La elección: una letanía por la clase media

 

El nuevo presidente, Iván Duque, elegido con la colusión de todos los corruptos, como lo recordó su rival, y lo gritó Claudia López, quien aspira a competir como aspirante a la alcaldía de Bogotá, y recibió un “putazo” del senador hijo del exgobernador de Antioquia, dijo en su discurso de triunfo que él estará en la campaña anticorrupción que arranca en poco tiempo.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib
 
Director Grupo PyP, Profesor asociado, C. Política, Unal
 
 

Nunca antes estuvimos más cerca en Colombia, de producir un cambio en materia de representación política, que el pasado 17 de junio. Todo empezó a perfilarse, en dos escenarios previos, el primero, marcado por la elección al congreso, y el segundo, por la primera vuelta presidencial. En ambos casos probaron fuerzas destacamentos políticos de la reacción, la derecha, el centro, el liberalismo y el progresismo.

Estas nomenclaturas provisionales permitieron también, por primera vez, en un escenario nacional, con el menor número de acciones bélicas, probar las actuaciones propias del llamado binomio gobierno oposición. Una experiencia que sólo vivió una cortísima luna de miel con la presidencia de Virgilio Barco, que coincidió con la más cruda embestida político terrorista comandada por Pablo Escobar, en oposición a la extradición que había empezado a aplicarse con el gobierno de Belisario Betancur, perpetrado el asesinato del exministro Rodrigo Lara Bonilla.

La segunda vuelta

Como antesala a la segunda vuelta vivimos los alinderamientos de las diferentes fuerzas, que concluyeron ordenados para el “combate de la representación” en dos campos: la guerra y la paz. Uno bajo el doble liderazgo de Duque/Uribe, y el otro con la conducción de Petro/Robledo.

Entre uno y otro, los bloques de la guerra y la paz, el liberalismo que tuvo a Humberto De la Calle como campeón, por una parte, torció el brazo por el voto en blanco; mientras que la mayoría congresional, siguió a su jefe, César Gaviria quien votó por Iván Duque, dejando al partido de las reformas boquiando.

La Coalición Colombia, con dos de sus principales adalides, Sergio Fajardo y Jorge Enrique Robledo, hicieron lo propio, al hacer público su voto en blanco, a contravía de la mitad de sus huestes, y Robledo, de lo dispuesto por la mayoría del PDA. En resumen, los dos no acompañaron lo que decidieron los demás líderes de la coalición, Antanas, Claudia y Antonio, preocupados los tres, por anticipado, eso sí, por la suerte de la alcaldía de la capital.

Nomenclatura de las clases

Entre los años 2010 y 2018, en materia político procesual, Colombia experimenta un tiempo definido, usando a Gramsci, como una coyuntura estratégica, la principal del último medio siglo, puesto que corresponde al desenlace de una crisis de hegemonía de la dominación de signo bipartidista.

Pues bien, leída esta coyuntura en términos socio-políticos, se viene produciendo una mutación en el sentido común dominante sobre la pequeña burguesía, sujeta por casi dos siglos a una tutela ideológica bipartidista. En este ciclo eleccionario, esta clase media se partió en dos: un contingente variopinto tomó el rumbo marcado por la alianza estratégica de la reacción y la derecha; y el otro, siguió el que le indicó el progresismo liberal y la izquierda democrática.

Hechas las cuentas, tomando como referencia a la segunda vuelta, se hizo evidente que las dos terceras partes de la pequeña burguesía se inclinaron por favorecer la opción reaccionaria, y fortalecieron sus prejuicios anti-igualitarios, lo que significa bloquear el desarrollo progresista de la Constitución de 1991, en particular los artículos 11, y 13. La pequeña burguesía en sus diversos sectores sigue sin entender que puede ser la igualdad social, puesto que rema y sobreagua en un mar de privilegios, cuya parte de león conservan siempre la reacción y la derecha.

De otra parte, revisando el conjunto de los grupos y clases subalternas de Colombia, presentan también una disonancia histórica que es casi constante, dos terceras partes de los pobres del campo y la ciudad, alrededor del 40 % no votan, se abstienen, son indiferentes a la suerte de la política entendida como cambio o continuidad del gobierno periódico. Porque, el grueso de los subalternos, poco o casi nada esperan de las elites políticas gobernantes, en el sentido que sus decisiones puedan modificar en lo sustancial a una nación que, según estadísticas confiables, es la tercera más desigual de la tierra.

Los pobres “no comen” cuento

Hay razones más que suficientes para que lo piensen así. En particular, el antecedente más significativo es la Constituyente que se tradujo en la Constitución de 1991, que pronto cumplirán 27 años, en la medida en que el Estado se comprometía con crear las condiciones para que la igualdad fuera real y efectiva, y en la acción afirmativa a favor de las minorías y de los niños.

Nada de esto ocurrió. Bajo estas faltas inocultables ganó momento la candidatura del progresista de la Colombia Humana, el provinciano de Ciénaga de oro y Zipaquirá, Gustavo Petro. Él logró movilizar parte de la multitud subalterna, el respaldo de parte de los pobres organizados, pero su incidencia fue mucho menor en los que no, en los que reparten su angustia cotidiana en las barriadas, en las comunas y localidades más deprimidas.

En ellas cohabitan, se apiñuscan, sobreviven 8 millones de desplazados, y unos 8 millones de excluidos consuetudinarios, quienes, desde el Frente nacional, carecen de uno o varios servicios sociales básicos, salud, vivienda, educación, trabajo, y, refuerzan el sentido común de la dominación, con la cortina de varias religiones reveladas, y sus respectivas sectas.

¿Cómo se alimenta la corrupción?

Gustavo Petro, para poner en crisis la campaña política que monopolizaba la corrupción, que abanderaba la Coalición Colombia, advirtió que el verdadero modo de combatirla, el más eficaz era romperle el espinazo al que el grupo presidencialismo y participación denominó régimen parapresidencial, diferenciándonos de los que postulan que el colombiano es un estado mafioso.

En efecto, la derrota del bloque de la paz, con Petro a la cabeza, por algo más de 2 millones, señala que la corrupción ha obtenido una nueva victoria. A los pocos días, este jueves, el Fiscal de la nación, vinculado de antaño con Cambio Radical, cumplió con informar de la corrupción política electoral, nucleada en la costa atlántica, después de muerto el gran barón conservador clientelista, Gerlein Echeverría, quien dejó una “digna” sucesora, Aída Merlano. Pero, el fiscal Martínez señaló que los anillos de la corrupción tienen una suerte de expansión radiada, llegando hasta el departamento del Cauca, donde la senadora María Fernanda Cabal fue rozada por el rumor.

El nuevo presidente, Iván Duque, elegido con la colusión de todos los corruptos, como lo recordó su rival, y lo gritó Claudia López, quien aspira a competir como aspirante a la alcaldía de Bogotá, y recibió un “putazo” del senador hijo del exgobernador de Antioquia, dijo en su discurso de triunfo que él estará en la campaña anticorrupción que arranca en poco tiempo. Así las cosas, los corruptos desaparecen de la vista. Porque el bloque de la guerra señala con suficiente cinismo que allí no hay corruptos.

La verdad es, ni más ni menos, que el régimen para-presidencial continua, se perpetua, pero al conseguirlo tuvo el concurso voluntario de buena parte de la pequeña burguesía que hizo causa común con la oligarquía dizque para preservar su propiedad privada, y sus libertades individuales, amenazadas por un embozado castro-chavista, Gustavo Petro, el exguerrillero que fue torturado durante la presidencia de Julio César Turbay, de quien fue gobernador de Antioquia, el progenitor del actual presidente.

La pequeña burguesía se disfrazó de centro y de blanco, y el resultado está a la vista. Sigue presa de la vulgata neoliberal. Está sujeta a la hegemonía económica de la propiedad privada juzgada como sacrosanta e inviolable, y siente escalofríos ante la función social de ésta, que hiciste en el orden constitucional colombiano desde 1934. El reformismo social y económico no son de buen recibo, porque supone poner en entredicho el ascenso social de los diversos sectores de la clase media que aspiran a ser burgueses a plenitud.

Los cuatro años que arrancaron en 2018, tiene a la disputa hegemónica como primera gran tarea a conseguir para desbloquear el curso debida de la revolución democrático, que, por lo pronto, quedó estancada una vez más entre el Escila y el Caribdis, de los pobres subalternos y la pequeña burguesía que le permiten al bloque en el poder recomponerse, con una transacción esta vez entre Uribe, Santos, y su procónsul, Iván Duque. Le corresponde a la oposición una tarea hercúlea, y a los subalternos mover una inmensa reforma intelectual y moral que tiene en la universidad pública el catalizador principal.

Edición 593 – Semana del 22 al 28 de junio de 2018
   
 
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