El voto en blanco está vez no es una opción

 

Con el voto en blanco, no solo está en juego el dejar un precedente político de inconformismo ante una clase política que pareciera no importarle que este gane en segunda vuelta. Si no, el riesgo absoluto de que el Acuerdo Final de Paz sea modificado en gran medida, incluso de que éste pueda llegar a dejar de ser lo que es hoy.

 
Yair Alejandro Parada Díaz
 
Asesor de la estrategia de Lobbying y Presión Política
 
 

El resultado de las urnas en la primera vuelta de las elecciones presidenciales dejó como opciones a los candidatos Iván Duque del Centro Democrático y Gustavo Petro de la Colombia Humana. Dos aspirantes con posiciones antagonistas que, en sí mismos, representan dos visiones de país, la primera representada por el candidato uribista, de seguir una línea del poder político tradicional y la segunda encarnada en el candidato progresista, que busca generar un cambio en el país. Aunque, la salida de la contienda de Sergio Fajardo, Humberto de la Calle y Vargas Lleras ha dejado a millones de electores sueltos entre apoyar a uno u otro candidato, tal parece que varios de esos votos no tienen claro quién será su destinatario.

Además, muchas personas han apostado por dar su voto en la segunda vuelta por la opción del voto en blanco al no sentirse identificadas con ninguna de las dos apuestas programáticas. Aquí les contamos ¿Qué pasa si gana el voto en blanco? ¿a quién le resta está opción? Y ¿que está en juego?

¿Qué pasa si gana el voto en blanco?

Lo primero que hay que decir es que el voto es un derecho y un deber ciudadano. Y el Estado debe velar por que este derecho se garantice. Por tal motivo, se debe incluir a los candidatos y el voto en blanco en cualquier tipo de elección popular, excepto en las consultas partidistas e interpartidistas que se hagan de carácter público Por eso el voto en blanco aparecerá en el tarjetón de la segunda vuelta presidencial.

Ahora bien, la modificación hecha por el artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009, que modifico el artículo 258 de la Constitución Política consagró que en caso de que gane el voto en blanco “deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de los votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría”. Sin embargo, en caso de una segunda vuelta esta regla no aplica. Esto quiere decir que en caso de que ganara el voto en blanco no tendría ninguna consecuencia, ganaría el candidato que más votos obtenga. La opción de cambio de candidatos solo es válida en primera vuelta.

En otras palabras, no importa si el voto en blanco gana en segunda vuelta, dado que estas dos han sido las fórmulas que han escogido la mayoría de los colombianos, no puede limitarse la llegada de cualquiera de las dos ante el inconformismo de los votantes de quienes quedaron descartados en la primera vuelta al no alcanzar la cantidad de votos necesaria para pasar a la segunda.

¿A quién le resta el voto en blanco?

Claramente los votos en blanco le restarán a la candidatura de Gustavo Petro para su llegada a la Casa de Nariño, el candidato progresista alcanzo más de 4.8 millones de votos (la cifra más alta en la historia de un candidato alternativo de centro izquierda en Colombia) Sin embargo, estos votos no le alcanzan para superar a Iván Duque, quién obtuvo más de 7.5 millones de votos.

También es evidente que los votos sueltos de las candidaturas de Fajardo, De la Calle y Vargas Lleras serán cruciales para definir al nuevo presidente del país, así como, la de todos aquellos abstencionistas que se animen a participar en la segunda vuelta.

El problema radica en que el uribismo ya cuenta con los votos suficientes para pasar a Petro, si las cifras se mantienen estáticas, el uribismo lograra una victoria similar. El uribismo ha optado por la estrategia de revivir la Unidad Nacional de Santos en cuerpo ajeno, ahora quienes eran de gobierno se irán a Duque para asegurar puestos y cuotas burocráticas lo que le permite tener oxígeno.

Por su parte, Petro depende del voto de opinión y de las ciudadanías libres que en primera vuelta demostraron ser una mayoría aplastante y que podrían crecer en segunda vuelta. La dificultad que ha visto el progresismo para articular estos votos a su campaña ha sido la postura del “extremo centro” algo que no se veía venir, entendiendo que quienes tenían cercanía programática (Fajardo y De la Calle) podrían entablar un diálogo que permitiera articular las fuerzas y ganar en segunda vuelta. Pero ha sucedido lo contrario, esos votos que se esperarían reflejaran el cansancio de la ciudadanía por el clientelismo y política tradicional se han ido enfrascando en una postura purista y moralista, que se basa en que el voto en blanco es la salida, ante la imposibilidad de tomar partido por alguno de los dos candidatos.

En este contexto es claro, el voto en blanco le restará a Gustavo Petro y facilitará el ascenso del uribismo al poder por cuatro años más que contará con una unidad nacional reciclada en el Congreso.

¿Que está en juego?

Con el voto en blanco, no solo está en juego el dejar un precedente político de inconformismo ante una clase política que pareciera no importarle que este gane en segunda vuelta. Si no, el riesgo absoluto de que el Acuerdo Final de Paz sea modificado en gran medida, incluso de que éste pueda llegar a dejar de ser lo que es hoy. Duque ha afirmado incontables veces que piensa reformar el Acuerdo, lo que es peligroso entendiendo que el periodo tan álgido que vive el país en materia de seguridad y medidas que permitan la superación de las desigualdades se encuentran descritas en el Acuerdo. Además, ha planteado reformas constitucionales que vulneran el espíritu de la constitución de 1991, como la unificación de todas las cortes en una y la reducción del congreso a 100 parlamentarios, lo que evidentemente dejaría por fuera todas las fuerzas independientes y favorecería aún más a quienes tienen grandes caudales de votos y maquinarias en las regiones.

En este momento, se encuentra en juego una posibilidad única de generar un cambio en la política nacional. La llegada del uribismo propiciada por el voto en blanco en este contexto garantizaría que dentro de cuatro años las maquinarias hayan corregido los errores cometidos en estas elecciones, se fortalecieran y permitieran elegir nuevamente un sucesor del cual puedan garantizar su vida en la política tradicional. Sólo en está ocasión el voto en blanco representa un voto estéril, sin fuerza, que posibilitaría únicamente la unidad de las fuerzas tradicionales y las maquinarias en el poder nacional por un periodo de tiempo que probablemente se extienda más de cuatro años.

Edición 590 – Semana del 1º al 7 de junio de 2018
   
 
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