Los Poncio Pilatos
del proceso electoral colombiano

 

El voto en blanco es en medio de la agitación política y el contexto de polarización, la actitud de los poncio Pilatos del proceso electoral colombiano. Lavarse las manos con el agua (sucia) porque se sabe hacia dónde irán esos votos en un país de predominancia católica, no secular, mentalidad conservadora (así no se comulgue ni se vaya a misa) y culturalmente con una fuerte inclinación de pavor al cambio o de miedo a la transformación de sus estructuras envejecidas.

 
Rafael Rubiano Muñoz
 
Profesor Titular Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Universidad de Antioquia
 
 

Polarización y voto en blanco

En el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1851), una de las obras de análisis de coyuntura política excepcional en la historia del pensamiento político moderno, da cuenta Marx de varios asuntos, que para el caso colombiano –en medio de la expectativa por la segunda vuelta para la elección presidencial– son fundamentales a la hora de analizar lo que ha sucedido el 27 de mayo y lo que vendrá.

De un lado, indica que, para analizar un suceso político es obligado reflexionar por el pasado, esto es, vincular el acontecimiento político con la historia, lo que en últimas quiere decir que para lograr comprender un hecho político inmediato es imprescindible conectarlo con los múltiples procesos políticos del pasado. ¿Cómo no entender el liderazgo de Duque si no es por la Seguridad Democrática y su adalid Álvaro Uribe Vélez? ¿Cómo no entender el liderazgo de Petro si no es por la Bogotá Humana? Seguridad Democrática y Bogotá Humana son dos modelos políticos que se han deslizado en esta campaña electoral.

Según Marx, en el Dieciocho, describe, de otra parte, con detalle y pormenorizadamente cómo en medio de la polarización política aparecen los conversos políticos, quienes cambian de ideología y principios políticos de acuerdo con las circunstancias y las oportunidades.

De acuerdo con Marx, en esa época convulsa y agitada, después de los levantamientos revolucionarios de 1848, la clase burguesa que había sacudido el país francés en la búsqueda de reformas contra la monarquía, empujando con el proletariado a la revolución social, a la democracia, cuando vio el peligro de sus intereses, de sus posiciones de clase, giró la tuerca política y se retractó volviéndola reaccionaria y contrarrevolucionaria.

De la revolución social, los miembros de las clases burguesas se tornaron enemigos del cambio y de la transformación social. Unida en sus intereses traicionaron la revolución social, abandonaron las banderas de la revolución y montaron en el poder a Luis Bonaparte (Sobrino). De un posible proceso de cambio se giró a la dictadura, de la revolución a la contrarrevolución, de la posible democracia al autoritarismo.

Con las debidas distancias, pero en un marco de reflexión contextual, el actual proceso electoral de Colombia no se puede leer con exclusividad en los datos fríos y pergeñados de los resultados, de las cifras y de los registros numéricos, como algunos pretenden al hacer análisis de coyuntura política, porque dichas reflexiones y argumentos son limitados y quebradizos, como por ejemplo decir que en Colombia ya hay una madurez política o que no hay polarización. Sin duda, hay dos países, dos formas de ver el mundo y dos tipos de mentalidad, y una manera de hacer política todavía clientelar, pactista y de negociaciones.

Acaso no es esta la herencia del bipartidismo y del Frente Nacional, (¿Qué tanto se ha madurado?). Para decirlo con José Luis Romero, el historiador social y político Latinoamericano, los escenarios cambian, pero las mentalidades se presentan intactas con pocas variaciones a lo largo del tiempo. Duque y Petro dadas las condiciones de cultura política del país, representan sin duda dos formas y representaciones políticas, lo que ellos simbolizan son dos visiones que en el contexto de Colombia, si zanjan dos tendencias políticas que divergen y son contrarias; una de derecha y otra de izquierda.

Ahora los temas o los problemas políticos, económicos, culturales y sociales afrontados por los dos candidatos triunfantes dan muestra que el país se constriñe aún al extremismo en el que, los asuntos más sensibles, sobre la secularización, sobre los derechos, sobre las libertades y las justicias, entre muchas otras, dan cuenta de un país anclado en la modorra apacible de la Regeneración y otro que intenta avanzar o democratizarse con dificultades, torpezas y tropiezos.

Leer hoy el Dieciocho Brumario ayudaría más que cualquier tipo de medio de comunicación colombiano a entender este grado de polarización mental y cultural. Polarización quiere decir que unos ven en Duque el país tradicional, que ha dominado desde 2002 liderado por Uribe Vélez y que se pretende prolongar y Petro, el antipaís de la Seguridad Democrática, el otro país, que busca sacudirse de la hegemonía de esa concepción política, que se ha enquistado, sigue siendo no secular, retrógrada, reaccionaria, unanimista y unidimensional.

Si son dos líneas fronterizas, una que apuesta por la uniformidad (en nombre de Dios) y otra que apuesta a la pluralidad (en nombre de la ciudadanía). ¿No es acaso eso extremismo y polarización? Se une ahora como lo decía Marx, la actitud de los conversos políticos, los que cambian de opinión e ideología en aras de oponerse al cambio y a la reforma social o política, los que según su confort e intereses giran a la derecha, esos son los que significan el voto en blanco, se lavan las manos, tiran la piedra y tras su actitud de neutralidad, en un momento histórico que exige convicciones y principios, se retractan o retraen.

El voto en blanco es en medio de la agitación política y el contexto de polarización, la actitud de los poncio Pilatos del proceso electoral colombiano. Lavarse las manos con el agua (sucia) porque se sabe hacia dónde irán esos votos en un país de predominancia católica, no secular, mentalidad conservadora (así no se comulgue ni se vaya a misa) y culturalmente con una fuerte inclinación de pavor al cambio o de miedo a la transformación de sus estructuras envejecidas.

Recuerda el sociólogo alemán Max Horkheimer, en sus relatos de viaje titulado Ocaso, que son reflexiones que antecedieron al ascenso del régimen Nazi, cómo en ciertos momentos políticos, una alta dosis de coherencia, en medio del abismo, es la actitud más incoherente, por ello, por más que suene el voto en blanco coherencia, es la actitud más incoherente en estos momentos. Horkheimer, tenía razón, cuantos creyeron en la coherencia y en ella subieron a Hitler en el poder.

Edición 591 – Semana del 8 al 14 de junio de 2018
   
 
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