Voto por la esperanza

 

Voto por la esperanza que han depositado las/os jóvenes en la Colombia Humana. Esperanza afincada en su deseo de vivir en un país libre de la guerra y con oportunidades para su desarrollo humano. Jóvenes que, con su rebeldía, sus cantos, sus múltiples colores, lenguajes, tomas de la calle y de las redes sociales, nos están enseñando que no todo está perdido; que, del dolor, la impotencia y la exclusión nacen cosas nuevas que germinarán para hacer de este país un lugar en el cual todas las vidas sean vivibles.

 
Olga Amparo Sánchez Gómez1
 
Feminista activista e investigadora
 
 

El panorama electoral luego de la primera vuelta cambió, se han fisurado las estructuras y las maquinarias electorales; los partidos tradicionales han salido debilitados, no solo porque no lograron, como en antaño, que sus bases votaran tal como lo ordenaban los líderes nacionales, los caciques y los gamonales en los territorios, sino porque perdieron su horizonte político, sus plataformas no representan el sentir de sus bases, ni dan cuenta de los graves problemas de exclusión e injusticias que viven grandes sectores de la población colombiana y de la pobreza del sector rural, de pueblos indígenas, comunidades afro descendientes, y de la miseria en la que viven contingentes de seres humanos en el sector urbano.

En la primera vuelta se presentaron a los/as electores/as opciones políticas que buscaban su apoyo; uno de los aspectos más significativos fue la utilización del miedo y el discurso de la polarización de la sociedad colombiana. En el fondo de ambos discursos hay un cierto dejo de subvaloración de la capacidad del electorado para un voto libre. No creo que Duque, al otro día de ser presidente, vaya a iniciar una persecución a todo líder social o derechos humanos que exija sus derechos o que pueda reformar la justicia de acuerdo con su propuesta de campaña; tampoco creo que Petro vaya a expropiar y a perseguir a todos los ricos del país o acabar con la propiedad privada o con la libre empresa. Y no creo que lo puedan hacer porque existe una institucionalidad que, con todas sus fragilidades, opera en un sistema democrático de balance de poderes y una ciudadanía cada vez más empoderada y con mayor conciencia de sus derechos.

Para avanzar en la disputa por la presidencia, Duque ha logrado una fuerte alianza de derechas que incluye las maquinarias del Partido de la U, del Partido Conservador, del Liberal y de Cambio Radical. También ha obtenido importantes apoyos del sector empresarial como el del Consejo Gremial Nacional. Por supuesto, es motivo de incertidumbre la independencia que pueda tener Duque del Centro Democrático en cabeza de su líder político el expresidente Uribe, o de los ñoños, las iglesias, Viviane Morales o el ex procurador Ordoñez; pero no solo generan incertidumbre sus alianzas, sino también su postura clara y contundente acerca de la necesidad de modificar el Acuerdo Final, en una de sus columnas vertebrales la JEP y su agenda en defensa de la visión tradicional de familia acordada con los grupos cristianos que significaría, en el mejor de los casos, pocos avances o retrocesos sustanciales en derechos civiles, sexuales y reproductivos afectando de manera especial a las mujeres y a la diversidad sexual.

Desde la orilla de Gustavo Petro, él ha obtenido respaldo de los progresistas, Unión Patriótica, Maís, Fuerza Ciudadana, sectores del Polo Democrático, Alianza Verde, líderes del Partido Liberal y algunos del Partido Conservador. Asimismo, cuenta con el apoyo de intelectuales, docentes, líderes sociales, organizaciones sociales, organizaciones de mujeres, de jóvenes, de diversidad sexual, de víctimas, de indígenas, de afrodescendientes. Y es lógico que Petro genere incertidumbre y hasta “miedo” en quienes, durante décadas, han gozado de privilegios y en quienes, sin tenerlos, aun viviendo en la pobreza y en la exclusión, defienden el estatus quo. La igualdad genera miedo porque implica reconocer las desigualdades, y política y programáticamente hacerles frente para eliminarlas, ello necesariamente toca con el estatus quo.

Por otro lado, el discurso de la polarización de la sociedad tiene cierto tufillo de idealización de la democracia. El pluralismo y la democracia no se alcanzan sin el debate entre la derecha y la izquierda y el debate entre posturas y visiones que se contraponen. Debates que constituyen la esencia del sistema democrático. La disputa en esta contienda electoral es sobre visiones contrapuestas de la sociedad colombiana, temas como el de otorgar valor, como lo plantea Butler, “a las vidas que nunca fueron vivibles”; la igualdad, la libertad, la autoridad, sobre lo que somos como nación y lo que podemos ser. Por ello, la Colombia Humana genera también una ola de esperanza y de confianza, en millares de jóvenes, en varones y mujeres, en que se tiene la capacidad de construir una sociedad en la cual seamos iguales y felices, en comunidades capaces de convivir respetuosamente con la naturaleza, en instituciones al servicio de las necesidades de sus asociados/as.

Voto por Petro porque creo que Ángela María Robledo, su fórmula vicepresidencial, es una mujer decente, transparente, impoluta, comprometida con la justicia, la paz, la democracia, con la agenda de las mujeres y de quienes han sido excluidos/as. Ella es portadora de la política feminista del crédito deuda entre las mujeres. Crédito porque recoge las históricas vindicaciones del feminismo por la autonomía, la libertad, por el reconocimiento de derechos, por una vida libre de violencias. Deuda por su compromiso indeclinable en la búsqueda de una sociedad a la medida de todas las mujeres. Ángela María no solo es heredera del feminismo como opción política y teórica, lo es también de la práctica feminista de hacer centro; es decir, práctica constante y persistente para superar la dificultad femenina y alcanzar el puesto de sujetos, para hacer de nuestras vidas lo que queremos y deseamos.

Mi voto por Gustavo Petro no está motivado en el miedo a Iván Duque o por el temor a la polarización. Tengo la confianza y creo que los casi cinco millones de votos que Petro obtuvo en la primera vuelta, son resultado de una opción libre y responsable por un proyecto de sociedad que se desea contribuir a construir. Voto por Petro, porque considero que nos debemos una oportunidad para iniciar el camino hacia la construcción de una sociedad justa, pluralista, respetuosa de la otredad y de la naturaleza. Voto por la esperanza que han depositado las/os jóvenes en la Colombia Humana. Esperanza afincada en su deseo de vivir en un país libre de la guerra y con oportunidades para su desarrollo humano. Jóvenes que, con su rebeldía, sus cantos, sus múltiples colores, lenguajes, tomas de la calle y de las redes sociales, nos están enseñando que no todo está perdido; que, del dolor, la impotencia y la exclusión nacen cosas nuevas que germinarán para hacer de este país un lugar en el cual todas las vidas sean vivibles. Voto por Petro porque considero que mi generación debe dejar a las nuevas generaciones, presente y futuras, como legado un país que pasa de la página de la guerra a escribir el libro de la paz.

Mi voto por la Colombia Humana, por Gustavo Petro es un voto por la esperanza.

1 Lo planteado en el artículo no compromete a la Casa de la Mujer, organización feminista a la cual estoy vinculada, lo expresado es una opinión personal no institucional.

Edición 592 – Semana del 15 al 21 de junio de 2018
   
 
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