8 de marzo, feminista y popular

 

El cuidado NO es nuestra obligación y lo que pedimos no es que nos ayuden como si se tratara de una carga exclusivamente nuestra. Por eso nos movilizamos y nos negamos a que esta fecha se convierta en un repertorio de “cualidades femeninas” como la belleza, la delicadeza y el cuidado de otros/as pues todas esas pseudo cualidades son cómplices de la manera como se nos relega permanentemente a unos oficios específicos y a un trabajo desigual.

 
Silvia Quintero Erasso
 
Regional Bogotá – Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

En la actualidad, el 8 de marzo es ampliamente reconocido como el día internacional de la mujer (así, en singular), sin embargo, difícilmente se habla acerca de esta fecha como el día de las mujeres trabajadoras y como un momento que no debería pensarse en función del exaltamiento de valores que han sido atribuidos socialmente a las mujeres: como su delicadeza, belleza y cuidado, en lugar de plantear la necesidad de que esta fecha sirva para conmemorar las luchas de las mujeres por igualdad de derechos y la necesidad de que exista un compromiso amplio con la equidad de las mujeres.

Un pequeño recuento histórico

A principios del siglo XX en Estados Unidos tuvieron lugar una serie de protestas de mujeres trabajadoras en fábricas textileras, en la búsqueda de mejorar sus condiciones laborales. Uno de los sucesos más importantes de estos procesos de movilización fue el ocurrido en 1911 en la textilera Triangle Shirtwaist de Nueva York, en donde más de 140 mujeres murieron calcinadas en un incendio ocurrido en la fábrica donde ellas habían sido encerradas como medida de contención de la protesta.

La tragedia de la Triangle Shirtwaist tuvo eco internacional y generó que en distintos países empezara a reconocerse un día nacional de las mujeres trabajadoras, iniciativa que se fue extendiendo en cada vez más lugares hasta consolidarse finalmente el 8 de marzo como el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras.

Si bien, es necesario mantener la memoria sobre lo sucedido en Estados Unidos, vale la pena llamar la atención sobre el hecho de que en esta fecha deberíamos recordar las luchas y protestas que cientos de mujeres han llevado a cabo alrededor del mundo y que, de hecho, a inicios del siglo XX muchas mujeres artesanas, textileras, lavanderas, telefonistas, y maestras protagonizaron una importante ola de protestas en distintos lugares de Colombia.

En las fábricas textileras, por ejemplo, el trabajo se desarrollaba en condiciones deplorables. Las jornadas eran extensas y no tenían un límite claramente establecido, no existía el pago de horas extra (no sobra decir que aún hoy este derecho no existe para la mayoría de trabajadoras/es precarizadas/s del país), las mujeres eran sancionadas de manera arbitraria y se les imponían multas sin que existieran normas claras al respecto; los castigos y sanciones estaban dados simplemente por la voluntad de los capataces, quienes en numerosas ocasiones imponían cobros a aquellas que se resistían a ser abusadas sexualmente. Además, había multas cuando se ausentaban por enfermedad –independientemente de si presentaban la debida justificación médica–, cuando se averiaban las máquinas de trabajo o cuando llegaban tarde a trabajar.

En 1922 estalló la primera gran huelga de mujeres en una fábrica de textiles en Bello, Antioquia. Más de 400 mujeres se resistieron a continuar trabajando mientras no se les garantizara una jornada de trabajo justa y el establecimiento de una regulación clara sobre el régimen de multas y sanciones que sustituyera el libre albedrío de los jefes y capataces.

Las mujeres que protagonizaron esta huelga también exigían que hubiera igualdad salarial puesto que ellas recibían entre $0.4 y $1.00 peso a la semana, mientras que los hombres por igual trabajo recibían entre $1.00 y $2.70 pesos. Betsabé Espinal fue una importante lideresa de esta huelga que se mantuvo durante 21 días y que culminó con la aceptación de sus peticiones por parte del dueño de la fábrica textilera.

La huelga de la fábrica de Bello se convirtió en fuente de inspiración para muchas mujeres que trabajaban también en condiciones injustas y que protagonizarían durante las primeras décadas del Siglo XX, numerosas protestas tanto en fábricas textileras –principalmente en Antioquia–, como la huelga de telefonistas de la Bogotá Telephone Company (hoy ETB).

Mientras tanto, en Montería se encontraba Juana Julia Guzmán quien junto al anarquista Vicente Adamo, creaba el Centro de Emancipación Femenina y que más adelante fundaría la Sociedad de Obreras de la Redención de la Mujer de la que fue presidenta cuando tenía 27 años.

En esta sociedad se hablaba de temas como la independencia de los partidos políticos tradicionales y la importancia de la lucha conjunta entre hombres y mujeres. A partir del trabajo que allí se realizaba, se construyó un hospital, una escuela obrera y una biblioteca popular en cuya fachada se puso una bandera con los tres ochos que simbolizaban las ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de sueño. Asimismo, en la sede de la sociedad había una imagen de una mujer planchando como símbolo de la labor de cuidado que recaía en las mujeres. El primero de mayo de 1920, las mujeres pertenecientes a esta sociedad salieron a las calles a reivindicar su lucha contra el machismo y a reclamar los principios de “libertad, igualdad y fraternidad”.

Aunque los espacios de participación política de las mujeres eran casi inexistentes en aquella época, las protestas lideradas por estas mujeres representan un importante legado de lucha y las reivindicaciones que ellas tenían hace poco más de un siglo siguen vigentes hoy en día, cuando muchas –sino todas– las situaciones que impulsaron a esas mujeres a luchar persisten.

¿Qué pasa hoy?

En Colombia, para el año 2019 existía una brecha salarial entre hombres y mujeres del 21% en donde por cada dólar devengado por una mujer, un hombre ganaría en promedio $1,47USD; generalmente se piensa que hacer más estudios se traduce en un aumento de los ingresos, sin embargo, aunque cada vez más mujeres logran mayor formación académica, esto no se ha traducido en una mejoría de sus ingresos ni ha roto la brecha salarial.

Por su parte, más de 5 millones de mujeres son cabezas de hogar, pero solo el 60% de estas mujeres cuenta con una ocupación formal. Lo anterior se corresponde con el hecho de que las mujeres son mayoritariamente quienes se encuentran trabajando en condiciones de informalidad y esto sin nombrar el hecho de que estos datos suelen desconocer que las labores de cuidado que desempeñan las mujeres en su inmensa mayoría ni siquiera son reconocidas como trabajo.

En el año 2010 se expidió la Ley 1413 con la cual se incorporó la economía del cuidado dentro del sistema de cuentas nacionales, esta Ley tenía el propósito concreto de medir la contribución de las mujeres al desarrollo económico y social del país. De acuerdo con el DANE, en el año 2018 las cifras generadas por el trabajo de cuidado que desempeñan las mujeres representaron 185,7 billones de pesos que no son remunerados, valor que equivale al 20% del PIB del Colombia.

Hasta ahora, existen pocas medidas encaminadas a debatir públicamente lo que implican las labores de cuidado y aunque en ciudades como Bogotá se plantea un sistema de cuidado, generalmente el énfasis de estas discusiones se ha puesto en términos de “ayudar a las mujeres” o de “remunerar a las mujeres” en lugar de plantear la necesidad de que el cuidado sea asumido como una responsabilidad colectiva.

El cuidado NO es nuestra obligación y lo que pedimos no es que nos ayuden como si se tratara de una carga exclusivamente nuestra.

Por eso nos movilizamos y nos negamos a que esta fecha se convierta en un repertorio de “cualidades femeninas” como la belleza, la delicadeza y el cuidado de otros/as pues todas esas pseudo cualidades son cómplices de la manera como se nos relega permanentemente a unos oficios específicos y a un trabajo desigual.

Hoy recordamos a todas las mujeres que han luchado y que luchan cada día y reivindicamos la vigencia de insistir en la transformación de las injustas condiciones a las que nos vemos sometidas.

No olvidamos ni a Betsabé, ni a Juana Julia, ni a las lideresas sociales que son asesinadas diariamente en Colombia. Tampoco olvidamos a las mujeres trabajadoras sometidas a condiciones de trabajo abusivas y esclavizantes: a las mujeres de las maquilas en Ciudad Juárez, que exponen su vida diariamente y que son abusadas y brutalmente asesinadas cada día y cuyos feminicidios viven en la impunidad, el acceso a derechos para las trabajadoras sexuales, a las dificultades para el acceso al trabajo que viven las personas trans, a las mujeres campesinas y un largo etcétera que este domingo se tomará las calles de Bogotá.

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Además, este 8 de marzo se pintará de verde a propósito del debate abierto recientemente en la Corte Constitucional alrededor del aborto, por lo que será un momento para visibilizar nuestra lucha por decidir libremente sobre nuestros cuerpos. Por eso, nos movilizaremos desde el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación (Cra. 19B # 24 – 82) hacia el Parque Olaya Herrera (Cra. 21 # 25 – 35 sur) en donde habrá un gran bazar popular y feminista. El 9 de marzo convocamos también a un paro de mujeres en toda Latinoamérica ¿qué pasa cuando las mujeres no trabajamos?

Referencias

Revista Dinero (2019), Colombia: crece la brecha laboral contra la mujer. ¿por qué?”, artículo en línea.

El Tiempo (2019), “¿Se ha logrado reducir la brecha laboral entre mujeres y hombres?”, artículo en línea.

El Tiempo (2018), “Cuidar a dependientes cuesta $185 billones, pero no se pagan”, artículo en línea.

Fals Borda, Orlando (1981), “Historia doble de la costa”, Tomo IV: Retorno a la tierra. Biblioteca digital Universidad Nacional.

Colectiva Juana Julia Guzmán (2013), “Juana Julia Guzmán (1892 – 1975)”. Las Juanas Blogspot

Portafolio (2019), ¿En Colombia las empresas definen los salarios según el género?, artículo en línea.

Portafolio (2019), “Economía del cuidado: desafío para la igualdad entre hombres y mujeres”, artículo en línea.

Portafolio (2018), “Solo el 50% de las mujeres que trabajan tienen empleo formal”, artículo en línea.

RCN Radio (2018), “En Colombia las mujeres trabajan más en la informalidad que los hombres”, artículo en línea.

Vega Cantor, Renán (2002), Gente muy rebelde. Tomo 3: Mujeres, artesanos y protestas cívicas. Ediciones Pensamiento Crítico.

Enlaces de las imágenes: “La huelga feminista va. 8m” de Valentina González. “Camino al 8M” de Caro Declerck.

Edición 672 – Semana del 7 al 13 de marzo de 2020
   
 
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