Vamos por el camino correcto

 

El pueblo colombiano debe percibir en estos cuatro años que la Colombia Humana, por su administración correcta del capital político y por su ejercicio moderado de la oposición, si es una fuerza alternativa merecedora de ser votada en el año 2022 para por fin conquistar bajo las sanas reglas de la democracia el solio del libertador Simón Bolívar.

 
Héctor Alonso Moreno
 
Profesor Univalle
 
 

Colombia el pasado domingo 17 de junio fue objeto de las elecciones más importantes después de promulgada la constitución de 1991, constitución política que fue producto de un proceso exitoso de paz firmado con la antigua guerrilla del M-19. Fueron unas elecciones que, por primera vez, se desarrollaron en completa paz y en las cuales no se presentaron actos criminales, ni denuncias relevantes por fraude electoral. Fueron, igualmente, como característica particular, las elecciones donde por primera vez se disputo el poder nacional por parte del establecimiento político tradicional con las fuerzas políticas alternativas que han venido surgiendo después del acuerdo de paz que selló la nueva Carta Política Colombiana.

Para el establecimiento político tradicional fue necesario que se propiciará la más amplia coalición de fuerzas políticas diversas que han sustentado el poder durante casi 200 años, en la cual se confundieron en un solo bloque de defensa del status quo, los reconocidos políticos de los partidos tradicionales y los usufructuarios de las dadivas y canonjías del actual gobierno, algunos de ellos, caracterizados por ser los depredadores del erario público; con los matones a sueldo del crimen mafioso que han sido parte fundamental del soporte de la política tradicional en los municipios de la periferia colombiana. Esa coalición, de defensa del establecimiento tradicional para ganar las elecciones y mantener el poder, alcanzo en la segunda vuelta un poco más de 10 millones de votos a su favor; un 54% del total de votos, lo que le permitió el triunfo a Iván Duque, candidato ungido por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Pero pese al triunfo indiscutible de la coalición de las fuerzas de derecha y de extrema derecha en medio de un verdadero ambiente de fiesta de la democracia, el hecho notorio a destacar fue el formidable avance de las fuerzas alternativas que respaldaron al candidato de centro izquierda y la Colombia Humana. Gustavo Petro, un exlíder político de la guerrilla desmovilizada en los años 90, obtuvo un poco más de 8 millones de votantes; equivalentes a un 41.8% de los votos, obteniendo el primer lugar en 8 departamentos y en la propia capital de la república. A esto, se suma el éxito electoral que las fuerzas alternativas habían alcanzado de forma importante en las pasadas elecciones al congreso nacional, en el cual se obtuvo cerca de 30% de las curules en el Senado de la República.

Ahora bien, la diferencia de votos entre quienes se aferran al continuismo con la política tradicional soportada en las maquinarias, el saqueo, el crimen y la corrupción, y los que anhelamos un país en paz con justicia social, se reduce todos los días más en Colombia. Hay que recordar que el profesor Antanas Mockus en el año 2010 como candidato presidencial de las fuerzas alternativas agrupadas en la llamada Ola Verde disputó el poder en segunda vuelta con el expresidente Juan Manuel Santos, alcanzando una cifra cercana a los tres millones y medio de votos ( el 27.47% de los votos), contra un poco más de nueve millones de votos (el 69.13% de los votos) que alcanzo el electo Presidente Juan Manuel Santos, también candidato del expresidente Uribe en ese entonces.

De tal manera, que lo que en el año 2010 fue una diferencia entre lo tradicional y lo alternativo de cerca de cinco millones y medio de votos; entre Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, equivalente a un 41.66%; hoy se constituye en una diferencia de un poco más de dos millones de votos entre el electo presidente Iván Duque y Gustavo Petro, que constituye un 12.2%.

Es preciso reafirmar que los más de ocho millones de votos de la Colombia Humana son votos de ciudadanos libres. Son millones de mujeres y hombres cansados de las prácticas corruptas, hegemónicas y clientelares del manejo del poder político en Colombia; y ante todo, son votos de esperanza por ver convertido el país en un futuro próximo en una nación prospera, en paz y con justicia social. En la Colombia Humana se expresaron también los votos de la nueva ciudadanía virtuosa que constituye el nuevo sujeto político que nació con la constitución de 1991; son millones de muchachas y muchachos que practican los valores democráticos de la nueva constitución política del siglo XXI; son respetuosos de los derechos humanos y de la diversidad étnica y cultural; son ávidos de conocimiento y cultura, y para ello,  reclaman un sistema universal y gratuito de educación universitaria,  son jóvenes que sueñan con una economía de energías limpias y con la conservación del medio ambiente; son los jóvenes ciudadanos que están reinventando la política en Colombia como una actividad noble y decente,  y a los que no le son inherentes las viejas prácticas políticas de la corrupción, el clientelismo y la compra de votos.

A estos jóvenes votantes de la Colombia Humana hay que recordarles que el siglo XXI, es el de la esperanza, el cambio y las trasformaciones políticas y sociales por las vías democráticas. Que es una época, en la cual otros pueblos ya han recorrido un largo camino para ver triunfar por fin sus sueños libertarios mediante el sometimiento de sus propuestas a las decisiones populares que es la esencia de la lucha democrática; muchos pueblos de América Latina han perseverado en su lucha y han hecho de este siglo el siglo del triunfo político en favor de los más olvidados y oprimidos.

Basta recordar el caso de Luis Ignacio Lula da Silva quien fue tres veces candidato perdedor a la presidencia de la república de Brasil entre 1989 y 1998. Antes, en 1982, también había perdido la elección para el gobierno regional del Estado de Sao Paulo. En su primer intento por buscar la presidencia, en 1989, fue derrotado por Fernando Collor de Melo, candidato del Partido de Renovación Nacional. Lula obtuvo el 47% de los votos como candidato del Partido de los Trabajadores (PT), mientras que Collor de Melo logró el 53% de los sufragios.

En su segundo intento, en 1994, Lula fue derrotado otra vez, pero ahora en la primera vuelta por Fernando Enrique Cardoso, candidato del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB), quien había ocupado el Ministerio de Hacienda y había sido factor clave para la estabilización económica y financiera del país a través del Plan Real. En 1998, Lula vuelve, otra vez, a competir en contra de Fernando Cardoso y vuelve a perder, obteniendo tan sólo el 32% ciento de los votos.

En estos tres intentos, Lula da Silva siempre mostró una actitud responsable y moderada, reconoció el triunfo de los opositores y, sobre todo, siguió en la lucha política por avanzar y defender los derechos de los trabajadores brasileños, principal bandera electoral del PT. No fue sino hasta el 2002, después de un arduo proceso de aprendizaje y maduración política, que Lula da Silva gana, en su cuarto intento, la presidencia de Brasil, adoptando una visión menos radical de la política y presentándose ya como un candidato moderado y no sólo como líder sindical.

Igualmente, es oportuno resaltar la experiencia política electoral de una guerrilla desmovilizada en Centro América como producto de un acuerdo de paz. En El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) como Partido Político fue derrotado en tres elecciones (1994, 1999 y 2006). Solo en las elecciones Presidenciales de marzo del 2009 la ex guerrilla salvadoreña con el candidato Mauricio Funes gano las elecciones con el 52.1%, en contra del candidato de la derecha del movimiento ARENA, el cual obtuvo el 48.7% de los votos. Fue un triunfo de la izquierda salvadoreña en medio de una campaña de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que protagonizo una campaña intimidatoria y de miedo a través de su candidato, el ex director de la policía Rodrigo Ávila, esgrimiendo el miedo al comunismo en general, y a Hugo Chaves en particular, como la principal arma para frenar las expectativas de triunfo de las fuerzas alternativas que agrupaba en su seno el FMLN.

De ahí entonces, que la Colombia Humana tiene hoy en Petro un gran capital político que debe servir como material simbólico para avanzar en un proceso de unidad de todos los sectores que están por la renovación y el cambio político y social. Deben entender que la política es, ante todo, perseverancia. Que la mejor forma de acrecentar ese capital político es haciendo un balance crítico de cuales fueron nuestros errores e insuficiencias, que no es conveniente desatar conflictos post electorales, y que se deben preparar unos buenos criterios políticos y filosóficos para ejercer una oposición moderada como parte de la cultura democrática, contribuyendo incluso, si es del caso, en el apoyo de políticas públicas del nuevo gobierno que favorezcan los anhelos de los más olvidados.

El pueblo colombiano debe percibir en estos cuatro años que la Colombia Humana, por su administración correcta del capital político y por su ejercicio moderado de la oposición, si es una fuerza alternativa merecedora de ser votada en el año 2022 para por fin conquistar bajo las sanas reglas de la democracia el solio del libertador Simón Bolívar.

Edición 593 – Semana del 22 al 28 de junio de 2018
   
 
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