¿A quién sirve el voto en blanco?

 

Los demócratas tenemos que decir, como principio general que defendemos el derecho a votar en blanco como parte de las expresiones políticas posibles en una contienda electoral. Aunque más imposible de verificar, la abstención consciente y deliberada también es una expresión política. Nadie debe ser estigmatizado ni agredido por su decisión de votar en blanco o de abstenerse.

 
Antonio Madariaga Reales
 
Asesor Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Los demócratas tenemos que decir, como principio general que defendemos el derecho a votar en blanco como parte de las expresiones políticas posibles en una contienda electoral. Aunque más imposible de verificar, la abstención consciente y deliberada también es una expresión política. Nadie debe ser estigmatizado ni agredido por su decisión de votar en blanco o de abstenerse. Además, recordemos que el voto es secreto y pertenece al fuero individual.

Ahora, cosa distinta es que se pueda discutir como en efecto lo haremos sobre la utilidad de una decisión de votar en blanco en la segunda vuelta presidencial, o incluso discutir sobre la expresión pública que la dirigencia política haga de ese voto en blanco.

Comencemos por decir cuál es el propósito de las segundas vueltas electorales y que sustentaron la decisión de incorporar a nuestra Constitución ese mecanismo para la elección presidencial. La premisa empieza por considerar que cuando un candidato/a alcanza en la primera vuelta la mitad más uno de los votos válidos, tiene suficiente legitimidad y respaldo popular tal que no requiere ni refrendar ese triunfo, ni mucho menos allegar respaldos adicionales o nuevos acuerdos para ejercer la presidencia. Por tanto, es de la naturaleza de la segunda vuelta electoral, ofrecer a la ciudadanía una ocasión para incrementar el conocimiento de los candidatos/as y la legitimidad de la escogencia, por un lado y a los candidatos/as con las dos más altas votaciones, la posibilidad de lograr acuerdos y respaldos que aumenten sus posibilidades de triunfo y su legitimidad por el otro.

En sentido estricto, reduce el abanico de posibilidades conduciendo a la ciudadanía a un ejercicio de necesaria escogencia, lo que de ninguna manera elimina, mientras no se reglamente así la posibilidad del voto en blanco sin consecuencias jurídicas así este no tenga valor adicional al de darle a cada ciudadano/a individualmente considerado, la posibilidad de expresar su imposibilidad de sentirse representado en las candidaturas en lucha. Es decir, en ese caso tiene el valor que tiene una expresión que satisface la necesidad de una persona, de expresar en el acto mismo de votar una opinión. Caso contrario si el voto en blanco hubiera tenido una escogencia tal que hubiera obtenido la mitad más uno de los votos o una de las dos más altas votaciones en la primera vuelta. En tal sentido poca o ninguna utilidad política y jurídica tiene el voto en blanco en segunda vuelta como acto individual, toda vez que en primera vuelta no obtuvo ni siquiera el 2% de los votos válidos.

Cuando alguien renuncia a su privilegio del voto secreto y lo hace público se sale de la esfera de su íntima convicción y se pone en la esfera de la controversia sea ese voto por cualquiera de las dos candidaturas o sea por el voto en blanco, y de eso se trata lo que está pasando. No sé puede reclamar simultáneamente el propio derecho que tenemos todos a poner, por las razones que sean, públicamente nuestra decisión de voto y el derecho de Los y las otras de controvertir el contenido, las razones y argumentos de esa decisión.

Ahora el debate adquiere connotaciones mayores cuando quién manifiesta públicamente su intención de voto en blanco es una persona que tiene lugar de preminencia en la dirigencia política, porque su naturaleza, la de ser dirigente político, es la de orientar con sus decisiones y sus actuaciones el comportamiento de los miembros de su colectividad que reconocen en ese dirigente/a alguien a quien seguir, sin que por ello renuncien a su libertad. Así entonces, me permitiré debatir la sustentación que tanto Humberto de la Calle, como Sergio Fajardo hacen de su publicitada decisión de votar en blanco.

En este caso se trata de ver si el voto en blanco ayuda a conseguir los más importantes propósitos que estaban contenidos en su propuesta a los electores.

En el caso de Fajardo, la lucha contra la corrupción y contra las organizaciones políticas que prohíjan y se benefician de la corrupción era propósito central. Pues esa lucha no terminó el pasado 27, toda vez que la coalición que representa el más evidente contubernio corrupto está junta, desvergonzadamente visible alrededor o mejor dicho en el centro de la candidatura de Duque.

También era propósito de la candidatura Fajardo, la reivindicación de una nueva forma de hacer la política, lejos del clientelismo y las maquinarias y esa lucha no ha terminado porque en esa misma coalición, la de Duque, están prácticamente todas las representaciones de la vieja política, las de la maquinaria y el clientelismo, las de la apropiación del Estado para hacer negocios y favorecer a sus amigos.

Finalmente, un elemento ético central de la propuesta de Fajardo su respeto por la diversidad y la defensa de los derechos civiles, entre ellos los de la población LGTBI, las etnias, las mujeres, etc. Pues esos derechos están en peligro porque en esa coalición, la de Duque, se firmó un compromiso de gobernar con la biblia, y están en la médula de esa campaña, el intolerante de Ordóñez, y lo más conservador de la política colombiana.

En lo que hace a Humberto de la Calle, además de compartir parte de los propósitos de Fajardo, es un hombre decente, pulcro, a quien rendimos tributo por su tarea al frente de la negociación con las Farc, a quien le debemos con otras y otros colombianos que hayamos tenido las elecciones con la más alta participación, en paz y con múltiples opciones. Esa construcción, laboriosamente trabajada por De La Calle y apreciada por tantos colombianos y colombianas se encuentra en grave peligro, porque en esa coalición, la de Duque, se encuentran reunidos, afilando sus dagas contra el anhelo de paz, todos sus enemigos, los viejos y los nuevos enemigos de la paz, y mi apreciado Humberto, desde el pasado 27 se frotan las manos con deleite por lo que podrán hacer contra ese bien público superior, la paz.

Quienes como yo desde Viva la Ciudadanía, como Humberto de la Calle en ese tiempo en el Ministerio de Gobierno, participamos en esa hermosa tarea de la construcción de la Constitución de 1991 y a su vez Fajardo, un demócrata que valora y defiende esa Constitución, tenemos que sentirnos aterrados con la posibilidad de que se consolide en Colombia una coalición, la de Duque, que controlando la presidencia, el 77% del Senado y el 80% de la Cámara, no solo haga trizas la paz, vaya por lo más preciado de la sociedad y el Estado Social y democrático de derecho: la Constitución de los derechos, de la democracia y de la paz, la de 1991.

A la dirigencia política no le cabe, en mi humilde opinión, la posibilidad de decir, “en esta ocasión paso”. La responsabilidad política y ética es el lente con el que hay que mirar la coyuntura. La única opción responsable es votar por la dupla Petro – Ángela María.

Coda: Los paisas y los no paisas hemos admirado y defendido el carácter público de una empresa como EPM, hoy convertida en un emporio empresarial parece poner por delante sus intereses y los de su proyecto Hidroituango, antes que los intereses de los que están río abajo, lo que expresó con toda la razón el gobernador de Bolívar diciendo que, “se creen dueños del Río Cauca”.

Edición 590 – Semana del 1º al 7 de junio de 2018
   
 
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