Entre el miedo y la esperanza: retos de la educación para la paz en Colombia

 

Se considera la educación para la paz como una herramienta que permita el tránsito de la cultura de violencia a la construcción de culturas de paz, para ello, se establece la necesidad de crear una cátedra de cultura política para la reconciliación y la paz. En el marco del cumplimiento de este punto del Acuerdo, el Ministerio de Educación está trabajando en el Plan de Formación para la Ciudadanía, Estrategias que contribuyen a educar para la Paz.

 
Amada Benavides de Pérez1
 
 

Desde el 26 de agosto de 2012 cuando se hizo pública la negociación de paz entre el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc – EP, con la firma del ‘Acuerdo General para la Terminación del Conflicto’, en La Habana, Cuba, se reactivaron procesos que desde hace más de 20 años han reivindicado en el país la necesidad de aprender a construir la paz y deconstruir las violencias, y que han dejado como herencia una vasta gama de proyectos, procesos, metodologías, conceptos, validados desde la educación formal, no formal e informal.

Este escenario permitió sacar a la luz la importancia de la educación para la paz como una forma de encontrar acuerdos inéditos, que permitan la construcción de un nuevo pacto social, después de las décadas de permanencia de los diversos conflictos armados y otras manifestaciones de violencia. En este sentido, la promulgación de la Ley 1732 del 1 de septiembre de 2014, que crea la Cátedra para la Paz, se presenta como un escenario propicio para lograr este objetivo. Su carácter de obligatoriedad para impartirlo en la educación básica y media y la posibilidad de su desarrollo en los ámbitos de educación superior, de acuerdo a la autonomía universitaria, abren múltiples posibilidades de creación y construcción.

De otra parte, en el Acuerdo Final entre las Farc – EP y el gobierno colombiano se piensa la educación como un eje fundamental para la transformación del país, especialmente en los escenarios rurales. En este sentido se crea el Plan Nacional de Educación Rural, para garantizar una mejora cuantitativa y cualitativa de la educación para el desarrollo del campo, propiciar el mejor vivir, erradicar el analfabetismo, garantizar la permanencia con programas de gratuidad, alimentación escolar, entrega de útiles escolares; y un trabajo integrado en todos los niveles de la educación, desde la infancia hasta la técnica y universitaria.2

También se considera la educación para la paz como una herramienta que permita el tránsito de la cultura de violencia a la construcción de culturas de paz, para ello, se establece la necesidad de crear una cátedra de cultura política para la reconciliación y la paz. En el marco del cumplimiento de este punto del Acuerdo, el Ministerio de Educación está trabajando en el Plan de Formación para la Ciudadanía, Estrategias que contribuyen a educar para la Paz.

Ante la coyuntura y la incertidumbre de un nuevo Gobierno que regirá los destinos del país entre 2018 – 2022, es necesario fortalecer y resguardar los espacios que se abrieron a partir de la firma del Acuerdo.

Algunos de los elementos que se han considerado fundamentales en educación para la paz, y que deben preservarse son:

1. Necesidad de la implementación de la educación para la paz en todos los niveles de la educación para cambiar la cultura de guerra hacia una cultura de paz. Una educación para una vida digna, que garantice los derechos humanos, que permita forjar los proyectos de vida de niños, niñas, adolescentes y jóvenes; que dote de herramientas para una convivencia más armónica y el abordaje pacífico de los conflictos; que permita la construcción de sociedades democráticas, deliberativas, plurales, respetuosas de la diferencia, y protectoras del ambiente y los recursos naturales.

2. Construir una visión común de paz. La paz es una construcción social propia, fruto de la reflexión y la construcción de la memoria del territorio, de la lectura sobre el proceso de configuración de las identidades del mismo. Se deben generar escenarios de diálogo y construcción de una visión conjunta sobre la paz en la perspectiva de lo que se ha llamado la Paz territorial. En este sentido la escuela puede aportar de manera significativa a construir una visión común de paz desde la cotidianidad y a partir de las relaciones sociales que orienten los procesos de transformación social necesarios sobre lo que ha producido la guerra en las comunidades.

3. Incorporación de enfoques estratégicos. La educación para la paz requiere la incorporación de enfoques estratégicos que se implementen y desarrollen en la práctica pedagógica, en la organización y en la administración de la educación, así como en las relaciones sociales entre escuela y comunidades. Estos enfoques y premisas ya han sido impulsados por los movimientos sociales que trabajan por el derecho a la educación y a la paz, así como por otras reivindicaciones de la educación, incidiendo ante el Ministerio de Educación, y también están establecidos en el marco del derecho internacional, como obligaciones del Estado.

4. Pensar la educación desde una perspectiva territorial, integral y transformadora. El sistema educativo colombiano tiene un amplio marco constitucional que enmarca la educación, por ello, desarrollar políticas desde la perspectiva de la educación para la paz, supone pensarse la educación desde una perspectiva territorial, integral y transformadora. La educación para la paz promueve el desarrollo de un pensamiento crítico, lo cual, requiere recursos y desarrollo de capacidades e impulso de las experiencias en este sentido. Es importante gestionar los recursos humanos, económicos, técnicos, para el desarrollo de capacidades institucionales que hagan viable pedagogías, metodologías, materiales didácticos y tecnológicos a favor de educación para la paz de manera estructural.

5. Enfoques diferenciales. Se requiere de políticas específicas para lograr la eliminación de las discriminaciones que han marcado nuestra historia y devenir social y que se reproducen en el sistema educativo por razones de género, identidad étnica, orientación sexual, origen regional, posición socio económica, ideología o religión. Esto implica la necesidad de cambios culturales profundos en los cuales la educación y la comunicación tienen honda incidencia.

6. Necesidad de cambios estructurales en la escuela, principalmente en las áreas rurales. Cumplir las necesidades básicas para la garantía de derechos. No es posible asegurar una educación de calidad con las precarias estructuras de los centros educativos. Vías, agua, servicios públicos, aulas adecuadas, maestros bien pagos y capacitados. Garantía de alimentación y útiles escolares. Ello incluye, entre otras cosas la imperiosa necesidad de inversión en educación rural, garantizar educación terciaria en zonas remotas de la Colombia profunda, la implementación del Plan Decenal de Educación Rural y cambios en la estructura administrativa de la escuela y desde los mandatos de las Secretarías de Educación y de gestión educativa.

7. Impulsar en el nivel departamental escenarios participativos de construcción de la política pública de educación para la paz. A nivel nacional hay un proceso avanzado de formulación, gestión e implementación de políticas públicas de educación para la paz, definido constitucionalmente y que ha desarrollado con distintas leyes, programas, planes y proyectos desde el Ministerio de Educación.

En este sentido es importante impulsar en el nivel departamental un escenario participativo de construcción de la política pública de educación para la paz, que involucre la participación de las comunidades educativas y diversos actores y que generen procesos de transformación de la escuela, de construcción de memoria, de ejercicio de las ciudadanías juveniles, entre otros, como parte de la movilización y amplia participación en perspectiva de la paz.

8. Recoger el conocimiento de las organizaciones de base. En Colombia se tiene una experiencia significativa en el campo de la educación y la investigación para la paz, a partir de las experiencias de cientos de comunidades y sectores sociales, que han trabajado por una salida negociada del conflicto, reconociendo que la paz se construye en la cotidianidad y a partir de la transformación de los referentes culturales que han sostenido y legitimado las violencias como formas de relacionamiento y resolución de los conflictos sociales, económicos y políticos. Por lo tanto, se recomienda privilegiar este conocimiento, tanto regional como de otros territorios, los cuales han sido impulsados por organizaciones de base, organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales.

Así mismo en este marco se recomienda incentivar la formación, investigación y la producción de conocimiento desde la experiencia de docentes, estudiantes y comunidad educativa, y la formación de redes de investigación, acción e incidencia.

9. Fortalecer desde la escuela escenarios de memoria histórica, justicia alternativa y reconciliación. Reconstruir las historias de vida de más de ocho millones de víctimas es un desafío y una tarea urgente de la Nación colombiana y la educación para la paz puede aportar enormes avances en este objetivo.  La creación la Comisión de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición es un gran paso en esa dirección. Sin embargo, tenemos que ir más allá, buscar enfoques regionales, reconocer la historia y recuperar los cuerpos de los desaparecidos en las partes del conflicto. Además, avanzar en la búsqueda de los espacios de resistencia, que permitieron a las comunidades sobrevivir, a pesar de la guerra, mediante la construcción de resiliencia y el tejido social.

En el fuerte panorama de transiciones que vivimos en Colombia, donde los cambios requeridos son estructurales y culturales, la educación en general, y la educación para la paz en particular, tienen un espacio fundamental para lograr las transformaciones necesarias que nos permitan el tránsito a una sociedad más justa y equitativa. Invitamos a la comunidad educativa en pleno a hacer un frente común para preservar los avances que se llevaron a cabo en los últimos años y no permitir que se eche por la borda el trabajo arduo que muchos docentes, organizaciones de la sociedad civil y comunidades hemos venido desarrollando a lo largo y ancho del país y que tiene un gran reconocimiento internacional.

1 Amada Benavides de Pérez es licenciada en Educación con Especialización en Ciencias Sociales. Magistra en Relaciones Internacionales. Consultora en los temas de fronteras, desarrollo fronterizo e integración; seguridad y paz; derechos humanos, cultura de paz y educación para la paz. Fundadora de la Fundación Escuelas de Paz y presidenta desde 2003. Miembro del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre el Uso de Mercenarios como medio de violar los derechos Humanos. Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos. Ginebra, Suiza, entre abril de 2004 y julio de 2011. Miembro del Transnational Advisory Group International Institute on Peace Education, del Equipo Consultivo de la Global Campaign on Peace Education y del Comité Técnico de la Alianza Educación para la Construcción de culturas de Paz. Coordinadora del Encuentro Nacional de Educación para la Paz, octubre de 2015.

2 Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Acuerdo Final. 24, noviembre de 2016.

Edición 589 – Semana del 25 al 31 de mayo de 2018
   
 
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