Gustavo Petro: Opción de gobierno
para una paz democrática en Colombia

 

La campaña Petro presidente de la Colombia Humana puede crecer y tiene opción con sus aliados de ganar y de conseguir un gobierno democrático orientado a la construcción de la paz y la superación de todas las formas de violencia sobre presupuestos de democratización a todo nivel. Sería hecho histórico de alta repercusión nacional y en la región.

 
Álvaro Villarraga Sarmiento
 
Fundación Cultura Democrática
 
 

El proceso de paz, el desgaste y descrédito del gobierno saliente, la coyuntura política nacional, la emergencia de nuevas vertientes políticas y sociales alternativas de la izquierda democrática, así como la retoma de iniciativa del uribismo con un proyecto regresivo y de reversión de los avances de la paz, configuran una trama de situaciones que habrán de resolverse en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En tal sentido, corresponde a la movilización ciudadana resolver un dilema histórico entre las opciones de un gobierno alternativo de convergencia para una paz democrática soportada en un acuerdo para las reformas en el modelo de desarrollo, en materias sociales y en defensa del ambiente, o un gobierno de retorno del uribismo para negar los avances sustanciales del acuerdo de paz y retomar políticas de regresión social, beneficio a los grandes propietarios y detrimento del medio ambiente.

Se reconfigura el panorama político y de representación política

El país estuvo altamente polarizado bajo los mandatos de Uribe (2002 – 2010) entre su proyecto autoritario, de guerra, altamente comprometido con violaciones a los derechos humanos y regresivo en lo social y un amplio espectro político, social y ciudadano que se opuso o resistió de distintas maneras. Bajo los gobiernos de Santos (2010 – 2018), al optar este presidente por la búsqueda de la paz con las guerrillas se configuró una convergencia entre el gobierno, otras vertientes de centro derecha y la gran mayoría de las organizaciones de izquierda y movimientos sociales del ámbito popular, en defensa de la paz, propósito alcanzado en 2016 con las Farc y en curso hasta la actualidad con el ELN. La polarización fue intensa entre los partidarios de la paz y sus opositores, de forma que, si bien se impuso el logro de la paz y su implementación, la oposición a ella ha sido intensa y en parte ha conseguido menoscabar sus avances.

Sin embargo, en las actuales elecciones presidenciales ha cambiado significativamente el panorama político y las relaciones de fuerza, de manera que se superó la anterior polarización y se atraviesa un nuevo proceso político. La competencia electoral en 2018 inicialmente por el Congreso y la actual por la Presidencia rompieron la Unidad Nacional que mantenía el gobierno con fuerzas de centro derecha y las vertientes de centro izquierda e izquierda asumieron con autonomía sus propuestas. De hecho, más allá del tema de la solución política con las guerrillas y la paz, políticas regresivas del gobierno en materia económica, tributaria, social y ambiental así como el desborde de los hechos de corrupción, con denuncias que comprometen la elección de los últimos gobiernos (de Uribe y de Santos), llevaron a nuevas tensiones políticas y sociales así como a un creciente rechazo ciudadano a la forma de gobernar y de ejercer la política tradicional que se expresó en el respaldo con más de cuatro millones al referendo anticorrupción.

Asistimos, por tanto, a unas elecciones presidenciales en las cuales surgieron numerosas candidaturas que se decantaron en cinco finales, dando lugar a una disputa política abierta, intensa y que amplió el debate sobre diversos temas nacionales, siendo el tema de la paz solo uno de ellos y referido por muchas encuestas y sondeos de opinión como no el más importante, que se desplazó a las exigencias ciudadanas con relación a los derechos sociales no atendidos y al empuje conseguido por la lucha anticorrupción. Así distintas voces reconocían la irrupción de diversidad de propuestas y matices del espectro político: “Podría decirse que (…) votar por De la Calle es reivindicar nuestros derechos fundamentales; votar por Vargas es reivindicar el desarrollo a como dé lugar; votar por Fajardo es reivindicar la educación para la convivencia; votar por Petro es reivindicar a un pueblo explotado, desplazado, aplazado por la historia; y votar por Duque es reivindicar el uribismo –una innegable fuerza popular– que ahora en busca de las mayorías perdidas, ha tenido que completarse con la ultraderecha religiosa”1.

De fondo, se atraviesa una situación interesante por muchos referida que podemos resumir a través de tres elementos: Uno: Se vive la fase de transición referida al cierre de la guerra, el paso de las Farc de guerrilla a partido político legal, lo cual da lugar tanto por vía de la implementación del acuerdo como de los programas de gobierno en competencia, a una nueva agenda pública nacional, por supuesto con sus matices regionales y sectoriales. Dos: Se evidencia la crisis de representación y de compromiso con la corrupción y las formas agotadas de gobierno de los partidos políticos tradicionales Liberal, Conservador, y sus variantes o disidencias tácticas recientes la U y Cambio Radical. Y tres: se fortalecen las vertientes de centro izquierda tanto en las elecciones al Congreso como en los inesperados auges electorales de Colombia Humana y sus aliados y de la alianza Compromiso Colombia.

Al momento con las candidaturas presidenciales para segunda vuelta. Ellas expresan de una parte la alianza de extrema derecha y de derecha en cabeza de Iván Duque –hegemonizada por el uribismo–, conformada por el Centro Democrático y parte del Partido Conservador, a la cual se han adherido tras la fuerte derrota electoral el Partido Liberal, el resto del Partido Conservador, la U y Cambio Radical. Y, de otra parte, la vertiente de centro izquierda del candidato Gustavo Petro con Colombia Humana y sus aliados Unión Patriótica, Mais y Fuerza Ciudadana, a la cual se suman vertientes importantes de Compromiso Colombia como es el Polo Democrático Alternativo, parte importante del Partido Alianza Verde y de otro lado la ASI que antes acompañó al candidato Humberto de la Calle y vertientes del Partido Liberal.

Por tanto, bastante equivocado resulta desconocer estos procesos y argumentar que se sigue viviendo un mismo tipo de polarización política anterior, cuando se asiste a una nueva coyuntura realmente inédita. Así lo afirman con simpleza sectores políticos y de opinión, al hacer referencia a las dos candidaturas, como si se tratar tan solo de “los dos extremos del espectro político”2. Pero además, al momento vivimos una situación nueva, el desgaste, la debilidad y la derrota electoral de los sectores que acompañaron al gobierno Santos, los lleva a plegarse al uribismo, de manera que se da un reagrupamiento de las élites tradicionales, a la vez que queda como alternativa posible las vertientes que se emergen con despliegue político y electoral inusitado desde las referidas vertientes de centro izquierda con liderazgo del proyecto Colombia Humana y de Compromiso Colombia, que al momento se divide entre un sector de centro izquierda que acompaña la candidatura de Petro y otro de centro que con Sergio Fajardo a la cabeza y con Robledo y el MOIR desde la izquierda, llaman al voto en blanco. Adicionalmente, Iván Duque reconoce la adhesión en Antioquia de un sector del mismo Compromiso Ciudadano, el sector político de Sergio Fajardo.

Pero en todo caso el balance no puede ocultar en síntesis dos situaciones protuberantes: la reunificación de sectores de las élites tradicionales bajo el liderazgo del uribismo, lo cual pone el alto riesgo el proceso de paz y los avances hacia la democratización institucional, y la emergencia de nuevas alternativas políticas y liderazgos desde el ámbito popular y de las vertientes progresistas, que ahora tienen un verdadero éxito histórico, la opción de gobierno posible por parte de la Colombia Humana y sus aliados. Paralelamente, se expresa de forma clara la derrota en la opinión y los resultados electorales de las formas clientelistas y corruptas de hacer política, aunque subsistan, a favor del fortalecimiento de principios, criterios y prácticas asociadas al despunte de una nueva cultura política democrática. Al respecto, es de reconocer que más allá de territorios con marcada violencia y debilidad en el marco de las garantías política y electorales, tiende a predominar un debate político y programático con importante participación y movilización ciudadana.

“Esta ha sido una campaña memorable por la intensidad del debate, la diversidad de las propuestas y también por la pasión con la que los candidatos y las candidatas a presidente y vicepresidente han guerreado en foros públicos y encuentros ciudadanos en todos los barrios, las plazas, las universidades, los coliseos, los parques, los almorzaderos, las canchas de fútbol, los centros comunitarios y las tiendas de la esquina de todo el país. Presenciar esa vitalidad en la controversia política, cuando por fin el tema ya no es cuantos muertos dejó el último ataque guerrillero, es histórico”3.

El dilema: Colombia Humana y sus aliados o la regresión del uribismo

El resultado de la primera vuelta fue diciente: Los ganadores fueron Iván Duque del Centro Democrático que superó los siete millones de votos con el 39% de la votación a su favor y Gustavo Petro de Colombia Humana con cerca de cinco millones, el 25%, de manera que constituye la votación más alta que registra una candidatura de izquierda en Colombia y significa haber duplicado su potencial en pocos meses. También sorpresiva e importante fue la votación por Sergio Fajardo de Compromiso Colombia que consiguió superar los cuatro millones y medio con el 23%, constituyéndose en una tercería determinante. Por su parte, Germán Vargas solo logró algo más de millón cuatrocientos mil votos con el 7%, evidenciando el fracaso de redes clientelares tradicionales y el efecto positivo de denuncias sobre irregularidades que comprometían a sus adherentes. Y Humberto de la Calle que, a pesar de su valor histórico en el protagonismo del proceso de paz, bajo candidatura del Partido Liberal solo consiguió cerca de cuatrocientos mil votos, el 2%. Adicionalmente, por primera vez en las últimas décadas este tipo de elección consiguió la participación del 53% de los 36 millones del censo electoral, con más de 19 millones seiscientos mil votantes.

Así las cosas, se dirimirán en las urnas para le elección del gobierno las candidaturas del uribismo y adherentes con Iván Duque y las del progresismo con Petro y las vertientes aliadas de centro izquierda. En opinión de Petro se trata del dilema entre una emergencia ciudadana libre y progresista que asume los cambios democráticos y el horizonte de paz propuesto y la reacción de las élites para oponerse a ellos, a partir del régimen y las prácticas de corrupción y clientelismo que se han hecho estructurales bajo el actual régimen político: “El domingo se van a enfrentar dos grandes fuerzas: una la corrupción, y la otra, la ciudadanía libre. La que gane va a representar el futuro del país (…) La corrupción es una estructura de dineros fáciles que permiten un régimen político, un régimen de corrupción. Las maquinarias corruptas no solo hacen la ley en Colombia, no solo nombran presidentes, no solo ejercen la violencia desde el poder, sino que también someten a la justicia. Si queremos ir hacia adelante, tenemos que ir hacia la democracia plena, hacia los derechos y las libertades. Esto con relación a la corrupción, significa acabar con el régimen de corrupción, construir una democracia que se llama Estado Social de Derecho, una democracia en la que la ciudadanía tenga poderes reales”4.

El programa propuesto por Colombia Humana es el de un modelo de desarrollo económico orientado a la superación de la desigualdad, el valor social del trabajo, el acceso popular a la generación de crédito, el valor del conocimiento como valor social de producción. La defensa del agua, la biodiversidad y el medio ambiente; el tránsito de la economía dependiente de la extracción del petróleo y el carbón con alto costo ambiental y social a las energías alternativas. La dinamización del mercado mediante el pago real de impuestos por la gran propiedad territorial en gran medida improductiva, el acceso del campesinado a la tierra y el estímulo a la producción agropecuaria e industrial. La recuperación de derechos laborales envilecidos y expedición del Estatuto del Trabajo. Educación superior pública de calidad y gratuita; supresión de las EPS por un sistema integral preventivo y de atención en salud eficiente. La defensa de la Constitución Política de 1991, del Estado Social de Derecho, y la consecuencia con la aplicación del acuerdo de paz con las Farc, así como el logro de la paz por vía política con el ELN. “Si llegamos a ser gobierno iniciamos el proceso de un acuerdo sobre lo fundamental alrededor de las reformas democráticas que necesita la sociedad colombiana para vivir en paz. Al ELN no le quedarían sino dos opciones: ingresar, dejando las armas, a hacer parte de ese acuerdo o seguir en los campos de batalla”5.

En efecto, más allá de las alianzas programáticas y electorales y las más próximas con vertientes progresistas, el proyecto de gobierno de la Colombia Humana plantea con visión mediata hacia la gobernabilidad, un acuerdo nacional “sobre lo fundamental”, que consiga en lo posible con todo el espectro político y social concertar sobre las reformas institucionales y sociales propuestas. Al respecto, se hace referencia a la disposición a revisar, enriquecer o revisar en tal sentido la concreción presente del programa de gobierno, como a la definición de la agenda legislativa y la política de alianzas al respecto. “Creo que va a haber mayorías en el Congreso a favor de un acuerdo sobre lo fundamental y creo que esas mayorías no van a ser de corto plazo, sino que van a integrar, como sucedió en Chile, un gran acuerdo de concertación democrática que permita construir mayorías no solo en el Congreso sino en la sociedad colombiana por varios períodos presidenciales, con candidaturas de diferentes partidos integrantes de esa concertación”6.

Por su parte, la candidatura del uribismo además del amplio margen de alianzas señaladas se sustenta en redes clientelares electorales tradicionales, en franjas de opinión alinderadas tras concepciones conservadoras, de sujeción, de temores y prevenciones suscitadas en sectores de opinión ante la paz y los cambios democráticos propuestos y derivadas de bases económicas, sociales y culturales cimentadas sobre economías ilegales, violencia y arbitrariedad como formas de actuación a distintos niveles. “Duque, con sus valores de familia, se sale del centro de los valores básicos del liberalismo. No se puede ser liberal y pretender que el Estado les diga a sus ciudadanos que hacer con sus vidas, con sus cuerpos y con su cama. En este sentido, el país que Duque se imagina no es uno de los individuos autónomos y diversos, sino uno en el que el Estado guíe a sus ciudadanos sobre el bien y el mal en lo público y lo privado”7. “Uribe intentará ganar la cuarta elección presidencial y, si lo logra, gobernará a través de Iván Duque, su Twitter humano (…) Esta posibilidad no sólo no me gusta, sino que espeluzna. Uribe cuenta con esa parte del país a la que no le importa que tenga decenas de investigaciones y que sea sospechoso de tejemanejes que incluyen asesinato, masacre y violación. Pero todo en la nevera, claro, pues a pesar de presentarse como un perseguido político, más parece un consentido del fiscal”8.

El programa de Iván Duque en consecuencias es de defensa del gran capital con exoneración de impuestos, continuidad al modelo económico extractivista con graves efectos sociales y ambientales y en contra de las principales medidas del acuerdo de paz. De hecho, de ganar su gobierno reinstalará la guerra al hacerse inviable con su política mantener el diálogo y la solución política en curso con el ELN. Bien diciente es la caracterización hecha por el reconocido académico y columnista Francisco Gutiérrez sobre los efectos previsibles de su Primero, diversas formas de criminalidad que el Centro Democrático (CD) alberga desde hace rato reclamarán su lugar bajo el sol. Uribe se ha rodeado de hampones desde el inicio de su carrera, y durante sus dos gobiernos los defendió y legitimó (…) Lo sigue haciendo, lo viene haciendo pues coordinar las preferencias de actores legales e ilegales es uno de sus puntos fuertes. (…) Segundo, y precisamente por lo anterior, habrá una reorganización a la brava de la justicia para que el CD pueda garantizar impunidad a los suyos, incluyendo (…) “el presidente eterno” y su entorno inmediato. Tercero, volverán trizas el Acuerdo de Paz. Los uribistas necesitan hacerlo porque las instituciones en pro de la verdad, los mínimos de reparación de las víctimas, y las políticas de restitución y acceso a la tierra son intolerables (…) Cuarto: sacarán adelante su rebaja de impuestos para amigos bien colocados (lo de mejores salarios es paja), garantizarán que el predial siga siendo insignificante para sus amigos terratenientes. (…) Quinto: habrá una reforma constitucional para que Uribe pueda volver al poder (…) Ahora bien, el uribismo ya no obtiene mayorías automáticas. Lo que significa que este escenario se puede evitar”9.

Escenario posible en las elecciones presidenciales del 17 de junio próximo

El uribismo con Iván Duque, el Centro Democrático y las vertientes tradicionales adherentes, si bien cuenta con la positiva expectativa a su favor de los más de siete millones conseguidos en la primera vuelta y con su incremento por la votación que entreguen quienes se han sumado, cuentan a la vez con la debilidad de expresar precisamente un entramado de los partidos tradicionales y sus vertientes que están en profunda crisis, de forma que el progresivo rechazo de la ciudadanía al clientelismo y la corrupción, los debilita significativamente. Más aún, las denuncias de delitos electorales y manifestaciones de posibles hechos de fraude, limita y cuestiona sus formas de actuación, por lo cual resulta dudoso el cálculo del crecimiento electoral de esta candidatura. Se suma a ello, la concesión al uribismo, que ha suscitado fuertes protestas desde sectores liberales, distancias desde sectores democráticos y progresistas y las amplias reservas ciudadanas comprometidas con la paz que no podrán apoyar en consecuencia sus propuestas.

De otro lado, si bien Gustavo Petro y Ángela María Robledo parten con un acumulado menor, del orden de cinco millones, su tendencia es al crecimiento por el entusiasta y creciente respaldo ciudadano y social. Suma a esta propuesta la convergencia de buena parte del espectro democrático y del propio fenómeno de opinión y apoyo político conseguido por las vertientes de Compromiso Ciudadano que concurren en sus alianzas, que incluyen la revisión constructiva de su propuesta de programa de gobierno. El PDA llamó a no votar por Iván Duque y votar por Gustavo Petro para la presidencia y Ángela María Robledo para la vicepresidencia, con la salvedad de que una minoría votaría en blanco sin menoscabar la unidad de ese partido. “Llama a no votar por el candidato uribista Iván Duque que representa la propuesta del continuismo y del establecimiento responsable de la crisis política, económica y social del país. Se aprueba votar por el candidato a la Presidencia de la República doctor Gustavo Petro Urrego y su fórmula vicepresidencial la doctora María Ángela Robledo…”10.

Por su parte el Partido Alianza Verde llamó a no votar por Iván Duque y parte importante de su dirección, bancada parlamentaria y dirigentes se sumó a la campaña de Colombia Humana en los siguientes términos: “…ninguno de nuestros militantes, dirigentes y electos de nuestro partido está autorizado a votar y/o defender la candidatura de Iván Duque”. “No aceptamos la opción de votar por la candidatura de Iván Duque porque la consideramos indeseable para el presente y el futuro de Colombia. Su candidatura representa hoy a todas las maquinarias tradicionales, corruptas y clientelistas…”. “Apoyarlo significa regresar a un pasado de violencia y estigmatización que pone en riesgo la implementación del proceso de paz. Sus propuestas atentan contra los derechos de distintos sectores sociales, políticos, de las víctimas y de las minorías. También atenta contra la separación de poderes (…) perpetúa la desigualdad y la pobreza, la destrucción del medio ambiente, en función de (…) una economía rentista y de privilegios. Invitamos a Colombia a rechazar ese tipo de política y perjuicio en las urnas”. Afirma que de elegirse a Iván Duque el gobierno será realmente de Álvaro Uribe e informa que parte del Partido Alianza Verde considera el apoyo a Gustavo Petro, mientras otra considera el voto en blanco. Y quienes apoyan a Gustavo Petro y María Ángela Robledo plantean a su propuesta de gobierno seis condiciones: 1. No hacer una Constituyente y mantener estabilidad institucional. 2. Respetar la propiedad privada. 3. Aplicar el principio de responsabilidad fiscal. 4. Meritocracia en cargos públicos. 5. Comprometerse con los mandatos de la consulta anti-corrupción. 6. Política de desarrollo sostenible y frente al cambio climático consistente y seria. “A todos los colombianos les decimos no pierdan la alegría ni la esperanza, no pierdan la esperanza. La ciudadanía movilizada y lista para cuidar a Colombia”11.

Así las cosas, la campaña Petro presidente de la Colombia Humana puede crecer y tiene opción con sus aliados de ganar y de conseguir un gobierno democrático orientado a la construcción de la paz y la superación de todas las formas de violencia sobre presupuestos de democratización a todo nivel. Sería hecho histórico de alta repercusión nacional y en la región, a favor del progresismo y de las experiencias alternativas de construcción democrática, bajo una óptica clara de un acuerdo nacional en lo fundamental, que atienda a las demandas sociales, poblacionales y ambientales más sentidas.

1 “Convivir”, Ricardo Silva, en El Tiempo, 25 de mayo de 2018, página 1.18.

2 “El país es más que los extremos”, editorial, El Espectador, 28 de mayo de 2018, página 30.

3 “Un voto por la tolerancia y la diversidad”, Adriana La Rotta, en El Tiempo, 19 de mayo de 2018, página 1.21.

4 Gustavo Petro, intervención en el debate de candidatos presidenciales convocado por El Tiempo, Citiytv y la W radio, 24 de mayo de 2018.

5 “Si llegamos a ser gobierno, iniciaremos un acuerdo sobre lo fundamental”, entrevista con Gustavo Petro, El Tiempo, redacción política, 20 de mayo de 2018, página 5.3.

6 “Si llegamos a ser gobierno, iniciaremos un acuerdo sobre lo fundamental”, entrevista con Gustavo Petro, El Tiempo, redacción política, 20 de mayo de 2018, página 5.3.

7 “Candidatos ideológicos”, Catalina Uribe, en El Espectador, 17 de mayo de 2018, página 23.

8 “Voy con Fajardo”, Santiago Gamboa, en El Espectador, 26 de mayo de 2018, página 23.

9 “Lo que está en juego”, Francisco Gutiérrez Sanín, El Espectador, 26 de mayo de 2018, pág. 23.

10 Declaración del Comité Ejecutivo Nacional del Polo Democrático Alternativo, Bogotá, DC., mayo 30 de 2018.

11 Comunicado Partido Alianza Verde, Bogotá, DC., 31 de mayo de 2018.

Edición 590 – Semana del 1º al 7 de junio de 2018
   
 
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