Cinco retos para la construcción de paz
durante el próximo gobierno; ¡si elegimos
bien el próximo domingo!

 

En Colombia tenemos un déficit de confianza. El paradigma de la desconfianza es la “ley de la papaya” que enseñamos de generación en generación y que ha sido producto de las dinámicas perversas que garantizan la supervivencia en un contexto de guerra y de proliferación del crimen organizado.

 
Andrei Gómez-Suárez
 
Director de Rodeemos el Diálogo
 
 

La construcción de paz es un camino con altibajos. Si a eso le sumamos los imaginarios heredados de la guerra y las ambiciosas expectativas que se generan cuando hablamos de la posibilidad de vivir en un país en paz, es entendible la incredulidad que siente la sociedad que espera ansiosa el dividendo de la paz.

Para sacar adelante la transición de la guerra a la paz se necesitan dos factores: la voluntad política del gobierno y el compromiso indeclinable de sectores cada vez más amplios de la sociedad civil.

Los próximos cuatro años son determinantes para avanzar en la construcción de paz; la sociedad y el gobierno tendrán que enfrentar cinco retos. No será sencillo continuar avanzando; sin embargo, a pesar de todos los tropiezos, hoy, en la práctica, deberíamos estar más preparados que ocho años atrás.

Reconstruir la confianza

En Colombia tenemos un déficit de confianza. El paradigma de la desconfianza es la “ley de la papaya” que enseñamos de generación en generación y que ha sido producto de las dinámicas perversas que garantizan la supervivencia en un contexto de guerra y de proliferación del crimen organizado.

Las transformaciones estructurales se quedarán cortas si no se construye una política pública de reconciliación que tenga como eje el reconocimiento del otro, como un legítimo otro, con el cual es posible encontrar soluciones a problemas comunes.

La construcción de confianza toma tiempo, pero vale la pena porque como dice Mauricio García Villegas, “en las sociedades en las que predomina la desconfianza todo es más costoso y más incierto” (2017, 160).

La Oficina del Alto Comisionado para la Paz y artistas, pedagogos y comunicadores están promoviendo una nueva narrativa para “reemplazar el no dar papaya por en vos confío.” Por tanto, es necesario prolongar esta apuesta en el tiempo y continuar articulándola con los Consejos Territoriales de Paz Convivencia y Reconciliación y el Consejo Nacional de Paz. Sólo así se evitará que la ilusión de cambiar la realidad se convierta en una nueva frustración que deja arraigado un sentimiento de traición.

Reformar el manejo de los recursos para el posconflicto

La construcción de paz necesita del apoyo financiero y moral de la comunidad internacional. El Fondo Colombia en Paz y el Fondo Multidonante han centralizado la mayor parte de los recursos de la comunidad internacional. Además hay varias organizaciones internacionales que funcionan como operadores logísticos para la ejecución de recursos y la implementación de proyectos que hagan realidad el acuerdo de paz.

La construcción de paz no puede depender exclusivamente de la comunidad internacional, ni debe quedar amarrada a las lógicas tradicionales de ejecución de recursos. Los primeros años de la transición de la guerra a la paz son fundamentales para garantizar la calidad de la implementación.

El próximo gobierno debe revisar la forma como se están ejecutando los recursos no solo para garantizar la transparencia en su ejecución, sino para asegurar que haya procedimientos eficaces que permitan avanzar a un mejor ritmo.

Lograr un pacto político por la paz

Una vez se sepa el líder del próximo gobierno es necesario convocar a un amplio pacto político nacional para garantizar la estabilidad y reducir la polarización. Es necesario poner punto final a la fractura política que se ha venido alimentando en torno a la paz desde septiembre de 2012.

El próximo gobierno debe esforzarse al máximo para que fuerzas políticas con posturas ideológicas opuestas acuerden un terreno común donde los logros del fin del conflicto armado con las FARC y la promesa de no repetición sean el punto de partida para proponer planes de gobierno diferentes, pero que, al respetar el pacto de paz, se construya un referente de un antes y un después de la violencia como método de resolución de conflictos.

Acordar el fin del conflicto con el ELN
y desmantelar a los grupos armados ilegales

No habrá una paz estable y duradera en Colombia si no se logra un acuerdo de paz entre el gobierno y el ELN. El próximo gobierno tendrá que hacer efectiva la participación de la sociedad civil y lograr reducir las amenazas criminales para que dicha participación ocurra en el marco de un cese al fuego bilateral.

El respaldo al nuevo equipo negociador puede contribuir a fortalecer el diálogo fluido que hoy se desarrolla en Cuba. Por otra parte, la pendiente entrega efectiva de los miembros del Clan del Golfo es una oportunidad para identificar rutas y desmantelar otros grupos criminales que operan en el territorio. Esto debe complementarse con un esfuerzo sincronizado para desmantelar los reductos disientes que emergieron después de la negociación con las FARC. El próximo gobierno debe hacer realidad la prevalencia del Estado de Derecho en todo el territorio nacional.

Cumplir lo pactado

El triunfo del No en el plebiscito dejó un impacto profundo en la gobernabilidad de Juan Manuel Santos y abrió un terreno de disputa entre diversas fuerzas políticas para clientelizar la construcción de paz. Como resultado han quedado a medio camino transformaciones importantes como: la reforma rural integral, la reforma política propuesta por la Misión Electoral Especial y los acuerdos de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos. Además, se deformó la jurisdicción especial para la paz.

La elección del nuevo presidente cierra la crisis de gobernabilidad y le da un aire nuevo al ejecutivo para sacar adelante las transformaciones estructurales que necesita el país. El fin de la guerra se logra con un acuerdo de paz, pero el desmonte de espirales de violencia es producto de una implementación integral del acuerdo de paz, tal como lo reconocieron los negociadores del gobierno y las Farc en 2016.

Por tanto, la verdadera refrendación del acuerdo de paz ocurrirá el 27 de mayo en las urnas. Ese día sabremos si la sociedad colombiana está preparada para asumir el reto de avanzar en la construcción de una paz imperfecta, con todas sus virtudes como diría el padre Francisco de Roux, o si por el contrario la desconfianza y el miedo, producto de la guerra, la llevarán a escoger el camino de la negación y la retaliación, que solo resultarán en un doloroso reciclaje de la violencia.

Edición 589 – Semana del 25 al 31 de mayo de 2018
   
 
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