Nunca guerra entre hermanos

 

No aceptamos, ni aceptaremos la guerra entre hermanos como el camino ingenuo y perverso de creer que por allí podremos lograr la solución a las desavenencias y conflictos. Lo repetimos, solo el manejo racional y además respetuoso de nuestras contradicciones secundarias, será el camino sabio para que nuestras naciones sigan siendo el espacio natural de nuestras realizaciones, que nos concedieron los padres de nuestra nacionalidad.

 
Alonso Ojeda Awad
 
Vicepresidente del Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos – CPDH
 
 

Se debe estar muy enfermo de las estructuras cerebrales para ser capaces de pretender organizar una guerra entre dos naciones hermanas, como lo son Venezuela y Colombia; y más aún cuando son hermanas “siamesas”, como tan precisa y objetivamente las definió el dirigente nacional Horacio Serpa. Con Venezuela, compartimos 2.219 kilómetros de fronteras, traducidos en ríos vitales para nuestras naciones como el Orinoco, el Meta, el Arauca, el Catatumbo. Centenares de kilómetros en selvas exuberantes que le aportan al mundo inmensas cantidades de oxígeno, con las que sobrevivimos a la locura del “cambio climático”. Y los inmensos aportes alimenticios generados en hermosas y feraces llanuras donde se pierde la exclusividad de una sola nación y se es llanero colombo venezolano, con un solo corazón y una sola patria.

Y qué decir de nuestra historia. La historia de Venezuela y Colombia es una sola hasta el confuso momento en que pudieron mas las desavenencias y los egoísmos de caudillos regionales que la construcción de ese gran proyecto histórico emancipador que fue la Liberación de nuestras republicas del yugo y la opresión extranjera. La figura cimera del Libertador Simón Bolívar en la estrategia y la persistencia organizativa, fiscal y táctica del general Santander, son las que logran explicar la realización de una magna epopeya como la fue, sacar hasta el último soldado español del territorio suramericano.

Y qué decir de las miles de familias que somos colombo-venezolanas, porque hemos nacido, vivido y crecido allí, en ese territorio de frontera que tiene su propia idiosincrasia y su propia cultura. Quienes hemos enfrentado y sobre llevado “las verdes y las maduras” en las fluctuantes olas de cambio que han ocurrido en esas regiones de nuestras querencias y afectos.

No logramos entender porque frente a las primeras dificultades que surgen con Venezuela, la única idea que se viene a la cabeza es la de la guerra. La peor y más terrible de todas las opciones. La mas irracional y absurda de todas las salidas. No nos hemos detenido un solo minuto a pensar que, por muchos años, los venezolanos nos recibieron por miles, a los colombianos y allá encontramos patria, trabajo, educación, salud y un territorio donde levantar a nuestras familias. Los colombianos en Venezuela sumamos algo así como 5.000.000. Frente a esta realidad, lo que debemos hacer los colombianos es encontrar las formas para agradecer ese pasado y disponer lo mejor de nosotros para ayudar en la superación de las graves dificultades, que hoy acompañan a nuestras naciones hermanas.

Algunos dirán que la razón principal de este conflicto latente está, en el cambio del modelo político y económico que instauró Venezuela desde el advenimiento de Hugo Chávez al poder. Yo les quiero decir que en el año de1962, y a raíz de la declaratoria de “Revolución socialista” que hizo el líder Fidel Castro y que generó tanto malestar en los gobiernos de América, comenzando por el de los EE. UU. el dirigente Nacional, Alfonso López Michelsen, posteriormente presidente de Colombia, escribió un sesudo prologo para la obra “CUBA, EL VECINO SOCIALISTA”, donde demostraba como los diferentes países del hemisferio tenían que respetar las opciones políticas e ideológicas que cada quien asumiera para su propia nación, en la búsqueda democrática de un modelo que satisficiera a sus ciudadanos.

Hoy más que nunca las palabras del expresidente López Michelsen deben ser tenidas en consideración y entender que la Paz será el respeto a las decisiones sagradas de las naciones, enmarcadas en la concepción jurídica internacional que las naciones del mundo “Deben respetar la libre autodeterminación de los pueblos”.

No aceptamos, ni aceptaremos la guerra entre hermanos como el camino ingenuo y perverso de creer que por allí podremos lograr la solución a las desavenencias y conflictos. Lo repetimos, solo el manejo racional y además respetuoso de nuestras contradicciones secundarias, será el camino sabio para que nuestras naciones sigan siendo el espacio natural de nuestras realizaciones, que nos concedieron los padres de nuestra nacionalidad.

Por eso, Como hermanos no aceptaremos Nunca la Guerra, entre Colombia y Venezuela.

Edición 608 – Semana del 5 al 11 de octubre de 2018
   
 
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