Lo que se juega en la
elección presidencial colombiana 2018

 

En política las oportunidades de cambio estratégico son pocas y fugaces y si se pierden puede producirse una involución en las conquistas de la democracia colombiana. Por ello hay que saber utilizar la oportunidad estratégica de cambio en el poder que abrieron las elecciones de 2018 para avanzar en la formación de un nuevo gobierno que trabaje por la causa de la paz, la reconciliación, la transparencia y la inclusión de la mitad de los colombianos en el sistema político y económico.

 
Alonso Cardona Arango
 
Conciudadania
 
 

Dos fuerzas nuevas, la Coalición Colombia y Colombia Humana, que no existían al iniciar el año 2017, obtuvieron juntas más votos en las elecciones de mayo de 2018 que todas las fuerzas tradicionales juntas organizadas en los partidos Centro Democrático, Cambio Radical, de la U y Liberal. Desde el punto de vista estrictamente electoral esas dos nuevas fuerzas se volvieron mayoritarias y pueden acceder al gobierno. La opinión pública por primera vez en la historia republicana de Colombia aceptó por mayoría la promesa y el reto que le plantearon Colombia Humana y la Coalición Colombia: no volver al gobierno de los mismos con las mismas, erradicar la corrupción y liberar recursos públicos para dar un viraje en el desarrollo hacia otro basado en la educación, la ciencia, la innovación y la cultura, respetar e implementar el acuerdo de paz y trabajar por la reconciliación para construir paz, elevar los temas ambientales a prioridad en la agenda pública y acelerar el cambio en la matriz energética para adaptar al país al cambio climático.

El cambio es tan pronunciado que la opinión publica pasó desde un NO mayoritario a la paz en el plebiscito de octubre de 2016 a un SI mayoritario a la paz en mayo 2018 probablemente porque vivió cuatro años de aguda polarización política, comenzó a experimentar las bondades del acuerdo de paz con la entrega de las armas y la reducción de las muertes y se aterró ante la magnitud y extensión de la corrupción. La ciencia política ha encontrado que los cambios en la opinión pública son de largo plazo, así que no son solo el producto de una coyuntura política, sino que son la acumulación de transformaciones que en un cierto momento dan un salto cualitativo ante la posibilidad de triunfo y la seguridad de no sufrir represalias por moverse hacia otras corrientes de opinión.

Con esa expresión de la opinión pública se produjo un cambio estructural en la opinión pública generándose una nueva correlación de fuerzas políticas y una oportunidad de cambio en el equilibrio estratégico entre fuerzas de conservación y del cambio creando una oportunidad estratégica de iniciar la formación de un nuevo orden político y económico basado en una nueva cultura: de paz y reconciliación, del carácter sagrado de la vida y de los recursos públicos, de nada justifica el empleo de la violencia para resolver diferencias políticas, de todo los colombianos y colombianas somos iguales ante la ley, tenemos los mismos derechos y tenemos derecho a tener iguales oportunidades que permitan la inclusión económicas.

La opinión pública apoyó dos fuerzas: la Coalición Colombia formada por clase media urbana, intelectualidad y juventud progresistas, un sector democrático del empresariado, integrantes de ONG; la Colombia Humana, por intelectualidad y juventud de izquierda, sectores populares urbanos, población afrodescendiente, indígenas y campesinos que aceptaron la promesa de ser incluidos en el sistema político y de allí la reducción de la abstención que es, ante todo, un indicador de la exclusión política.

Las fuerzas políticas, como lo han entendido Colombia Humana, el Partido Verde y el Polo Democrático y debería entender Compromiso Ciudadano están en la obligación ineludible de aprovechar la oportunidad estratégica, aferrarse a ella para no dejarla pasar porque no se puede defraudar a los millones de ciudadanos y ciudadanas que vieron una oportunidad de inclusión política, a las víctimas del conflicto armado, a los excombatientes y a campesinos que creyeron en la promesa de cumplimiento de los acuerdos de paz, a la gente que confió en que por fin se le pondría freno a la corrupción, a quienes quieren superar la polarización política y buscar la reconciliación nacional, a todas y todos los que confiaron que por fin las diversidades serían reconocidas y respetadas, a la intelectualidad que decidió confiar en el centro y la izquierda como camino a dar un timonazo en el desarrollo del país y a los liberales de base que abandonaron su partido.

Para aprovechar la oportunidad estratégica que se ha abierto se requiere que la mayoría de la opinión pública expresada en la primera vuelta de la competencia presidencial encuentre en el programa Colombia Humana una promesa política capaz de atraer a la mitad mas uno de los votantes en la segunda vuelta de junio próximo. Para el efecto es requisito indispensable un programa que recoja los principales puntos de la agenda de gobierno de las dos campañas, que Gustavo Petro le garantice a la ciudadanía un equipo de gobierno suficientemente amplio y competente que disipe la preocupación por la debilidad del equipo que acompaña su campaña; y también implica acordar aspectos sobre el estilo de gobierno (tales como la intervención indebida en la autonomía de Bogotá) y las relaciones proactivas y constructivas con el congreso de la república, que conviertan al gobierno de la Colombia Humana en un gobierno confiable.

En Colombia es poca la experiencia en la formación de coaliciones política, pero en sistemas multipartidistas o sistemas de gobierno parlamentarios como los de Europa, las coaliciones son una modalidad habitual de formación de gobierno: las hay de derecha, de derecha-centro, de centroizquierda y de todo tipo de combinaciones y matices. Para formarlas no basta que los candidatos depongan su candidatura y dejen de actuar en la coyuntura, sino que se requiere una negociación continuada hasta construir una propuesta de gobierno aceptable por la mayoría de los electores. Ninguna fuerza política pierde su identidad en las coaliciones, al contrario, le aporta su identidad a la coalición y la fortalece en el ejercicio del gobierno.

La alianza para la formación de gobierno de centro izquierda en torno a la Colombia Humana liderada por Gustavo Petro es un primer paso hacia la reconciliación nacional porque el centro tiene capacidad para buscar consensos y evitar la polarización. Entre tanto un gobierno de Iván Duque puede significar profundizar la polarización del país porque aspira a imponer unilateralmente otra forma de implementación del Acuerdo Final de Paz cambiando la Justicia Especial de Paz, volviendo a la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito y la aspersión con glifosato prohibido por la Corte Constitucional, negando la implementación de la Reforma Rural Integral y restringiendo la participación ciudadana para dinamizar la marcha de la locomotora minero energética. Es de más alto riesgo aún la probable instauración de una nueva hegemonía política a partir del dominio del gobierno, el congreso y el sistema judicial reformado.

En política las oportunidades de cambio estratégico son pocas y fugaces y si se pierden puede producirse una involución en las conquistas de la democracia colombiana. Por ello hay que saber utilizar la oportunidad estratégica de cambio en el poder que abrieron las elecciones de 2018 para avanzar en la formación de un nuevo gobierno que trabaje por la causa de la paz, la reconciliación, la transparencia y la inclusión de la mitad de los colombianos en el sistema político y económico.

Edición 592 – Semana del 15 al 21 de junio de 2018
   
 
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