¿Qué podemos esperar las organizaciones comunales con Duque presidente?

 

Las organizaciones comunales y sociales no tenemos, no podremos tener futuro al lado de la vieja clase política clientelista y corrupta. Debemos abrir nuestro propio camino, como siempre ha correspondido a los pueblos del mundo en la construcción de su verdadera libertad.

 
Guillermo A. Cardona Moreno
 
Integrante del Observatorio Nacional Comunal
 
 

Superando la etapa de evaluación crítica por el origen de su candidatura y la clase de actores que lo apoyaron, visto como persona “buena gente” –sus amigos cercanos dicen que es “un bacán”–, con maestrías en Finanzas, Administración Pública y Derecho Internacional de American University y George Town University, en los Estados Unidos.

Hace como veinte años fue miembro de las juventudes liberales y hace apenas cuatro ingresó a la política activa, cuando el senador Álvaro Uribe lo invitó a conformar la lista al Congreso del 2014, en donde salió elegido Senador de la República. En mi criterio, antes de ser candidato, un buen analista económico en el marco de su concepción neoliberal; con poca experiencia laboral, en la que se destaca la de gerente de la división Cultural y de Innovación del grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Ha publicado varios libros: “Indignación: ideas para la Colombia del futuro”, “Pecados Monetarios”, “Maquiavelo en Colombia”, “Efecto Naranja”, y es coautor del libro “La Economía Naranja”.

Pero el peso de sus convicciones y formación personal y académica, posiblemente no son las determinantes en la gestión de Gobierno y quisiéramos equivocarnos en esta afirmación.

Por el contrario, el Presidente Duque se encuentra ante la encrucijada de ser instrumento de sus padrinos políticos, es decir que en esta perspectiva son pocas las expectativas sociales y populares, pues, por ejemplo el déficit fiscal (cercano al 4%) del Presupuesto Nacional, obliga a que en su primer año de Gobierno adopte una nueva reforma fiscal con dos vías esenciales para resolver el vacío: o disminuye las exenciones que establecieron Uribe y Santos al gran capital nacional e internacional o, aumenta el IVA en por lo menos dos puntos. Evidentemente que lo primero no lo hará, por el contrario, seguirá gravando el consumo popular.

O si decidiera divorciarse de la paternidad de sus padrinos y optar por una forma de economía y de gobierno alternativo y democrático, lo que es poco probable, perdería toda capacidad de gobernabilidad ante el poder de los grupos económicos, del Congreso de la República y su poca experiencia y capacidad de maniobra haría imposible su gestión. Es decir, que el buen joven Iván Duque puede ser prisionero en su propio Gobierno.

Y qué decir de los crecientes problemas de producción de hoja de coca, de narcotráfico, de expansión de bandas criminales que controlan grandes regiones del País rural y urbano no obstante la intensa persecución de las fuerzas armadas del Estado. Es que más allá de medidas de persecución policial y militar, estos problemas solamente se pueden enfrentar con posibilidades de éxito en el tiempo, con medidas estructurales de fondo que resuelvan los problemas de las buenas tierras para los campesinos, del apoyo al campo y a la economía popular, de control al latifundio y violencia contra el campesino. Es evidente que por sus concepciones económicas, sociales y políticas este problema del narcotráfico y de las bandas criminales lo seguirán tratando de resolver por la vía militar, la que, sin desconocer el valor de muchos militares, ha sido ineficiente.

¿Nuestra actitud como organizaciones comunales?

No obstante, nuestro escepticismo, no quepa dudas que, desde las organizaciones comunales, por tradición punto de apoyo de los gobernantes locales, tenemos la mejor disposición de apoyar en todo lo posible los buenos actos del nuevo presidente, es lo que procede para los demócratas y también de criticar las que consideremos equivocadas.

También pongamos de presente que cuando la dirigencia comunal tiene la oportunidad de votar con plena libertad, a conciencia, sin la presión de las maquinarias locales ni el chantaje de las OPS, como debiera ser en una verdadera democracia, lo hace por las opciones alternativas como en efecto se pudo evidenciar en las elecciones del 27 de mayo y 17 de junio, en que, por ejemplo, fueron fundamentales en los resultados electorales del Sur de Bogotá y este es un camino a seguir.

¿Qué podemos esperar para la democracia participativa?

Ante todo, recordemos que el éxito de democracia participativa depende de la capacidad de las organizaciones comunales y sociales de conocer y ejercer derechos de manera organizada y proactiva.

Sin embargo, del nuevo Gobierno muy poco podemos esperar en términos efectivos por la poca formación del presidente electo en estos escenarios y de su posible equipo de Gobierno muy inclinado hacia la tecnocracia. De hecho, hasta hoy ha sido muy poco o nulo el apoyo recibido de los gobiernos anteriores que por el contrario han hecho de la participación y la democracia un discurso demagógico para permanecer en el poder y de los recursos públicos para la participación simples fondos para la contratación corrupta territorial y nacional. Tal vez la participación ciudadana en Colombia evolucionaría mejor sin muchos billones de pesos en el nivel nacional y territorial en su nombre para mediatizar a la ciudadanía y el ejercicio de derechos, antes que para su fortalecimiento.

Es que la capacidad decisoria de las organizaciones sociales y la población en las ejecuciones de Gobierno solamente serán posibles con reformas profundas a los conceptos de democracia republicana vigentes en que las decisiones las toman el ejecutivo y legislativo relegando a la ciudadanía y sus formas organizativas a la simple participación consultiva totalmente espurrea y agotada. Es evidente que, en nombre de la institucionalidad democrática republicana, el establecimiento no cederá en estas exigencias ciudadanas.

Nuestro único camino seguirá siendo el fortalecimiento de nuestras organizaciones en el conocimiento y ejercicio de derechos y en la movilización.

Y el problema de persecución y asesinatos contra
dirigentes comunales y sociales ¿qué perspectiva
puede tener en el nuevo Gobierno?

En las relaciones que en la presente etapa sostenemos desde la Confederación Nacional Comunal con el Estado, hemos desnudado la realidad del problema de persecuciones y asesinatos contra dirigentes comunales y sociales en el sentido de que no es un simple problema de esquemas de seguridad, los que siendo solución parcial, están lejos de políticas públicas estructurales en un Estado que no tiene la capacidad ni la voluntad de amparar a las organizaciones y dignatarios comunales y sociales en el pleno conocimiento y ejercicio de derechos. Ya hoy es una verdad pública que a la mayoría de dirigentes comunales en el país los amenazan, persiguen y/o asesinan por el ejercicio de sus derechos y de sus funciones de dignatarios, problema en el que puede estar vinculada la clase política local y nacional, muchos gobernantes y el capital nacional e internacional cuando segregan, satanizan, estigmatizan, persiguen a dirigentes por que hacen veeduría a los intereses públicos, controlan los recursos públicos, trabajan por el ambiente o se oponen a redes de narcotráfico en defensa de su territorio. Estos problemas demandan soluciones integrales y estructurales que tocan al propio régimen político de clientela y corrupción que difícilmente atacara el nuevo Gobierno. Dios quiera que estemos equivocados en esta apreciación.

No sobra recordar que en lo corrido del presente año 2018 van cerca de cincuenta y cinco dirigentes sociales asesinados y de ellos 33 son de los organismos de acción comunal. La lucha es larga y sigue sin pausa.

¿Nuestro camino?

El ya señalado de fortalecer la conciencia y organización ciudadana en el conocimiento y ejercicio de derechos; trabajar hacia las elecciones territoriales del año 2019 como organizaciones sociales en torno a la estrategia “el candidato es el plan” para que la mayor parte de comunales en cada territorio nos unifiquemos en torno a una propuesta programática como principal opción para liberarnos de la coyunda del clientelismo en las elecciones territoriales y seguir trabajando por la actuación política libre, consiente y democrática en que impere la conciencia, la verdad, la justicia y la razón. Las organizaciones comunales y sociales no tenemos, no podremos tener futuro al lado de la vieja clase política clientelista y corrupta. Debemos abrir nuestro propio camino, como siempre ha correspondido a los pueblos del mundo en la construcción de su verdadera libertad.

Edición 593 – Semana del 22 al 28 de junio de 2018
   
 
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