De Corea a Colombia,
un viaje en la súpernave de la educación

 

Llegué a pensar que este 27 de mayo me quedaría, como en otras elecciones, en mi estudio aprendiendo algo más; pero he decidido que voy a poner mi voto en la esperanza de que en Colombia retomemos la vía de la intelectualidad que, como impulsora de paz es un arte.

 
Álvaro Uribe González
 
Economista Universidad Nacional de Colombia, Director de “Hablar y escribir mejor”
 
 

A 2018 uno de los países más sólidos en lo social y en lo económico, logro del último medio siglo, es Corea1; del puro “Tercer mundo”2, era todavía miserable una década después de cuando el Batallón Colombia participó en su guerra. Hoy es potencia mundial gracias a una población muy educada, con un inmenso número de profesionales, gran cantidad de doctores, con los que no contaba hace treinta años. Luego de precisar el porqué de su vertiginoso desarrollo hallé en mi Universidad Nacional que todo se originó en la preponderancia que se le dio a la educación, después de abandonar la violencia de la guerra.

Volteé a mirar hacia adentro, hacia nuestro país, frente a la pobre fertilidad coreana: Colombia es el territorio de la gama climática completa; llena de ríos, lagunas, montañas, llanos, desiertos inclusos, asomada a dos océanos, con las más inmensas riquezas en aves, agua y vegetación. Corea cabe más de diez veces en la geografía de Colombia. Pero Corea tiene gente más y mejor educada: es considerada por OCDE3 como el tercer país del mundo en matemáticas, destacado en resolución de problemas y entre la docena de naciones que brillan en ciencias. Naciones Unidas, la ONU, clasifica a Corea como “país desarrollado”. Todo lo ha alcanzado con educación.

Remirando la historia de Colombia estudié qué tipo de Presidentes de la República hemos tenido cuando los políticos andaban a pie, sin escoltas, a la vista de todos sus conciudadanos, pues no le temían a nada porque no le debían nada a su sociedad, y encontré que hubo uno, un Presidente de a pie, el que después de una década de finalizada la espantosa, fratricida “Guerra de los mil días”, en 1910, fue quien comenzó un período de más de treinta años de paz; y decidió que se le otorgara pensión vitalicia al ciudadano que hubiese sido maestro. Se llamaba Carlos E. Restrepo.Años después tuvimos otro Presidente intelectual, que además fue maestro: Marco Fidel Suárez; enseñó filosofía, gramática, aritmética y álgebra.

Todos los que hemos tenido la opción de alcanzar algún nivel mediano de formación, guardamos con amor el recuerdo de, cuando menos, un profesor, al que admiramos. Ese sentimiento conserva una mayoría colombiana con cabezas de de mentes gratas y pacíficas.

El país no había tenido tres maestros, tres profesores, tres educadores reunidos tras una causa edificante de alcance nacional; en camino uno de ellos a ser Presidente de la República de Colombia.

Llegué a pensar que este 27 de mayo me quedaría, como en otras elecciones, en mi estudio aprendiendo algo más; pero he decidido que voy a poner mi voto en la esperanza de que en Colombia retomemos la vía de la intelectualidad que, como impulsora de paz es un arte. Me animó más el recuerdo de mi abuelo materno Carlos González Gutiérrez que vino a Bogotá como Senador a representar a los maestros de Antioquia. Sus hijos, mis cuatro tíos, fueron también maestros: uno fundó en Medellín las Escuelas Técnicas Don Bosco de los padres salesianos, para muchachos pobres; otro, franciscano él, fundó el Colegio Pio XII, en Cali, para niños ricos y de clases media alta y alta.

En Colombia personas como Marco Fidel Suárez, como mis tíos y como mi abuelo han enseñado que los maestros conocen muchos asuntos y, por sobre todo, saben que aquí estudiamos a medias, pobres y ricos que nunca se van a acabar: en plena libertad, podemos seguir siendo económicamente pobres; seguirá habiendo siempre ricos y, esperemos, que haya muchos más ricos; eso no tiene que molestar a nadie: puede mortificar más una ignorancia o una intolerancia vistosas; pero todos podremos llegar a ser intelectualmente tan ricos como queramos y como nos lo ayude a lograr un Estado que cuide la tranquilidad del individuo inmerso en una sociedad ideológicamente diversa y, sobre todo, orientada por un mandatario consciente de la importancia de la educación la que, con certeza, es la que nos confirma que en un país altamente educado podemos convivir en paz pobres, medianamente ricos y muy ricos intelectual o económicamente hablando. Y que la riqueza material jamás la acabará nadie; menos el Estado, ni un Jefe de Estado honrado, que entiendan que son ellos los que tienen que construir, en menos de cuatro años, un creciente e indestructible sistema de educación.

Aunque parezca innecesario debo decir que la esposa de Carlos Eduardo Restrepo, de “Carlos E”., fue Isabel Gaviria Duque, hermana de mi bisabuela. Y mi abuela Carmen Emilia Gaviria Villa, esposa de un maestro, Carlos González Gutiérrez, fue la mamá de cuatro maestros, de cuatro profesores, de cuatro educadores: Carlos, Gabriel, Enrique y Alberto González Gaviria.

1 Corea del Sur, el país de la parte austral de la península de Corea.

2 Se llama “Tercer mundo” en el lenguaje politicoeconómico internacional a los países que, entre otras características, muestran desigualdad económica y social, bajo Producto Interno Bruto y mala educación, como Colombia, y mantienen elevados niveles de dependencia de otras naciones.

3 OCDE es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos de la que hacen parte tres docenas del total de los casi doscientos reconocidos.

Edición 588 – Semana del 18 al 24 de mayo de 2018
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus