“¡Antioquia no es Uribe!”

 

La importancia de la votación de los alternativos en marzo y mayo aún se enfrentan a la fuerza electoral de Álvaro Uribe Vélez y el Centro Democrático (Por esa vía, de la candidatura de Iván Duque). Ante eso, los puntos en común para defender la paz, promover la educación y en luchar contra la corrupción, permiten que los alternativos sean casi el 40% del electorado antioqueño, lo que los hace una fuerza definitiva en la segunda vuelta presidencial.

 
Leyder Perdomo
 
Asesor Corporación Viva la Ciudadanía – Regional Antioquia
 
 

Tras el plebiscito del 2 de octubre del 2016, en Medellín se movilizaron miles de personas para reivindicar el proceso de paz entre el Gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Farc – EP, que entre otras consignas gritaron a una sola voz: “¡Antioquia no es Uribe!”. La movilización reflejaba la inconformidad de un sector de la sociedad antioqueña, que se movilizaba en contra del 61% de los votos que en el departamento votaron por el No a ese acuerdo. Pero, además, la movilización y la consigna encarnaban la postura de diversos procesos políticos de rebeldía y disidencia gestados en Antioquia, que se han enfrentado al sistema político tradicional y los postulados de la extrema derecha colombiana.

Por un lado, se trataba de sectores de la izquierda política que desde los años sesenta iniciaron procesos de resistencia y transformación social y política, encarnados –entre otros tantos– en los movimientos cívicos del Oriente antioqueño, los sindicatos agrarios del Urabá, los movimientos mineros y campesinos en el Nordeste y el Bajo Cauca, así como en los movimientos comunitarios, estudiantil y obrero de Medellín y el Valle de Aburrá, y de manera más contemporánea, movimientos de mujeres y de víctimas de la violencia y de macroproyectos de desarrollo. Todos esos sectores se han opuesto y han resistido por décadas, no solo a las reformas y políticas gubernamentales en su desmedro, sino también a los embates de la violencia de persecución y exterminio perpetrada por agentes estatales y el paramilitarismo.

De otro lado se encuentra una línea política con un origen más local, que en su génesis contó con sectores disidentes de la izquierda tradicional y de personas desmovilizadas de las guerrillas entre los años ochenta y noventa, quienes en combinación con nuevas expresiones adeptas a la democracia parlamentaria y el sistema liberal, así como impulsados poderosamente por la constitución política de 1991, se la han jugado por casi tres décadas en promover la participación política por las vías constitucionales y han adelantado campañas y candidaturas propias, respaldados por sectores de las ONG, de la economía solidaria y sectores universitarios, y también sufriendo los ataques de la violencia perpetrada por distintos actores del conflicto armado.

A esos dos sectores sociales y políticos, hay que sumar las iniciativas de miles de jóvenes, en la mayoría de los casos de sectores urbanos, que por impulso propio se han movilizado por la reivindicación de distintos derechos sectoriales y territoriales, así como en favor de la cultura, que permite arrebatarle sus pares a la guerra.

Con sus particularidades, y sin más articulación que toparse en la movilización, esos tres sectores han encontrado puntos comunes en la promoción y defensa del proceso de paz con las Farc y su implementación, en la educación como medio de superación de parte de las inequidades sociales, así como en la lucha por la transparencia y en contra de la corrupción en la política y la administración pública, postulados desde lo que se han constituido en los sectores alternativos a la política tradicional antioqueña y nacional.

Por ello, “los alternativos” encuentran animadversión en la candidatura de Iván Duque y del Partido Centro Democrático, por su representación como sombra de Álvaro Uribe Vélez y todos los escándalos de corrupción en torno al expresidente; por sus propuestas de “hacer trizas” o “reformar” el acuerdo entre el Gobierno y las Farc – EP; y porque las reformas propuestas por Duque en materia de educación, son leídas como “más de lo mismo”, sin cambios estructurales y de fondo, paños de agua tibia frente a las proposiciones de Petro, Fajardo y De La Calle.

En esa vía, las bases de los sectores alternativos de la política antioqueña también se han movilizado electoralmente en el 2018, constituyéndose en una fuerza importante para la disputa del poder político. En las elecciones parlamentarias del 11 de marzo, los votos por los distintos candidatos alternativos para el Senado de la República sumaron 251.048 votos, que los ubicó en el tercer lugar de las fuerzas políticas del departamento, muy cerca del Partido Conservador y por encima del Partido Liberal y el Partido de la U. Así mismo, en las elecciones presidenciales que acaban de pasar, los alternativos sumaron 1 millón 30 mil 23 votos, lo que corresponde al 39,34% de votos, en favor de Humberto de la Calle, Gustavo Petro y Sergio Fajardo, quien fue el mayor elector de entre los tres candidatos.

Sin entrar a profundizar en las diferencias en los lineamientos ideológicos y programáticos de los sectores alternativos, que efectiva y saludablemente existen, la lectura conjunta de los resultados que consiguieron sus candidatos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales da con varios aspectos importantes.

En primera medida, se encuentra que los alternativos tuvieron un mayor respaldo en los principales centros electorales del departamento, es decir, en la mayoría de los centros urbanos más grandes. Así, en el Valle de Aburrá, en 9 de los 10 municipios Sergio Fajardo obtuvo un porcentaje superior al 30% de los votos y el triunfo en el municipio de Girardota, con el 41,68% de los votos en su favor. A Gustavo Petro no le fue tan bien allí, no obstante, siempre ocupó el tercer lugar y obtuvo 125.794 votos. Una dinámica parecida se dio en los municipios más poblados del oriente cercano, como La Ceja, La Unión, Marinilla, Rionegro y Guarne.

El respaldo urbano para los candidatos alternativos se evidenció notablemente en el Urabá antioqueño. Allí, Gustavo Petro obtuvo la mayor votación en los municipios de Turbo y Apartadó, los más grandes de esa subregión antioqueña, donde ese candidato obtuvo 29.921 votos.

Desde el cambio constitucional de 1991, con el que en Colombia se implementó la primera y segunda vuelta para la elección presidencial, la jornada del 27 de mayo es la que mayor participación ciudadana ha tenido, con un 53,38% a nivel nacional y un 55,38% a nivel departamental, lo que ya avizora un cambio en la cultura política colombiana y en donde se contiene el segundo aspecto importante de los resultados de los alternativos en la primera vuelta presidencial.

Los nuevos votos de los jóvenes y ex abstencionistas se encausaron en favor de los alternativos. Ello se concluye al ver que en 17 de los 26 municipios en los que la participación fue igual o mayor al porcentaje nacional, la ventaja de Iván Duque fue menor sobre Sergio Fajardo, que en los 17 casos obtuvo porcentajes superiores al 25% de la votación y hasta del 41,62% de los votos en el municipio de Caldas. Además, Gustavo Petro fue segundo en el municipio de Yondó y ocupó el tercer lugar en 23 casos más1.

La importancia de la votación de los alternativos en marzo y mayo aún se enfrentan a la fuerza electoral de Álvaro Uribe Vélez y el Centro Democrático (Por esa vía, de la candidatura de Iván Duque). Ante eso, los puntos en común para defender la paz, promover la educación y en luchar contra la corrupción, permiten que los alternativos sean casi el 40% del electorado antioqueño, lo que los hace una fuerza definitiva en la segunda vuelta presidencial.

En suma, es claro que “Antioquia no es Uribe”, tal vez sea el momento de que las identidades distintas y adversas al expresidente sumen fuerzas y aporten en la obtención de un resultado histórico el próximo 17 de junio.

1 No obstante, las dos principales ciudades del Urabá en que Petro fue ganador, así como en el resto de esa subregión, la participación fue inferior al 46%, de manera diferente a la tendencia del resto del departamento.

Edición 590 – Semana del 1º al 7 de junio de 2018
   
 
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