Universidad y política

 

Entre el año 68 y el año 73, las universidades públicas en Colombia expresaron la necesidad de cambios culturales, programáticos, de ruptura con la dirección empresarial de los organismos de dirección en los claustros docentes, figuras de los gremios venían coludiendo empotrados en los Consejos Superiores para hacer negocios y millonarias contrataciones con los dineros públicos…

 
Alberto Ramos Garbiras1
 
 

Ricardo Sánchez Ángel, para el desarrollo de su investigación titulada “Universidad y Política”, tomó dos ejes: el movimiento estudiantil de Córdoba – Argentina (1918), y la insurrección universitaria en Nanterre / París (1968). Ambos momentos históricos signados por la búsqueda de una mayor autonomía universitaria y de Co-gobernabilidad. Claro, estos hechos en cada país son inescindibles de los acontecimientos precedentes en cada uno de esos Estados-Nación, y de la conexión con los hechos internacionales que repercutían en la formación, conceptualización y planes de estudio, dentro de cada ámbito universitario: pero fueron estos sitios los claves para marcar la evolución de los estudios universitarios y del papel de la universidad en la sociedad.

Se trata de una crónica histórica que no pretende ser totalizadora, ni abordar a fondo el desenvolvimiento del embrión universitario (las bibliotecas) en la antigüedad, hasta hoy. Tampoco la explicación detallada del aparecimiento de las universidades desde la baja edad media. La saga referente a la formación de centros educativos y sus antecedentes está reseñada de manera apretada, para no ser diletante, desde la mención de los libros de arcilla en la antiquísima Mesopotamia, pasando por la biblioteca de Hammurabi en Babilonia; para relievar en Grecia la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles, llegando a la construcción de la biblioteca de Alejandría, obra de Ptolomeo, condiscípulo de Alejandro Magno y su emprendimiento en Egipto. También reseña el aparecimiento de las universidades medievales en Bolonia (1088), la Universidad de París a mediados del siglo XII, y las del siglo XIII: Montpellier, Salamanca, Colonia y Cracovia.

La obra de Ricardo Sánchez es una investigación valiosa sobre las repercusiones de la insurgencia universitaria en el siglo XX y lo que está por hacerse en el siglo XXI, porque sin esos centros de formación e investigación (las universidades), la sociedad no tendría rumbo. Por ello, todo lo que está por corregirse en el plano de la educación debe ser acometido en Colombia para reconducir a la sociedad y al Estado.

Otro momento importante del recorrido del pensamiento libre hasta hoy fue el de la ilustración, se abrieron paso: el enciclopedismo, el contractualismo y el constitucionalismo, tres corrientes intelectuales en la Francia ochocentista (finales del siglo XVIII), donde la razón afloró para que subsiguientemente a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), se pudiera enarbolar la libertad de pensamiento, de cátedra, de opinión, apoyados en el crecimiento de la imprenta, en la secularización de la sociedad y la formación del Estado – laico. El distanciamiento del dogmatismo permitió unas opiniones razonables, fue el período de las sociedades teocéntricas a las antropocéntricas.

Si no hubiese sido por el aparecimiento de la imprenta la difusión de las obras habría continuado en la clandestinidad de los monasterios como lo describe Umberto Eco en su obra “El nombre de la Rosa”, y el acceso a los textos solo en manos de las élites medioevales. Gracias al invento de Johannes Gutenberg (1459), fue superado en parte el clericalismo y el oscurantismo, aunque quedaba un largo trecho por recorrer para vencer la horrible cacería de brujas, la tortura como forma de confesión judicial y todo el aparataje de la inquisición; entonces, sobrevino el despegue de la lectura porque facilitó la reproducción de textos; la imprenta fue un instrumento vital durante el renacimiento, se propaló la reforma luterana, y las universidades ampliaron su radio de difusión. Se puede afirmar que la imprenta y la edición ciclópea de la Enciclopedia orientada por Diderot, permitieron el crecimiento y la funcionalidad de las universidades.

La autonomía universitaria es sin dudarlo la principal conquista de los estudiantes para lograr un mejor desenvolvimiento. La tradición autonómica colombiana puede encontrarse en apreciación de Ricardo Sánchez, en el cimarronismo de los africanos esclavos, en el movimiento comunero de 1781 con la reacción santandereana contra las imposiciones del Virrey Manuel Antonio Flórez; en la guerra de independencia y su embrión, las juntas de Gobierno y los gritos desde los cabildos que llevaron al constitucionalismo pre-Republicano; se observa también en las proclamas y disputas dentro de la controversia entre Federalismo y Centralismo, luego las confrontaciones entre los artesanos a mediados del Siglo XIX, al surgir las Sociedades Democráticas, abril de1854, aparece una especie de República de artesanos.

El equivalente de la autonomía universitaria es la autonomía personal, y a nivel macro es la soberanía estatal. El Estado que decide con quien se relaciona, el Estado que ejerce sus relaciones internacionales en el contexto de la globalización y su comercio transfronterizo, lo hace en ejercicio de su soberanía, o sea su autonomía estatal; el ser humano igual hace con su voluntad y libre arbitrio al decidir cómo se forma, como actúa, desempeña, etc.: y los estudiantes integrados como comunidad lo hacen pronunciándose, reclamando, exigiendo para mejorar las condiciones internas del claustro y del campus: buscan orientar la conducción de la universidad.

Indudablemente los hechos registrados en la ciudad de Córdoba (Argentina, 1918) fueron los que marcaron el nuevo rumbo de las universidades para América Latina; el comienzo de la autonomía universitaria destacó las causas y factores larvados y sirvió para las repercusiones que se han dado en estos 100 años del devenir universitario. La reforma planteada por el rector José Nicolás Matienzo sirvió para impulsar las reflexiones de los estudiantes y motivar la actitud radical reclamando autonomía, impugnando la Ley Avellaneda, cuestionando los rezagos de la educación colonial que se prolongó en el siglo XIX, y el lastre de la educación clerical y confesional, detentada por congregaciones religiosas que fundaron las universidades de los siglos XVI y XVI en las colonias españolas de América, con enorme influencia sobre las autoridades estatales en el despuntar del siglo XX.

El Frente Nacional, una reforma constitucional concebida en Sitges y Benidron, dos balnearios españoles, por dos cerebros del bipartidismo, Laureano Gómez y Alberto Lleras, para dizque acabar con la violencia de los años 50, insuflada por las mismas élites de los partidos, se hizo a través de un plebiscito (1957), aunque en el fondo fue un referéndum, y en la práctica una contrarrevolución preventiva para monopolizar del aparato del Estado, esta institucionalidad bipartidista diseñada para 16 años, conllevó a la apropiación de las universidades públicas con el mismo esquema, el de bipartidizar el profesorado y oficializar la educación vigilada. Fueron personajes como José Félix Patiño, Fals Borda, Camilo Torres, Leonardo Posada, Umaña Luna, y otros los que contribuyeron a expandir la semilla de la autonomía Universitaria heredada del movimiento de Córdoba.

La década de los años 60 fue convulsa, el hipismo como corriente contestataria juvenil fue calcado del movimiento estudiantil norteamericano; la guerra de Vietnam fue repudiada por ser una intromisión injusta en indochina después de la liberación del yugo francés; las universidades en Europa y Colombia no fue ajena, realizaron serias protestas antiguerra que alimentaron la conciencia nacional por la violencia que no terminaba en lo interno; los hechos independentistas del Congo y Argelia dieron claridad sobre los procesos de liberación; el movimiento feminista incorporó a la población estudiantil de género; todos estos acontecimientos mundiales repercutirán en la posturas del mayo del 68 parisino.

En Colombia, las terceras fuerzas anti bipartidistas canalizaron el descontento contra las élites (el MRL, la ANAPO y el Frente Unido); afortunadamente el magisterio comenzó a organizarse nucleándose alrededor de FECODE; las universidades privadas crecieron y alcanzaron en número a las universidades públicas según datos recopilados por Marco Palacios; el libre comercio creció en medio de la alianza de empresarios, sector financiero y burguesía cafetera; los estudiantes presionaron por la libertad de cátedra y la democratización de la sociedad; la revolución cubana influyo en la extensión del foquismo guerrillero, surgieron las guerrillas de las Farc y el ELN que llevaron a cabo la oposición armada y cooptaron dirigentes estudiantiles para guiar al campesinado; la teología de la liberación fue la expresión de un catolicismo social; las universidades privadas crecieron y desbordaron a las públicas, en 1985 de 127 universidades, 78 eran públicas y solo 49 privadas, se utilizó la educación y disminuyó el presupuesto para la educación pública en detrimento de la investigación y capacitación profesoral. Se tomó más conciencia de la reclamación por una amplia autonomía universitaria, la formación intelectual estuvo signada por las lecturas del marxismo, de los textos de Lenin, de Ernest Mandel, de Sartre, Trotsky, Gramsci, Bujarin, y la difusión de los contenidos de las ciencias sociales en textos de varias editoriales.

Entre el año 68 y el año 73, las universidades públicas en Colombia expresaron la necesidad de cambios culturales, programáticos, de ruptura con la dirección empresarial de los organismos de dirección en los claustros docentes, figuras de los gremios venían coludiendo empotrados en los Consejos Superiores para hacer negocios y millonarias contrataciones con los dineros públicos, bajo el ropaje de la FES en el Valle dilapidaron cuantiosas sumas; los estudiantes denunciaron estos negocios que se replicaban en otros departamentos, cuando fueron descubiertos, se apartaron para fundar universidades privadas y hacer lo mismo con los ingresos de las matrículas. Los acontecimientos de 1971 que desafortunadamente tomaron a Luís Carlos Galán, de sorpresa, contenían esa efervescencia larvada desde el año 68 y la acumulación de malestares.

1 Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED – España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre, Cali.

Edición 599 – Semana del 3 al 9 de agosto de 2018
   
 
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