El culo de Mockus

 

Calificaron la bajada de calzones de Mockus como grotesca, vulgar, social y políticamente incorrecta, grosera, disparatada, provocadora e inaceptable. Pero esos mismos, callan ante el crimen de líderes sociales, cada 24 horas. Un asunto que ya se volvió cotidiano, parte del paisaje. Mockus no mostraba el culo hace años, en cambio, los asesinatos sistemáticos vienen desde 2016 y ya van más de 300.

 
Germán Ayala Osorio
 
Comunicador social y politólogo
 
 

La Colombia del doble rasero, la de la doble moral; la del ethos mafioso; la Colombia mojigata; la mezquina, la que odia a los negros, a los campesinos e indígenas, mientras finge ser plural y respetuosa de las diferencias, la misma que esconde su realidad y los responsables de sus desgracias al decir, a mi madre, padre o hijo, los mató la violencia, el narcotráfico, el conflicto armado, la guerra…; esa, la Colombia biodiversa, y diversa étnicamente, está espantada. Un culo blanco y un tanto envejecido, sacudió las endebles estructuras morales de una sociedad y de un país moral y éticamente inviables.

Esa parte de la sociedad colombiana, puritana, estricta, que goza de privilegios; y otra tanto que confía en las “buenas costumbres” y sobrevive en medio de todo tipo de precariedades, entre estas, la escasez de criterio, se sintió ofendida porque Antanas Mockus se bajó los pantalones, inclinó su cuerpo y expuso lo que sus detractores morales en público llaman “pompis”, “cola” o “trasero”, y que en lo privado si se atreven a llamar culo, como debe llamarse.

Después del ya repetido y conocido acto Mockusiano, se puede colegir que la molestia va en dos sentidos: el primero y más obvio, radica en haber visto el culo del político, a pesar de que a diario la publicidad se encarga de exhibir culos de mujeres, pegados en ascensores, vitrinas, vallas y en cuanto espacio público encuentran. Claro, dirán que es distinto, porque se trata de publicidad y que se trata de culos “bonitos”, “bien formados”, “ricos” y “buenos”, cuando lo que realmente están haciendo es poniéndole precio a los culos de las mujeres.

El segundo sentido de la rabia de los sectores moralizantes del país radica en la enorme dificultad que tenemos como sociedad para entender y soportar las protestas simbólicas. Preferimos la grotesca realidad, a los actos simbólicos que intentan, justamente, llamarnos a que tomemos conciencia de que venimos revolcados en el fango y las heces fecales (¿o mierda?) de la injusticia, de los crímenes de lesa humanidad, de la pobreza extrema y de la riqueza acumulada; y del sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales, políticas, reclamantes de tierras, defensores de la vida, del medio ambiente y de los derechos humanos; y de la insoportable corrupción público - privada.

Calificaron la bajada de calzones de Mockus como grotesca, vulgar, social y políticamente incorrecta, grosera, disparatada, provocadora e inaceptable. Pero esos mismos, callan ante el crimen de líderes sociales, cada 24 horas. Un asunto que ya se volvió cotidiano, parte del paisaje. Mockus no mostraba el culo hace años, en cambio, los asesinatos sistemáticos vienen desde 2016 y ya van más de 300. Y muy seguramente no pararán. Es claro que les molestó más ver el culo de Mockus, que la acción vindicativa de aquellos a los que les importa un culo hacer trizas el Acuerdo de Paz.

Con todo y lo anterior, lo acaecido el 20 de julio en el Congreso de la República sirvió para comprobar que una parte importante de los colombianos tiene problemas para distinguir entre un acto simbólico que resulta provocador y el nauseabundo silencio que guardamos ante la ignominia, el crimen, la deshonra y la inmoralidad en la vivimos como sociedad y como Estado.

Al final, no es el culo de Mockus el que les molestó. Curiosamente, por detrás o detrás de la rabia de estos puritanos, está un hecho claro: no aceptan al diferente, al que protesta, al que desafía el orden, así éste devenga sucio y criminal.

Edición 598 – Semana del 27 de julio al 2 de agosto de 2018
   
 
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