Ropa extendida

 

La ropa tendida es valiosa sin duda, y más cuando se tiene poca. Pero incluso los ciudadanos que solo tienen una muda bien hubieran merecido al menos la boca del ministro muda. Sin embargo, por grave que sea el hurto de la escasa ropa extendida, suena ridícula la frase frente a la alta criminalidad que asciende en todo el país.

 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, periodista y escritor
 
 

- ¡Mamááá, se están robando la ropa!

- Déjalos niña, bastante tenemos qué hacer. Además, ni siquiera sabemos si tu papá se la pondrá de nuevo luego de que esos hombres se lo llevaron.

Como los lectores informados notan, esta columna está motivada por el señor ministro de defensa, Guillermo Botero, quien en un taller “Construyendo País” realizado el pasado fin de semana en Puerto Carreño (Vichada), expresó públicamente para referirse a la disminución de la criminalidad del departamento y su capital:

“Tengo aquí solo buenas noticias, son todas positivas. Hace muchísimos años aquí no se conoce lo que es un secuestro y los crímenes van a la baja. Lo único que se nos está presentando aquí es el hurto a residencias. Son unos hurtos menores y están muy concentrados, increíblemente, en el robo de ropa que está siendo extendida en unas cuerdas para su secado y verdaderamente aprovechan, mayoritariamente”.

Luego del lógico abucheo al ministro por parte de los asistentes, el congresista por ese departamento Camilo Arango criticó las cifras y respondió que la delincuencia en la zona es mayor: “Es totalmente falso. Que lleguen a una conclusión de que la delincuencia acá es que se roban la ropa en los patios de la casa y den esos resultados es una falta de respeto, sabiendo lo que está pasando en estos momentos aquí, que a Puerto Carreño se lo está comiendo la delincuencia”.

Ciertas o no las cifras, y sean cuales fueren las tendencias en ese territorio de Colombia, la frase del señor ministro fue desafortunada por inoportuna tanto en modo como en lugar y tiempo. La ropa tendida es valiosa sin duda, y más cuando se tiene poca. Pero incluso los ciudadanos que solo tienen una muda bien hubieran merecido al menos la boca del ministro muda. Sin embargo, por grave que sea el hurto de la escasa ropa extendida, suena ridícula la frase frente a la alta criminalidad que asciende en todo el país.

Así como lo dijo y desea con la protesta social, ¿también el ministro querrá reglamentar la colgada de ropa?

*  *  *

Ropa extendida. Ropa colgada. Por alguna razón extraña siempre me ha llamado la atención esa ropa, o sábanas o colchas o manteles o hasta cortinas, telas y tejidos de cualquier fibra, esa intimidad de variados colores y de todo tipo que la gente extiende sobre mangas, que cuelga de cuerdas o alambres predispuestos o hasta sobre cercos de púas para que el sol o el viento la seque.

¿Por qué razón? ¿Será porque esos tejidos pintan de colores el cielo, el aire y los prados? ¿Será porque dan idea de quiénes habitan cerca? ¿Será porque indican un hogar? ¿Será porque denotan limpieza? ¿Será porque anuncian agua y vida?

(Recuerdo que muy pequeño –curioso que siempre he sido– le pregunté a mi madre si esa ropa puesta a secar sobre los alambrados de púas no se rompía. Mi madre me dijo que no, que la ponían con cuidado encima y nada le pasaba, que era la costumbre. Mi pregunta surgía porque recordaba lo difícil que era pasar entre los cercos de alambrados de púas sin romper camisa o pantalones, pasaje que antes era muy usual y hoy ya poco sucede, tema que también da para otro escrito porque tiene su explicación social).

Y esos trapitos no se sacan al sol únicamente colgados o puestos en alambres o mangas. También es común verlos en balcones, ventanas y azoteas de edificios o casas de ciudades, pueblos y veredas. Pese a la oposición de muchos porque afean las fachadas o porque “bajan el estrato social” –por lo general los reglamentos lo prohíben en vano–, el variopinto mosaico de ropa colgada es un fenómeno cultural que es y ha sido parte del paisaje urbano de la gran mayoría de ciertos barrios en casi todas las ciudades y poblados del mundo. Es una riqueza cultural. Si la alta costura impuso los bluyines rotos que se llevan con elegantes chaquetas, ¿por qué no coloridos chiros colgando de elegantes apartamentos?

Yo quiero un país con la ropa secándose libre al aire y al sol; con niños jugando sin peligro en la calle, en los parques y entre los colores de las montañas; con gente sentada en andenes y corredores viendo el atardecer; con pescadores de noche; con líderes sociales tejiendo nación; con aulas llenas de estudiantes. Quiero un país alegre, vívido, optimista y esperanzado. Un país donde todos puedan ensuciar su ropa trabajando dignamente y donde luego de ser lavada pueda extenderse bajo el cielo.

Eso: Quiero un país lleno de colorida ropa colgando o puesta en alambres, prados, balcones y ventanas e, incluso, atravesando calles de casa a casa como puentes entre hogares. Son esas cosas que muestran que hay un ritmo, que la gente va y viene, que hay vida viva. La ropa extendida ulula música y danza cuando la mece el viento.

Quiero un país cuya bandera extendida cubra todo el territorio de frontera a frontera.

Edición 642 – Semana del 6 al 12 de julio de 2019
   
 
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