El voto para la Colombia Humana

 

La Colombia Humana de Petro es una muchachada de jóvenes emprendedores, de negros, indios, de la comunidad Lgtbi, de campesinos, obreros, estudiantes, intelectuales, profesionales, artistas, deportistas, amas de casa, desempleados, empresarios, religiosos, de mujeres y hombres amantes de la paz; y aún, de exguerrilleros que entendieron que sus actos de guerra eran contrarios al espíritu democrático de la paz con justicia social.

 
Héctor Alonso Moreno Parra
 
Profesor Asociado, Universidad del Valle;
Doctor en Ciencia Política Universidad de Granada (España)
 
 

En la segunda vuelta presidencial el candidato Iván Duque trata de ocultar su origen político como parte de la estrategia de la extrema derecha de retornar al poder nuevamente a través de la supérstite figura de Álvaro Uribe, quien asumió el poder por primera vez en el año 2002, manteniéndose como el perpetuo gobernante colombiano en lo que va corrido del siglo XXI auspiciando la guerra y conspirando de manera criminal contra sus opositores.

El nuevo siglo solo pudo respirar un alivio a su destino bélico con la ligera excepción de interrupción de esta política durante el segundo periodo presidencial de gobierno de Juan Manuel Santos (2014 – 2018) quien le cambio el rumbo al país de la guerra a la paz. Han sido 12 años de la vida política nacional de lo que va corrido del presente siglo que han tenido directa relación con el exmandatario en su política de tierra arrasada, crímenes de lesa humanidad, desapariciones forzosas y guerra frontal contra el campesinado pobre cultivador de hoja de coca. Tan solo bastaron 4 años de gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, quien se apartó de su política dictatorial y militarista, para lograr consolidar un acuerdo de paz con las Farc y sentar las bases para un dialogo con los miembros del ELN, que permitirá a los colombianos un destino de paz y convivencia civilizada diferente a la política de terror implementada por el dominio hegemónico de la extrema derecha uribista.

De tal manera, que lo que está en juego en este debate electoral, no es otra cosa, que la posibilidad de avanzar en la consolidación de la paz con justicia social, o por el contrario, permitir que la extrema derecha enemiga de la paz, prolongue su mandato de terror y corrupción por otros 4 años durante el presente siglo, utilizando los recursos de la mentira y el terror, y aliándose férreamente con todo el establecimiento corrupto y criminal, a fin de pretender echar al traste parte de los acuerdos ya pactados con las Farc y dejar sin piso la negociación política.

De manera particular, pretenden modificar lo que tiene que ver con sus activos más fundamentales, como lo son la participación política y el juicio especial a todos los que cometieron actos de crímenes de lesa humanidad; ambos activos, apuntan esencialmente a satisfacer el derecho humano fundamental de las víctimas a la verdad histórica de lo sucedido, y a precisar las circunstancias en las cuales murieron sus familiares y amigos; además, de lograr consolidar las garantías de reparación y de no repetición.

El Uribismo, en el propósito de retornar al poder y cumplir la misión de hacer trizas el proceso de paz a través del subrepticio candidato presidencial Iván Duque, no ha escatimado esfuerzos a fin de lograr que todo el sistema político y los partidos tradicionales se unieran ante su sombra para mantener y salvaguardar el establecimiento político tradicional, y de paso, lograr la defensa política del cuestionado jefe; el expresidente Álvaro Uribe. No se entiende cómo se puede hablar de paz y cambio social si se tiene el respaldo a la candidatura de Duque de personas investigadas por crímenes de lesa humanidad y corrupción, como lo son, en efecto, algunos miembros del Centro Democrático, y la inmensa mayoría de los holgazanes políticos tradicionales que lo respaldan que nos tienen convertidos, con sus mañosas prácticas políticas, en el tercer país con mayor índice de inequidad social según un informe de la ONU.

A la extrema derecha y al Uribismo encarnados en Iván Duque lo votaron en primera vuelta millones de colombianos, muchos de ellos ligados a horrendos actos de corrupción y clientelismo, y miles de ellos fueron votos depositados por parte de civiles culpables de crímenes de lesa humanidad, quienes también deberán comparecer, en igualdad de condiciones, ante los tribunales de la Justicia Especial para la Paz, en compañía de guerrilleros y militares que cometieron actos de crueldad en esta dolorosa guerra, que la coalición de derecha y de corrupción que respalda a Duque se niega a dar por terminada.

A esta misma coalición de derecha, a la que la guerra le es funcional, la votaran igualmente en segunda vuelta, los jefes políticos de todos los partidos sin distingos ideológicos ni políticos que durante más de doscientos años engañaron a los pobres y se apropiaron de lo público en función de sus intereses particulares. Ellos, quienes se vistieron durante años de etiquetas ideológicas, doctrinarias y partidistas diferentes para ocultar el engaño, se vieron forzados con ocasión de la segunda vuelta presidencial, ante la ola de indignación popular y el respaldo electoral a la Colombia Humana, a juntarse alrededor de Duque para poder salvar sus mediocres y mezquinos intereses de seguir expoliando y festinando por un tiempo más los nobles propósitos del Estado Social de Derecho.

Allí, al lado del gris candidato presidencial Iván Duque votara unido el viejo país político. La única virtud que tiene el candidato de la derecha y la extrema derecha es la de juntar a los políticos tradicionales alrededor de las mayores virtudes que a ellos también les son inherentes: el engaño, la mentira, el crimen, la corrupción y el saqueo del erario público. Se juntaron para votar por Duque y para poder continuar delinquiendo juntos al lado de Duque.

Pero es preciso decir que, del otro lado de la patria, es decir, el de una Colombia Humana, queda otro país. Aquel que nació con la constitución de 1991 y la cual contribuyo a diseñar Gustavo Petro. No sé cuántos votos los separa a uno de otro país; pero sí sé, que del lado de la Colombia Humana esta una hermosa ciudadanía que recorre los barrios, las veredas, las universidades; que van por todos los caminos de la patria pregonando que se acerca el fin de una época de terror, y el inicio de una nueva vida en paz en una patria más amable para todas y todos.

La Colombia Humana de Petro es una muchachada de jóvenes emprendedores, de negros, indios, de la comunidad Lgtbi, de campesinos, obreros, estudiantes, intelectuales, profesionales, artistas, deportistas, amas de casa, desempleados, empresarios, religiosos, evangélicos, de mujeres y hombres que son amantes de la paz; y aún, de exguerrilleros que por fin entendieron que sus actos de guerra eran contrarios al espíritu democrático de paz con justicia social que anima a miles de hombres y mujeres que nacieron después de la constitución de 1991; y por ello dejaron sus armas para contribuir con el sueño colectivo de la paz.

Toda esa ciudadanía libre que se expresa en favor de Gustavo Petro, se constituye como el nuevo sujeto político del cambio y las transformaciones democráticas por la vía electoral que pregona la propia constitución, y pronto vera sus triunfos en la disputa por el poder local en el próximo año en las elecciones para alcaldes y gobernadores. Ahí estarán ellos, en todos los municipios de Colombia, no sé cuántos millones serán, pero en las calles serán mucho más que dos respaldando con el mismo entusiasmo de hoy a los candidatos populares que representen su interés político locales.

Esos votantes libres, diferentes a los de la coalición de la corrupción, el crimen y el clientelismo, que acompañan a Duque, son el futuro político del país; son la nueva rebeldía insurgente de la ciudadanía libre que transformara positivamente a Colombia en favor de los más olvidados; son millones de mujeres y hombres del campo y la ciudad, a quienes nunca les podrán limitar los sueños de ver una patria prospera para nosotros y las futuras generaciones en paz y con justicia social. Son millones de ciudadanos con los que también se tiene la obligación de satisfacer los nuevos derechos políticos, económicos, sociales y culturales que pregona la constitución de 1991. Ellos, representan y encarnan las mejores virtudes democráticas y de cambio social; virtudes que no son propiamente las características de quienes acompañan la candidatura del establecimiento nacional de los mismos con las mismas. Para ellos, para los de la Colombia Humana, va mi modesto voto de profesor universitario en la segunda vuelta el próximo domingo.

Edición 592 – Semana del 15 al 21 de junio de 2018
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus