Violencia, idiotez y paz

 

A todos esos buenos samaritanos, “de izquierda” o de “derecha”, quiero recordarles que la comprensión de la violencia como “partera de la historia” ha sido explicada ampliamente por Carlos Marx –en particular en los capítulos 24 y 25 de “El Capital”, que constituye un verdadero tratado acerca de los orígenes y el mantenimiento de esa “violencia organizada”.

 
Julio César Carrión Castro
 
Universidad del Tolima
 
 

...Y encontré mi ilusión desvanecida
y eterno e insaciable mi deseo:
palpé la realidad y odié la vida;
sólo en la paz de los sepulcros creo...
José de Espronceda

A todos esos buenos samaritanos, “de izquierda” o de “derecha”, sobrecogidos hoy por la inefable derrota de los “violentos”, a los insobornables promotores de la graciosa “no-violencia” y a quienes han claudicado y renegado del sagrado derecho a la rebelión, a la insurrección, a la protesta, a la inconformidad, incluso a ser contestatarios y al uso de la “legítima defensa”, pero que continúan aceptando, el tramposo subterfugio de la “violencia organizada” y del monopolio de la violencia por parte del Estado, quiero recordarles que la comprensión de la violencia como “partera de la historia” ha sido explicada ampliamente por Carlos Marx –en particular en los capítulos 24 y 25 de “El Capital”, que constituye un verdadero tratado acerca de los orígenes y el mantenimiento de esa “violencia organizada”.

Establece Marx: “La acumulación originaria viene a desempeñar en la Economía política más o menos el mismo papel que desempeña en la teología el pecado original. Adán mordió la manzana y con ello el pecado se extendió a toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándolos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos —se nos dice—, había, de una parte, una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. Es cierto que la leyenda del pecado original teológico nos dice cómo el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su rostro; pero la historia del pecado original económico nos revela por qué hay gente que no necesita sudar para comer. No importa. Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja. De este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer, aunque ya haga muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar”.

Marx califica este tipo de argumentos como “niñerías insustanciales”...

Con un vocabulario detallado y preciso, señala Marx las maneras que los capitalistas emplearon para lograr esa acumulación originaria del capital: expropiación, avasallamiento, masacres, engaño, crímenes, saqueo, rapacidad, incendios, robo, traición, estafa, corrupción, asesinato, infamias... La brutalidad y la barbarie están instalados en los cimientos de las relaciones sociales de producción capitalista; en su historia, en la génesis de las sociedades burguesas.

Tomando como ejemplo a la Gran Bretaña –donde fue más clara la aparición del modo de producción burgués–, Marx nos muestra de qué manera dicha acumulación originaria capitalista operó mediante la expropiación y el saqueo y nos enseña cómo esas acciones de violencia continúan en el permanente enfrentamiento de los asalariados –presuntamente “libres”– y los “honestos” capitalistas con todos sus agentes y aparatos, no sólo de represión, de opresión y de explotación, sino con aquellos otros especializados en el adoctrinamiento, la ideologización, la regulación y la normalización de las personas que llevan a la aceptación del statu quo, como base real de una violencia que se convertiría en estructural. Dice Marx, refiriéndose a la llamada apropiación originaria del capital: “Esta expropiación está inscrita en los anales de la humanidad en caracteres de sangre y de fuego”.

Se trata de una explotación estructural, que siempre se impuso por la violencia, a sangre y fuego, pero que hoy ha llegado a expresarse en una violencia “suave”, en lo que se conoce como el “genocidio social” que implica la aceptación pasiva por parte de una ciudadanía, apática e indiferente, de las cotidianas muertes por hambre, por desnutrición y por enfermedades que podrían ser curadas mediante la utilización justa y equitativa de los servicios médicos y asistenciales, así como con el desmonte de las empresas criminales; esas las grandes empresas farmacéuticas y los organismos prestadores de los servicios de salud puesto al servicio del interés de lucro y no del bienestar social como se publicita.

Opresión, explotación estructural que ha significado también la imposición de la obediencia acrítica y la subalternidad mediante las tramas y artimañas que impone el sistema escolar, la manipulación mediática y, en general, la pedagogización del mundo de la vida, que produce como resultado esa especie de zombis “pacifistas” adscritos bobaliconamente en la defensa del “orden establecido”. Toda esa idiocia contemporánea, citadina o provinciana, de “pacifistas”, convencidos de que el pretendido “orden” policíaco que vivimos, constituye el triunfo inobjetable de la “Paz”.

Edición 668 – Semana del 8 al de 14 febrero de 2020
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía.
Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus