El punto de partida en la definición de proyectos

 

Existen varias herramientas para medir la paz a nivel global y que nos ayudan a conocer cuál es el escenario en el que se encuentra el país, que a veces definimos simplemente como una nación que ahora está en posconflicto. La importancia de ver estos indicadores radica en que nos permite analizar otras variables y, sobre todo, reconocer cómo estamos con relación a otros países cuyas características pueden ser similares.

 
María Isabel Contento Ortiz
 
Gerente administrativa y de proyectos, Corporación Viva La Ciudadanía
 
 

Durante el Encuentro Nacional de Copartes de Pan Para el Mundo, realizado el pasado 1 y 2 de octubre, convocado por la Corporación Podion, se abordó el tema de línea de base, el sistema de seguimiento y monitoreo y la definición de indicadores de paz en la formulación de los proyectos.

Sin duda, fueron jornadas en las cuales aprendimos muchas lecciones y muy pertinente para aquellas organizaciones sociales que se encuentran en la etapa de formulación de nuevos proyectos. Considero que uno de los aspectos fundamentales es la definición clara de la situación inicial, del contexto y del problema específico que se quiere abordar.

A veces la premura del tiempo, los requerimientos técnicos y la manera tradicional de elaborar un proyecto, hacen que olvidemos la importancia que tiene la definición de un buen punto de partida. Y para ello es necesario que tengamos en cuenta fuentes de información que ya existen, que no necesariamente se enfocan en el territorio en el cual estamos pensando desarrollar nuestras actividades, pero que, si hacen parte del objeto de estudio y de nuestro quehacer como organizaciones sociales defensoras de los derechos humanos, la paz y la democracia.

Existen varias herramientas para medir la paz a nivel global y que nos ayudan a conocer cuál es el escenario en el que se encuentra el país, que a veces definimos simplemente como una nación que ahora está en posconflicto. La importancia de ver estos indicadores radica en que nos permite analizar otras variables y, sobre todo, reconocer cómo estamos con relación a otros países cuyas características pueden ser similares. Indicadores conocidos, pero tan importantes como el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, nos dan una mirada general de hacia dónde debemos apuntar y qué nos hace falta para llegar allá.

Con este panorama global podemos enfocarnos en lo territorial. Ya sabemos cuál es el objetivo a largo plazo y somos conscientes de que se requiere más que un proyecto para lograr los impactos que tanto anhelamos; que se trata más bien de un proceso que de una actuación precisa. Entonces la foto inicial deberá acercarse mucho más y su marco también deberá estar definido por datos estadísticos e información confiable que nos ayuden a precisar nuestro foco de atención y a delimitar la situación que queremos transformar.

A continuación, definiremos la cadena de cambio o la cadena de efectos o la cadena de resultados, el sentido de las tres es el mismo. Los efectos directos serán los objetivos propios del proyecto y serán el punto al que queremos llegar, además de precisar el alcance. Y de ahí en adelante planificaremos la ruta de intervención del proyecto para lo cual estableceremos el uso de los productos, los productos, las actividades y los recursos necesarios.

No debemos olvidar que también hay que planear el sistema de monitoreo, seguimiento y evaluación, el cual se nos queda muchas veces en el reporte de las actividades realizadas y de los productos obtenidos. Cuando hemos detallado claramente la situación inicial, será más fácil definir los indicadores, es decir, las señales de cambio. Los indicadores nos permitirán reunir la información cualitativa o cuantitativa que nos llevará a identificar y valorar los logros alcanzados por el proyecto. Serán como las fotos que tomaremos periódicamente para ver cómo avanza el proyecto, pero también nos mostrará la foto final que evidencia los efectos directos alcanzados.

Entonces estaremos monitoreando y evaluando nuestra contribución al cambio social y aquí es importante tener en cuenta que el seguimiento de proyectos es un medio para saber cómo vamos y no un fin. Lo digo porque a veces nuestras herramientas de seguimiento son tan complejas o la batería de indicadores tan amplia que se nos vuelve una actividad más difícil de desarrollar que el mismo proyecto. O recogemos tanta información que después no podemos analizar y lo más importante es tener la mínima información necesaria y no la máxima ideal, para que se facilite tomar decisiones, rendir cuentas a nuestras agencias de cooperación, mejorar nuestras prácticas y evidenciar los cambios logrados.

Existen muchos más elementos para tener en cuenta como la articulación del proyecto con el plan institucional, como la implementación del enfoque OEDI (Orientación a Efectos Directos e Impactos), aunque aquí abordamos gran parte de él, y como la construcción de herramientas de monitoreo y seguimiento, entre muchos otros aspectos de la gestión de proyectos. Todo ello será más fácil de abordar cuando nos hemos tomado el tiempo suficiente para definir el problema y el contexto inicial, sobre los cuales aportaremos con nuestro proyecto, en un momento de implementación de acuerdos y construcción de paz.

Edición 608 – Semana del 5 al 11 de octubre de 2018
   
 
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