Llamado a una solidaridad con el planeta

 

El presente informe tiene dos partes, la primera la dedico a la crisis planetaria que enfrentamos y que pide a gritos ir más allá de las declaraciones en un compromiso serio y coherente de políticas y acciones en favor de la naturaleza. En la segunda transcribo una pequeña nota que hice desde la India –donde me encontraba– con ocasión del fallecimiento del formidable escritor e intérprete de la realidad colombiana, Alfredo Molano Bravo, el pasado 31 de octubre.

 
Jaime H. Díaz Ahumada
 
PhD. Director Corporación Podion
 
 

Egoísmo y crisis planetaria

Vivimos una situación de crisis planetaria por la insensatez, ambición e ignorancia de hombres y mujeres que ponemos en riesgo la supervivencia del planeta que nos alberga.

El origen de esta crisis en buena cuenta tiene su raíz en el egoísmo que da primacía –muchas veces absoluta– al yo, en detrimento del otro, de los otros, en el que necesariamente está involucrada la naturaleza, pues la disputa es sobre ella y en detrimento de ella.

Las señales de agotamiento de nuestro planeta se hacen evidentes, cada vez más, en las catástrofes ambientales y en el progresivo cambio climático. Los niños y los jóvenes comienzan a reaccionar de manera creciente y cada vez más contundente, pues ven su futuro comprometido por causa del egoísmo de los mayores y sobre todo de los poderosos que quieren utilizar el mundo a su antojo, sin poner límite a sus ambiciones desmedidas.

Los pueblos originarios que se sienten parte de la naturaleza nos enseñan que el concepto del territorio rebasa totalmente el concepto mercantilista de la tierra, en cuanto al uso, abuso, compra y venta del mundo capitalista, con las graves consecuencias del cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales y las hambrunas que producen.

A instancias y presión del movimiento ambientalista, en algunos países se comienza a legislar reconociendo a ríos y territorios como sujetos de derechos y, por tanto, como víctimas por la depredación y por ello como sujetos de restitución.

El Papa Francisco ha escuchado el clamor de niños y jóvenes, de los pueblos originarios, de movimientos ambientalistas y, sobre todo el gemido de la madre Tierra que aboga por que se tomen medidas sin dilación, porque en su supervivencia está la supervivencia de todos los seres vivos.

El Papa Francisco en la Encíclica Laudato Si´ hace un llamado a la humanidad para que se incluya en el trabajo por la paz y la reconciliación, el compromiso por la justicia en relación con el medio ambiente, que demanda ser respetado y recreado, y no destruido. El grito de los pobres y el grito de la madre tierra son uno solo. Como clave de nuestro compromiso, llama a la libertad para transformar nuestra relación con la naturaleza, con el mundo en el que vivimos, con los otros ya sea que estén cercanos o lejanos, pues el cambio climático nos afecta a todos. Tenemos un solo mundo, por eso desde donde estemos debemos unir nuestros esfuerzos, compartir nuestras experiencias y saberes, unir nuestras voces y luchas, para que nuestro planeta tenga un futuro digno y sano.

El reto por la vida del planeta es de una envergadura descomunal, máxime cuando en poderosos centros de poder se niega la catástrofe global porque prima el afán de lucro a corto y mediano plazo. Presidentes y dirigencias de países poderosos niegan la existencia del cambio climático, mientras sus países arden literalmente, como son los casos de Brasil y Australia, o se ríen de ella e incentivan el consumismo, como lo hace el Sr. Trump en Estados Unidos. Entre tanto países como China en desaforada carrera busca su “desarrollo” depredando al menor costo en su propio territorio y allende las fronteras, en Asia, África y América Latina, donde muchos gobiernos se ofrecen para que se violen “sus” territorios.

Una ética desde lo personal a lo comunitario para llegar a lo planetario

La ética de la persona solidaria lleva al reconocimiento en el otro de la dignidad personal que el sujeto reclama para sí; abre el camino al respeto y al amor, incluso de los adversarios. La ética de la persona solidaria debe concretarse en el compromiso por la vida de todos. Y la vida de todos no es posible sin la solidaridad con el medio ambiente, que nos coloca en una vivencia connatural y, por consiguiente, en armonía con nuestra “casa común”, según nos invita el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si´, y que se constituye hoy en una de las vertientes más apreciadas y combativas de las nuevas generaciones, tanto en el norte como en el sur, en el oriente como en el occidente, que al unísono reclaman el cuidado del planeta.

La ética individualista de personas, empresas y de Estados, en su lógica depredadora y egoísta, está llevando a la humanidad y al planeta a un despeñadero irremediable.

La solidaridad debe estar situada, no se hace de forma genérica y con declaraciones; debe hacerse de forma concreta e históricamente situada. Se hace mediante gestos concretos de amor; debe ser transformadora, creativa y audaz. La solidaridad debe buscar una vida digna para todos y, por ello, la lucha contra la injusticia y la inequidad.

La solidaridad es escoger la vida. Hemos sido testigos que, ante la generosa entrega en bien de los otros, de la humanidad y de una naturaleza sana, el egoísmo de algunos ha quitado la vida, ha herido y desplazado a personas y comunidades enteras. Hoy se suman a las víctimas por la defensa de los derechos humanos, por la construcción de la paz con justicia social, el asesinato y ataque a líderes y lideresas ambientalistas. Colombia es el segundo lugar en el mundo, donde a líderes ambientalistas se les ha quitado la vida.

La solidaridad es una praxis del amor. El auténtico amor debe ser continuo y también convertirse en ortopráxis. Pueden llegar momentos de cansancio, de nubarrones que buscan que detengamos la marcha. Tenemos que reinventarnos, persistir, siempre estar de pie, aunque las rodillas nos empujen a detener la marcha. Ese proceso continuado de la solidaridad implica un mutuo dar y recibir. La naturaleza es pródiga cuando la respetamos y tratamos con amor, nos devuelve sus frutos con generosidad y belleza. Procura nuestro alimento, calma nuestra sed y llena a plenitud nuestros pulmones.

Estamos con los otros y somos para los otros, así nos realizamos. La lucha por la habitabilidad de la “casa común” se lleva a cabo con los otros, en sociedad, como ciudadanos que tenemos responsabilidades que van desde el “ethos” a la “polis”, desde las convicciones a las acciones, desde los enunciados a las ejecuciones. Si levantamos nuestra mirada al horizonte y trascendemos al inmediatismo, veremos que las generaciones futuras con todo derecho y seriedad nos exigen responsabilidad con el planeta que nos ha sido entregado en préstamo para que vivamos en él cuidándolo, para entregarlo sano y posible a los que nos siguen.

Siempre podemos más, si así lo queremos. Dar y construir hace posibles nuevos horizontes. Las semillas se pueden convertir en árboles frondosos. Las pequeñas experiencias de los sencillos nos señalan el camino y alimentan nuestra esperanza. Cuán grata es la solidaridad cuando la realizamos. Podemos sentir el gozo y la alegría desde el fondo de nuestras entrañas, aunque encontremos fracasos en el camino. Pero los caminos de la vida no están pavimentados, debemos construirlos con tesón, vencer los tropiezos. Así valen más.

En memoria de Alfredo Molano Bravo

Chennai (Madrás – India), 1 de noviembre 2019.

Recibo la triste noticia del fallecimiento, el día de ayer, del gran colombiano y querido amigo Alfredo Molano Bravo, quien estaba entregado a escuchar a las víctimas de la Orinoquía sobre la dura y triste realidad de violencia sufrida por décadas. Ahora como Comisionado de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV). La Orinoquía fue un territorio querido y trasegado por Alfredo desde sus tiempos de universidad.

Alfredo Molano ha sido un maestro de tenis y mochila, que ha marcado el país en favor de las causas más nobles de justicia, equidad, democracia, verdad y paz. Recorriendo los caminos de la ruralidad ha evidenciado los orígenes del conflicto y la violencia que padecemos y no termina.

Alfredo fue un personaje, sencillo, amable, siempre a la escucha y con los ojos puestos en las profundidades de los territorios y personas que describía.

Tendría muchas anécdotas que pude vivir cerca de él. Voy a recordar dos. La primera se dio ante mi insistencia que visitara Buenaventura. Él me decía con calma, que la problemática en ese puerto permanecía y que iría en un momento oportuno.

Un día recibí un pequeño y un tanto confuso WhatsApp de un sacerdote, que decía que, al hijo de crianza –de unos 17 años– de la empleada de la parroquia, lo habían desaparecido y al parecer asesinado cruelmente. Sin más se lo reenvié a Alfredo. Inmediatamente me llamó y me dijo que iría a Buenaventura y el domingo siguiente en El Espectador en primera página y en dos páginas interiores completas apareció la denuncia de las “casas de piqué” que han mostrado el total desprecio a la vida y los valores, causados por la codicia y el control territorial.

La segunda hace referencia a la promulgación por el papa Francisco de la Encíclica Laudato Si´. El día que se iba a promulgar, Alfredo me llamó a las 7:00 de la mañana, preguntándome si ya tenía el texto de la encíclica. Mi respuesta fue que no, que se esperaba fuera entregado horas más tarde.

Curioso ingresé a mi correo electrónico y la encontré, pues un amigo que tuvo acceso por el envío que hizo el Papa en primer lugar a unos cardenales, me la había enviado. Le remití el documento a Alfredo. Que durante ese día se leyó todo el texto para su columna dominical. Y diría que es la primera vez que lee un texto completo de un Papa. Y llamándome más tarde me dijo que la causa de la “Casa Común” era lo más revolucionario hoy y que ese Papa lo había impactado profundamente.

De común acuerdo, por encargo de Podion y el CEP del Ecuador, nuestro amigo Alfredo hizo la investigación y el libro: “Del otro lado”, sobre la migración al Ecuador de colombianos por la violencia y el conflicto. Plasmo aquí historias de vida de colombianas y colombianos, hechos a punta de: coraje, creatividad, verraquera, viveza, emprendimiento y otros valores, como también falencias a las que se vieron obligados por el destierro y la pobreza.

Un segundo libro realizado a solicitud nuestra (el último realizado por Alfredo), y que presentamos hace dos años en la Feria Internacional del Libro en Bogotá, se titula “De río en río” y es la historia de dolor, atropellos, saqueos, pero también resistencia, valentía, tesón e identidad de las gentes del Pacifico colombiano. Este último fue un encargo de la Coordinación Regional del Pacifico colombiano, de la que Podion forma parte y tuvo la responsabilidad de los acuerdos con Alfredo.

Su amistad y su deferencia para con nosotros en Podion y para con nuestros trabajos, nos ha dado luces y fuerzas en la lucha.

La CEV se queda huérfana de la persona que mejor conocía e interpretaba el país de los hermosos paisajes e increíble biodiversidad, pero también de la pobreza, la violencia, la injusticia y el desgobierno, padecido por indígenas, afrodescendientes y campesinos que lo habitan en los inmensos campos de Colombia.

Alfredo un caminante sin pausa ha continuado su camino en otras dimensiones, pero sus huellas y denuncias imborrables para el país, son lacerantes gritos de justicia, verdad, democracia, respeto y equidad. Su indeclinable compromiso por los más pobres, los atropellados, las víctimas y entre ellas la naturaleza, nos indican un camino que siempre debemos seguir haciendo.

Edición 667 – Semana del 1º al de 7 febrero de 2020
   
 
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