El triunfo de Petro

 

Un triunfo indudable ya, en este momento, de la candidatura de Petro es generar la confianza en millones de colombianos y colombianas de que esos cambios prometidos pueden ser logrados en su presidencia y con ello propinando la primera derrota a quienes desde diferentes orillas han puesto sus mayores esfuerzos en desacreditarlo.

 
Antonio Madariaga Reales
 
Asesor Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Mas allá de su suficiencia política, teórica y metodológica, demostrada en las entrevistas-emboscadas a las que ha sido sometido, más allá de la extraordinaria fórmula vicepresidencial que representa Angela María Robledo, más allá de la cascada de adhesiones y respaldos de prestantes figuras internacionales de la academia, de la lucha social, de la política, el arte y la cultura, causa especial interés y en algunos casos asombro, resulta impresionante la empatía lograda por Gustavo Petro con múltiples y diferentes sectores ciudadanos, con personas de todos las condiciones, edades, procedencias étnicas, de género, de las siempre esquivas clases medias, que de una forma u otra sienten que esa candidatura ya pasó, de representar la siempre válida indignación a representar la esperanza.

Eso ya produjo un fenómeno que ni siquiera en mi memoria de las 12.000 mesas de trabajo que entregaron cientos de propuestas a la Asamblea Nacional Constituyente se logró. La ciudadanía aprendió a querer la Constitución de 1991 de a poco y con ciertos recelos. Hoy aparecen cada día en las redes virtuales, en las movilizaciones callejeras, en las formas de volantear, iniciativas múltiples, la mayoría espontáneas, de expresar la nueva convicción ciudadana de que nos encontramos ante una oportunidad histórica de asomarnos a un ciclo de transformaciones destinadas a hacer de Colombia el país que soñamos. Para quienes creemos en la democracia en su forma más radical posible, este ejercicio de ciudadanía es una brisa fresca que como el viento vagabundo al que le cantó Estercita Forero en la inigualable Mi vieja Barranquilla, renuevan nuestra fe en la sociedad colombiana.

Asistimos a una explosión de canciones, que al poner en el navegador Canciones Colombia Humana nos muestra algunas, en Facebook hay otras; hay champeta, rap, música andina, himnos, música del pacífico, vallenatos, pero también hay décimas y poemas. Abundan los testimonios, las declaraciones con nombre y apellido que dicen “yo quiero que Gustavo Petro sea mi presidente”, hasta las que piden que les “expropien ese corazón improductivo”. Todas ellas contienen mensajes de alegría y esperanza.

Destacan en ese panorama la inventiva y creatividad de la mayoría de los memes que circulan, también hay unos pocos ramplones, francamente obscenos y desde mi perspectiva innecesariamente agresivos, pero son un pequeño número. La enorme cantidad de memes graciosos, ingeniosos dan cuenta de un lugar de la lucha social, hasta ahora novedoso en el país.

Y resulta curioso y tendrá que ser objeto de análisis posterior el que esa creatividad y variedad de las formas de expresión social y política, se hayan combinado, como decíamos en un artículo anterior, con la recuperación de una agenda compleja y de la plaza pública como lugar para tramitarla.

Todo ello para decir que un triunfo indudable ya, en este momento, de la candidatura de Petro es generar la confianza en millones de colombianos y colombianas de que esos cambios prometidos pueden ser logrados en su presidencia y con ello propinando la primera derrota a quienes desde diferentes orillas han puesto sus mayores esfuerzos en desacreditarlo.

Desde mi perspectiva, las características de este movimiento y despertar ciudadano, tal como las he descrito, harán imposible que se cumplan las voces agoreras que siguen insistiendo en que elegir a Petro es un mal menor. En este momento ya se ha superado ese nivel de razonamiento y lo que se percibe en el ambiente es un anhelo de cambio, alegremente identificado en la candidatura de la Colombia Humana.

Pero además se percibe en mucha gente la sensación, corroborada por algunas filtraciones de mediciones de opinión efectuadas esta semana, que Gustavo Petro ya ha descontado la ventaja que le llevaba Uribe-Duque y que un esfuerzo adicional permitirá el triunfo del candidato de la Colombia Humana.

Sin duda alguna, parte de ese entusiasmo se recoge por las públicas adhesiones de Ingrid Betancur, de Antanas Mockus, de Claudia López y de muchas otras figuras, pero también de la capacidad de irradiar genuina convicción de parte de las variadas iniciativas locales que se han convertido en una especie de campaña dentro de la campaña, que destaca la diversidad, la alegría y el ejercicio de la libertad, que desafía las tradiciones y los tradicionales de la política colombiana todos agrupados por Uribe.

La ilusión, la fuerza de esa movilización traducidas en votos efectivos el próximo domingo 17 de junio, marcarán el inicio de una era de paz y de democracia, que como lo hemos dicho tantas veces haga posible y cierta la promesa del Estado Social y Democrático de Derecho que la Constitución de 1991 representa. Por todo eso, reafirmo mi voto este próximo domingo en segunda vuelta: Mi voto por Petro y Angela María.

Coda: La negativa de la campaña Uribe-Duque al debate televisivo es un insulto a la inteligencia del pueblo colombiano.

Edición 592 – Semana del 15 al 21 de junio de 2018
   
 
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