que fuera fácil la reconciliación, pocos esperan que la verdad aflore sin dificultades de las memorias –de manera transparente, sincera, honrada– y que las voluntades se dispongan a mirar hacia adelante, que las venganzas, rencores, dudas y malos pensamientos no sean la ideología que alumbre las conductas de los colombianos, que los bienes y riquezas lleguen en justa medida a todos los conciudadanos.

Pero, al despertar, …los tercos paradigmas siguen ahí.

Una muestra de la realidad es el proceso a Santrich. Es doloroso mirar de frente al acusado, su limitación visual, siempre significó “otra condición” humana. Por lo menos hay que darle la “presunción de inocencia”, el debido proceso y que no quede la menor duda de su inocencia ó culpabilidad.

Si Jesús Santrich participó durante tantos años de manera superlativa en las conversaciones de La Habana, no es lógico que se pueda inferir una doble intención de sus palabras, de sus ideas, tesis y argumentaciones; de sus posiciones políticas como destacado miembro de esa organización político-militar, distinguido desde su juventud por su radicalidad, inteligencia y compromiso político.

Al leer hoy, la parte 4 del Acuerdo final que se titula “Solución al problema de las drogas ilícitas” (desde la página 98 hasta la 123 de la versión de MOVICE, capítulo de Santander del Norte) y que, por supuesto, fue redactado, pensado y suscrito –sin reservas–, entre muchos otros, por Jesús Santrich, es muy difícil aceptar que unos pocos meses después, en las condiciones de limitación en sus desplazamientos y contactos –24 horas vigilado por funcionarios del Gobierno y de las fuerzas policías responsables de su seguridad, controladas sus comunicaciones como lo evidencian los audios filtrados– tuviera la libertad –esa persona invidente–, ortodoxamente insurgente y rebelde, para “coronar” un supuesto negocio.

Si Santric “viera” la oportunidad, pensara y se decidiera, planeara, se lanzara al propósito y, si se quiere, jugara a la audacia de acercarse a la candela de una actividad criminal apta sólo para mafiosos alertas, habilidosos, aventureros, capos o delincuentes temerarios, de insólita ambición, audacia y “profesionalismo”, entonces estamos frente a un genio: El Padrino IV.

En la red mundial hay peces muy gordos de muchas nacionalidades, empezando por WASP (blancos, anglosajones), y otros que hace más de cien años controlan el tráfico de estupefacientes, contrabando de licores, casinos, prostitución y delitos conexos, en todos los lugares del mundo, depositando en los múltiples paraísos fiscales, empezando por Las Vegas en los propios Estados Unidos, cuna de los grandes negocios del presidente Donald Trump, George Soros, los Roschild y cientos más.

Las autoridades que desde Estados Unidos solicitan la extradición tendrán que convencer a la opinión pública mundial (a pesar del eufemismo), con pruebas evidentes sobre la culpabilidad de Santrich.

Así “se están tirando la paz”, es la prueba reina de que quieren “hacer trizas” el Acuerdo.

Son “los señores de la guerra, de los cielos y de los mares”, que mueven mil toneladas (1000 tns. /año) –mal contabilizadas por su comercio clandestino imposible de rastrear–, ellos son los menos interesados en que se implementen los acuerdos del punto 4 sobre Solución al problema de las drogas ilícitas.

A ellos no les interesan la seguridad alimentaria y económica que producen los cultivos alternativos como el aguacate, el cacao, la marihuana medicinal, las hojas de coca como proteína o los miles de miles de especies animales y botánicas de nuestra infinita biodiversidad, mucho menos los recursos humanos de la prolífica, multidiversa y alegre sociedad colombiana.

Edición 588 – Semana del 18 al 24 de mayo de 2018
   
 
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