Bolsonaro cerró el ciclo
de progresismo en Latinoamérica

 

La diferencia fue de más del 10%, algo más de 10 millones de votos, sobre el candidato perdedor, Fernando Haddad, el exalcalde de Sao Paulo, quien obtuvo el 44,87 %, al reemplazar en la competencia electoral al gran favorito Lula, quien paga cárcel, acusado de corrupción, cuyo favoritismo electoral se mantuvo hasta la autoridad dijo que no podía presentar su candidatura, y el PT no se atrevió a ir en contravía del poder constituido.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib
 
Profesor asociado, C. Política, Unal, catedrático, U. Javeriana,
Director Grupo Presidencialismo y participación
 
 

“Hoy, las redes sociales, su potencial destructivo, a través de la desinformación y la mentira, es alarmante.”
Boaventura de Sousa Santos.

Al final se comprobó lo que las encuestas y sondeos registraban, ganó la presidencia del Brasil el candidato de la reacción política, Jair Bolsonaro con el 55,3 %, quien se pego del WhatsApp, como garrapata, al que tenían acceso alrededor de 120 millones de brasileños de toda condición, de un potencial de 147 millones, quienes, conviene recordarlo, utilizan el voto electrónico como también ocurre en Venezuela desde los tiempos de Chávez.

Así, su pequeño partido, social liberal, PSL se llevó el premio gordo de las tres más importantes gobernaciones del país, Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, siendo SU triunfo en la primera el más significativo, porque su adversario electoral había sido alcalde de Sao Paulo. Es la prueba que el Brasil, hoy por hoy, tiene el alma política dividida.

La diferencia fue de más del 10%, algo más de 10 millones de votos, sobre el candidato perdedor, Fernando Haddad, el exalcalde de Sao Paulo, quien obtuvo el 44,87 %, al reemplazar en la competencia electoral al gran favorito Lula, quien paga cárcel, acusado de corrupción, cuyo favoritismo electoral se mantuvo hasta la autoridad dijo que no podía presentar su candidatura, y el PT no se atrevió a ir en contravía del poder constituido.

Otro dirá, frente a los amargos resultados cosechados por y para la izquierda más grande del continente, que la tercera era la vencida. Sin embargo, la cosa empezó antes, cuando los votos depositados por Lula presidente, apenas si alcanzaron para elegir a Dilma Rousseff, quien con esta realidad se vio forzada a hacer alianzas con la derecha brasileña, porque estaba en minoría para triunfar.

Ella juntó así, bajo esta táctica, la corruptela de sus asociados con Temer a la cabeza, con la recesión económica que golpea a casi toda Latinoamérica con pocas excepciones. De ese modo abrió el frente de la reacción al descontento de los sectores medios, deprimidos, y, a esta causa, vino el auxilio al reaccionario Bolsonaro de las arcas de la reacción agrícola.

Ésta, no exclusivamente financió el ascenso del “Arturo Ui” suramericano al gobierno. Este desastrado ex capitán del ejército, quien no concurrió a ningún debate público, sino que se dedicó a lanzar mensajes a través de las redes sociales, empleando algoritmos y big data.

Bolsonaro era un ilustre desconocido en la política brasileña, como que llevaba más de 20 años de diputado por el Estado de Río de Janeiro, y deliraba recordando los tiempos de la dictadura militar modernizante. Y por si quedaran dudas sobre su designio, escogió como fórmula vicepresidencial al general retirado Hamilton Mourao, y a un rutilante elenco de generales, tres en particular, Augusto Heleno, ministro de defensa; Oswaldo Ferreira, para la cartera de transportes, y Carlos dos Santos para el ministerio de seguridad pública.

Pasando la cuenta

“Brasil se militarizó, eligió la mano dura. La dictadura, la censura y ahora tendrá que responsabilizarse por su decisión.”
Regina Martins

La maniobra de un antiguo “aliado”, el abogado Temer, quien hoy se desempeña como presidente, luego de la caída de Dilma, prosperó. A pesar de ser señalado él mismo de corrupción, de haber receptado $ USD 3 millones. Ahora, quien fuera compañero de fórmula de Rousseff, garantiza que el poder ejecutivo siga bajo el control de la reacción.

Aunque el bloque en el poder, con Temer y Bolsonaro como aliados tendrá una férrea resistencia en el poder legislativo. Pero, el presidencialismo brasileño permitirá desmontar logros anteriores, y avanzar en el proceso privatizador, y en asegurar el comando del capitalismo financiero, al que los gobiernos de Lula y Rousseff no le hicieron ni cosquillas.

El gran desafío está a la vista, sacar al buey de la barranca recesiva. Así lo advierte el sociólogo expresidente, Fernando Henrique Cardoso, otro twittero consumado: “crear empleos, reducir el déficit y ganar la confianza.”

Gloria Helena Rey, cita en su artículo para El Tiempo a un periodista brasileño, Walter Carelli, quien poco simpatiza con el PT, y resume así la herencia de Lula, Dilma y Haddad: “Deja un país paupérrimo, sin educación y que tiene el récord insuperable de violencia en el mundo.”

Los casos de Colombia y México

En el mismo año 2018, sin embargo, tuvimos el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, Amlo, en México, mientras que en Colombia se perdió la oportunidad de derrotar al candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro, cultor de un progresismo atemperado por la disposición de luchar contra la corrupción, la defensa del medio ambiente, y la consecución de la igualdad social.

En Colombia triunfó también la fórmula orquestada por la reacción y la derecha conservadora, que posicionó a Iván Duque heredero del expresidente Uribe Vélez, probado antes en la campaña presidencial del Centro Democrático, que perdió con Juan Manuel Santos en la segunda vuelta, que lo llevó a participar de una conversación en el Brasil con Duda Mendoca, testaferro de Odebrecht para el pago de coimas y sobornos en la contratación pública de Colombia.

Pero, en Colombia, quedó también una oposición de diferentes matices, que tiene en la lucha contra la corrupción un pacto, en el cual, sin embargo, se coló el mismísimo presidente, para hacerle contrapeso, pensando en que el tránsito por el congreso, los puntos más comprometedores serán peluqueados. Haciéndolo después “inodoro, incoloro e insípido”.

Después vino el estallido de la crisis universitaria nacional, porque las universidades públicas, y las instituciones técnicas y tecnológicas están “más quebradas que un bulto de canela”.

La movilización estudiantil de cientos de miles en la calle ha hecho el gasto de reclamar enfrentando al gobierno, por la disposición presupuestal de $ 18,5 billones para enjugar los faltantes presupuestales en materia de funcionamiento, infraestructura e inversión.

Pero, en la noche del pasado viernes, de la reunión de rectores con el presidente, pareciera que salió humo blanco. Había caritas felices, en la medida en que el ejecutivo y sus ministros prometen que se dispondrá de $3.4 billones, para auxiliar a la moribunda educación pública superior.

Los pañitos de agua tibia gubernamentales se concretan en que en lo inmediato habrá una partida de $300.000 millones para el funcionamiento de las universidades del SUE, en lo que queda del año 2018. Es un logro, en lugar de los $55.000 millones ofrecidos que resultaban de desglosar una partida de $500.000 millones fraccionados en diversas destinaciones.

¿Quién dará la última palabra? El estudiantado movilizado ya en tres oportunidades, a lo largo de las tres pasadas semanas. Cuando este miércoles tendrá la cuarta cita en las calles y plazas, luego de estar haciendo sumas y restas durante el fin de semana, de una parte; y de otra, preguntándose en qué quedará su petitorio de 10 puntos.

Mirando hacia el río grande

Los desastres de la política neoliberal en América Latina, en particular, la que se tradujo en imposición regresiva de la fórmula mono-exportadora de petróleo y minería, tiene en ascuas al gobierno y la economía de Venezuela, por una parte; y por la otra, disparó la migración, el éxodo de los pobres, más pobres de Centroamérica.

Los hondureños, que tenían hace casi 10 años ha, la expectativa puesta en el régimen del presidente Zelaya, pobres y miserables, marchan por miles con rumbo a los Estados Unidos, centinelas de la región, y responsables de su desastre. A esa caravana del hambre se le unieron también guatemaltecos y salvadoreños, que durante los años 80 y 90 padecieron una guerra civil, cuyas heridas fueron mal curadas.

El presidente Trump les ha prometido que los recibirá con el ejército imperial en la frontera que marca el río Grande, que preserva la cicatriz del robo hecho impunemente del territorio mexicano en la segunda mitad del siglo XIX.

Pues bien, miles de centroamericanos caminan con su esperanza y decisión por los estados de Chiapas, primero, y ahora, Oaxaca, aunque el presidente Peña Nieto trata de pararles su marcha, con diversos argumentos. Sin embargo, este éxodo más que bíblico se torna imparable.

Esta serpiente humana

Este Quetzacoatl redivivo, se desliza con decisión descubriendo los pies de barro de los opulentos Estados Unidos, que viven una prosperidad pasajera, que no sólo le dio el triunfo a Trump, sobre una pacata fórmula demócrata, que prefirió a Hillary en lugar de Bernie, sino que "transforma" a Mr. Donald el defensor de los trabajadores estadounidenses, en aparente combate a los estragos del neoliberalismo que tantas cicatrices dejan en su propio territorio.

Convirtiéndolo ahora, dizque en el campeón del proteccionismo. En pocas palabras, la guerra comercial entre Estados Unidos y China socialista es el grotesco colofón de la era neoliberal, en la que guerra y democracia son los extremos visibles.

En ese escenario global, Brasil es síntoma de la destorcida neoliberal, cuya muerte se aplaza con todo tipo de perversiones sociales, bajo una misma tenebrosa impronta, el fascismo social que es la epidemia que se extiende de norte a sur. Mientras que la recesión enseña las orejas en el curso próximo de la economía global.

En ese oscuro, nublado horizonte, las luchas de centroamericanos, marcadas por la marcha de la dignidad hondureña; la intempestiva lucha de los estudiantes colombianos contra la asesina receta neoliberal, y la resistencia de los trabajadores del PT y los pobres del nordeste brasileño se convierten en un fundamental control sanitario.

Ellos son un muro de resistencia que auxilia el ejercicio reformista social prometido por Amlo y Morena, del otro lado del Río Grande, para que abran un boquete en la trampa mortal del capitalismo financiero desatado para una mayor, más “libre” explotación de los muchos a escala global.

Edición 612 – Semana del 2 al 8 de noviembre de 2018
   
 
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