De Bateman a Petro

 

Lo que está sucediendo en este país es la consecuencia de lo ocurrido en 1991, que, a su vez, era acumulación de procesos y luchas anteriores. En aquel momento, las fuerzas de avanzada fueron representadas por líderes improvisados porque tanto a la UP como al Nuevo Liberalismo y al M-19, les habían asesinado o habían desaparecido sus principales dirigentes.

 
Fernando Dorado
 
Activista Social
 
 

“Toda revolución para avanzar necesita repetirse”.

1. Continuidad y saltos cualitativos en nuestras luchas

A muchos amigos –sobre todo del exterior– les sorprende lo que ocurre en Colombia con el avance de la Colombia Humana y la campaña de Gustavo Petro. Creo, pierden el hilo histórico de los hechos, la continuidad de las fuerzas sociales, económicas y culturales, y la evolución de los actores políticos que se juegan en coyunturas específicas pero que son resultados acumulados de energías y experiencias a lo largo de varias décadas.

Lo que está sucediendo en este país es la consecuencia de lo ocurrido en 1991, que, a su vez, era acumulación de procesos y luchas anteriores. En aquel momento, las fuerzas de avanzada fueron representadas por líderes improvisados porque tanto a la UP como al Nuevo Liberalismo y al M-19, les habían asesinado o habían desaparecido sus principales dirigentes (Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa; Luis C. Galán Sarmiento; Jaime Bateman y Carlos Pizarro).1

Es importante recordar que Colombia se adelantó a todos los países de Sudamérica con la Constitución de 1991, que recogió en sus contenidos muchas reivindicaciones democráticas, en descentralización, participación, diversidad cultural y autonomía étnica, que habían sido los ejes de esas luchas sociales y políticas. Pero, no había la capacidad para concretar los cambios reales.

La UP fue subordinada a la estrategia de las Farc que se convirtió en una interferencia armada del proceso de transformación que representaba esa nueva Carta Política. El Nuevo Liberalismo fue traicionado por César Gaviria quien fue ungido como presidente y su fuerza fue canalizada hacia la política neoliberal y al pacto con las mafias; y el M-19, sin la conducción revolucionaria de la dirigencia auténtica, pactó parcialmente –en cabeza de Navarro– con López Michelsen y Gómez Hurtado una especie de transición insulsa que se diluyó y detuvo el empuje acumulado.

Hoy en Colombia los herederos de ese proceso truncado están al frente de las fuerzas de la democracia. Por un lado, las nuevas generaciones del M-19, representadas por Petro; por otro, la juventud del Nuevo Liberalismo personificada en Claudia López; y también, nuevos dirigentes sobrevivientes de la UP y sectores similares, pero sin encontrar todavía sus esencias.

A partir de las elecciones de 2018 aparecieron las nuevas expresiones políticas que se van a disputar la hegemonía en el próximo futuro. Seguramente, en 10 o 20 años, en la siguiente etapa de luchas, después de liquidar a la vieja clase política, se enfrentarán un progresismo liberal del siglo XXI; las nuevas fuerzas políticas de derecha tipo Ciudadanos de España; y una izquierda moderna con visiones y prácticas post-capitalistas liberada de las tradiciones “estatistas”.

Es lo que mostró desde el 2 de octubre de 2016 esta larga y apasionante campaña electoral.

2. El eje central de la propuesta de Petro

Uno de los grandes méritos de Gustavo Petro en esta campaña electoral fue haber posicionado el tema de la necesidad de la industrialización de nuestras materias primas, la democratización pacífica de la propiedad de la tierra y la urgencia de cambiar el modelo energético con base en la promoción de energías limpias y renovables.

Esas propuestas son la base real y concreta para construir una economía fuerte e independiente sin necesidad de cerrar las fronteras (nacionalismos estrechos) sino enfrentando con nuevas herramientas la globalización económica que hoy todas las potencias imperiales (USA, Rusia, China, UE) quieren limitar y regular, impulsando nuevos y agresivos nacionalismos imperiales que ya crean nuevas fricciones entre ellas mismas (como lo ocurrido en Canadá con el G7).

Esa recomposición de la globalización neoliberal es la esencia de la “nueva” política de Trump pero también de todos los gobiernos de las demás potencias y es el fundamento principal de la actual “guerra absoluta” (Paye, 2018) que ya se desarrolla a nivel global en lo económico, militar, mediático e informático2.

¿Quiénes son los sectores sociales y económicos que en Colombia están interesados en la industrialización de nuestras materias primas?

No son los grandes empresarios y, ahora menos, cuando sus amos estadounidenses impulsan políticas proteccionistas. Por ello no renuncian a seguir entregando nuestras riquezas al gran capital para que las exploten en favor de inversionistas transnacionales.

Solo hay dos sectores que necesitan con urgencia ese salto cualitativo en la economía y que están medianamente preparadas para hacerlo. Son:

1. Los pequeños y medianos productores agropecuarios y los pequeños y medianos emprendedores de las ciudades; y

2. Los jóvenes profesionales precariados, incluyendo tecnólogos y técnicos, que requieren del desarrollo de una agricultura y una industria con alto desarrollo tecnológico que genere empleo formal y de calidad.

Para hacerlo no basta con acceder y tener el control del gobierno (parte del Estado), aunque se requiere su apoyo. Lo principal es el empuje de los sectores sociales organizados para poder quebrar la resistencia de los poderosos monopolios globales y “nacionales” que no están interesados en compartir sus ganancias y temen perder el control de la economía.

Y de acuerdo con las experiencias (más fracasadas que exitosas) de los países vecinos, se necesita mucha creatividad de los pequeños y medianos productores para con base en la organización y asociación autónoma e independiente del Estado (“procomún colaborativo”), logren desarrollar y construir nuevas formas productivas que sean social, económica y ambientalmente sostenibles y rentables.

Sorprende que a lo largo de los últimos 20 años de lucha de los pequeños y medianos productores (cafeteros, paneleros, arroceros, lecheros, paperos, cacaoteros, fruticultores, etc.) no se haya levantado esa reivindicación y su lucha se haya limitado a proponer soluciones coyunturales y parciales, subsidios, incentivos, y otras medidas, que no tocan la esencia de los problemas. Hoy esa diferencia conceptual se hace más evidente en el terreno ideológico-político.

Gran mérito tiene Gustavo Petro en esa acción política y, por ello, y muchos más temas que ha posicionado en esta campaña electoral, merece todo el apoyo para ser elegido presidente el próximo 17 de junio.

1 UP: Unión Patriótica, fuerza política de orientación comunista desarrollada con el concurso de las FARC en la década de los años 80s del siglo pasado (XX); Nuevo Liberalismo: disidencia del partido liberal liderada por Luis Carlos Galán Sarmiento, contrario a cualquier pacto con los narcotraficantes; M-19: Movimiento político-militar y guerrilla semi-urbana de orientación nacionalista no alineada con ninguna corriente de la izquierda comunista.

2 Paye, Jean Claude (2018). “¿Guerra económica o «guerra absoluta»?”, en Red Voltaire. https://bit.ly/2JGxh24

Edición 592 – Semana del 15 al 21 de junio de 2018
   
 
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