Electricaribe: una sola sombra larga

 

Ahora el gobierno nacional tiene un plan de salvamento. ¿Cómo hacemos para saber si este si será el salvavidas de verdad? ¿El problema sí es de salvavidas y no más bien de cortar de raíz y empezar de cero aprovechando lo rescatable? Es que desde hace muchos años todos los planes pensados e implementados son “ahora sí esto es”, pero nada, el problema sigue y además se ahonda cada mes, cada año, cada lustro.

 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, periodista y escritor
 
 

Como todos los países Colombia tiene muchos problemas: unos más graves que otros, otros más antiguos que unos, y unos más claros que otros. Problemas para escoger es lo que tenemos por doquier. Y para solucionarlos están los gobiernos con su creatividad, poder y liderazgo que convoque, no solo a todas las ramas del poder público, sino también a todos los ciudadanos.

Entre todos esos problemas, nuestro país tiene uno que desde hace mucho tiempo dejó de ser problema para ser vergüenza: El pésimo servicio de energía de la región Caribe que tiene un nombre: Electricaribe.

Me duele. Ya son varias las columnas que he escrito sobre esta “sola sombra larga” y qué pena valerme del Nocturno III del gran Silva, pero ¿ajá?

Quienes viven o hemos vivido en tan importante y bella región sabemos que gran parte de su problemática radica en esa oscura empresa sea de quien fuere y manéjela quien la maneje. La pésima y costosa prestación del servicio de energía es fuente de subdesarrollo, pobreza y mala calidad de vida. Y bajo una mirada personal, quienes viven y hemos vivido allí sentimos en carne, calor y dolor propios lo que es pasar varias horas al día, varios días a la semana, y varias semanas al año durante años sin energía o pagando costosas plantas eléctricas quienes pueden hacerlo.

Apagones inesperados –muchas veces consecutivos– de corta, mediana y larga duración, en especial en temporadas de turismo cuando aumenta la población, hacen que uno viva en constante zozobra e incertidumbre porque no sabe en qué momento deba suspender las actividades que esté realizando o pierda la labor hecha, sean de cualquier tipo. Además, son ya incalculables los daños en los aparatos eléctricos ante esos apagones y los constantes cambios de voltaje.

Y hay más: Pululan las sorpresitas cuando sin falta llegan las facturas -por lo general en vísperas del plazo de pago cuando no el mismo día sino luego- pues no se explica uno ni nadie le explica a uno el porqué de extrañas alzas de consumo.

Es un desastre y lo expreso con sufrimiento de causa.

¿Qué pasa, si Electricaribe es uno de esos problemas ya más que diagnosticados, ubicados, medidos, contados, pesados y sonados? ¿Qué pasa con un problema que lleva años sin que se mueva un ápice? ¿Qué pasa con un problema al que se le han pensado e intentado decenas de soluciones?

Pasa falta de planeación, pasan bajísimas inversiones, pasa desidia y pasa corrupción. La “cultura” del no pago y el robo de energía que tanto aducen como disculpa, y que sin duda hay que atacar, son males no solo de la región Caribe sino del resto de Colombia donde pese a su gravedad no han impedido que el servicio se preste muchísimo mejor –en unas partes mejor que en otras, sí– pero nunca en la pésima calidad y costos como en la región Caribe.

Ahora el gobierno nacional tiene un plan de salvamento. ¿Cómo hacemos para saber si este si será el salvavidas de verdad? ¿El problema sí es de salvavidas y no más bien de cortar de raíz y empezar de cero aprovechando lo rescatable? Es que desde hace muchos años todos los planes pensados e implementados son “ahora sí esto es”, pero nada, el problema sigue y además se ahonda cada mes, cada año, cada lustro.

Si se invierte en el problema, si se le mete más plata al barril sin fondo, sí entran operadores nuevos que es lo hoy previsto -pero que habrá que ver cómo, cuándo, a cuánto y quiénes-, si se le cambia de nombre “a la colombiana”, si sea lo que se sea, es difícil humanamente ver la luz de la región Caribe al final del túnel frente a tantos intentos del pasado que aunque parezcan un amasijo macondiano afectan a todo el país de diversas maneras.

Quiero equivocarme, ser optimista, pero ya hay algo que no me gusta de la propuesta del gobierno nacional: Que la aparente solución a semejante problema de años haya sido usada como anzuelo para salvar el Plan de Desarrollo cuyo proyecto cursa en el Congreso y que, además, su majestad don Alberto y Carrasquilla pretenda que todos los ciudadanos paguemos en las cuentas de energía gran parte de ese apagón continuado que ha sido de-generado por desidia y corrupción.

Quiero equivocarme, pero desde el desayuno se sabe... Me temo que esta propuesta seducida con dulce mermelada, “toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas”, alargará más esa “sola sombra larga” que impide la fotosíntesis plena de la sufrida y hermosa región Caribe colombiana.

Edición 630 – Semana del 5 al 11 de abril de 2019
   
 
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