El reordenamiento territorial 4G

 

Hoy, que Colombia poco a poco va recibiendo esa nueva articulación tejida por las llamadas vías de cuarta generación (4G), la suerte de muchos poblados y municipios tomará un rumbo diferente. Las vías 4G, no solo serán una revolución económica nacional, sino que serán una revolución territorial con todo lo que ello implica para una gran extensión del país.

 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, periodista y escritor
 
 

Las poblaciones nacen y crecen por circunstancias geográficas, sociales o económicas: la topografía, la cercanía de agua, el clima, la proximidad de fuentes de ingresos humanas o naturales, y las vías que las cruzan o pasan a poca distancia, entre otras.

Pero, así como una o varias de esas circunstancias y hechos potencian las poblaciones, su variación puede hacerlas estancar o hasta decrecer. Es el caso de las vías -por lo general carreteras nacionales- a cuya vera o proximidad han nacido y se han desarrollado desde caseríos y corregimientos hasta municipios y capitales de departamentos.

Claro, muchos de esos asentamientos van tomando vida propia y se vuelven polos de desarrollo sobrepasando la influencia de las vías. Por ejemplo, una ciudad como Pereira, pese a tener una fundación histórica remota, debió su gran crecimiento a que fue un cruce necesario de vías nacionales. Sin embargo, hoy es una ciudad cuya ubicación como asentamiento portuario terrestre dejó de ser hace mucho tiempo su determinante principal. La “trasnochadora, querendona y morena” pasó a ser una pujante capital con autonomía, independiente de ser encrucijada.

Hoy, que Colombia poco a poco va recibiendo esa nueva articulación tejida por las llamadas vías de cuarta generación (4G), la suerte de muchos poblados y municipios tomará un rumbo diferente. Las vías 4G, no solo serán una revolución económica nacional por acortar distancias entre grandes centros de producción y comercio, sino que serán una revolución territorial con todo lo que ello implica para una gran extensión del país. Serán, nada más y nada menos, un factor de reordenamiento territorial que me temo no ha sido pensado aún así, al menos con la profundidad que se merece.

Muchas economías locales dependen de satisfacer las necesidades de los usuarios de las vías: alimentación, hospedajes, servicios automotrices, artículos diversos y otros requerimientos. También las vías han propiciado con éxito la oferta de productos agrícolas, derivados y manufacturados propios y típicos de ciertas localidades y regiones.

Cuando pierdan su nicho de paso obligado la mayoría de esos productos y servicios no encontrarán demandas o éstas disminuirán hasta puntos insostenibles. O se encarecerán para dejar de ser apetecibles. Sucede siempre que se construye una nueva carretera por territorios diferentes. Hay poblaciones que saldrán de los circuitos económicos departamentales y nacionales, y otras que entrarán y hasta se formarán debido a su ubicación para con las nuevas autopistas.

La construcción y el mejoramiento, o el deterioro y la desaparición de una sola vía pueden hacer aparecer y mejorar, o deteriorar y desaparecer todo un territorio con sus muchos o pocos habitantes.

Seguramente esto ya se ha pensado por los gobiernos, pero no sé hasta qué punto y cómo se trabaje en ello. En especial, los gobernadores tienen acá una tarea fundamental: entender el inmenso impacto socioeconómico que esta revolución traerá para sus territorios.

Reto para los gobernadores:

Pensar, analizar y elaborar minuciosamente y con profundidad el nuevo mapa que en sus departamentos están dejando y dejaran las vías 4G. Formular estudios sociales y económicos subregionales y locales para afrontar esta nueva realidad. No permitir que dichas vías sean solo corredores de paso (raudo); entender que por donde pasan (y dejan de pasar las viejas rutas) hay vida económica y social activa que requiere de nuevas miradas y desarrollos. Y, ojo: esos estudios, mapas y planes deben tener diversas escalas: no solo ir a la vereda (o hasta negocio o finca, casos sabemos), corregimiento o municipio, sino a toda una subregión para lograr soluciones compartidas y complementarias.

La realidad no da espera y pongo un ejemplo en Antioquia válido para todo el país: Cuando entre en funcionamiento la nueva carretera a la costa Caribe, ¿qué sucederá con las decenas de caseríos y municipios ubicados a la vera de la troncal del norte, entre Barbosa y Caucasia? Y, por otro lado, ¿cuáles serán las repercusiones socioeconómicas en los municipios, poblados y campos que casi serán descubiertos por la nueva vía que cruza el Nordeste y el Bajo Cauca antioqueños? Sus habitantes ya han manifestado preocupación. ¿Están siendo escuchados cómo debe ser? Cualquier obra de infraestructura debe priorizar al ser humano que de alguna manera es tocado o relegado por ella.

Desarrollo o abandono, esa es la cuestión.

Uno y otro caso pueden traer buenas o malas consecuencias según como se proyecte y planifique el desarrollo frente a la nueva realidad vial. Lo que sí es un hecho es que la vida de esos habitantes cambiará de manera radical. Impedir, mitigar, innovar, potenciar y formular planes de adaptación es función de los gobernadores consultando las comunidades y en conjunto con los alcaldes y con la participación y ayuda tanto de los concesionarios como de la nación.

Se trata de repensar grandes extensiones del territorio colombiano. De entender y aprovechar este reordenamiento territorial 4G que se nos vino encima.

Edición 669 – Semana del 15 al de 21 febrero de 2020
   
 
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