La mujer imaginada

 

La concepción teocéntrica del mundo responsabilizó a la mujer de los pecados de la carne y le reprimió entonces sus anhelos; la redujo a la sola condición de esposa y madre, la ubicó tras las rejas de los confesionarios, la encerró en monasterios, conventos y abadías…

 
Julio César Carrión Castro
 
Universidad del Tolima
 
 

La mujer idealizada

La ferviente imaginación masculina históricamente ha hecho de la mujer un conglomerado de imágenes, de alegorías y de símbolos, supuestamente bien intencionados, pero que en realidad la falsifican y suplantan.

Siempre se ha idealizado a la mujer para excluirla y para mantenerla en una especie de minoría de edad.

Los griegos, que en la vida práctica le negaron a las mujeres la razón y el alma, aislándolas además en apartados gineceos, crearon a Afrodita, encantadora diosa-mujer, símbolo de los placeres del amor y la belleza, asimismo, imaginaron mujer la inteligencia y la representaron en la figura tutelar de Palas Atenea, como expresión de la virtud del saber, de la inteligencia del arte, de la prudencia ciudadana y, contradictoriamente, también diosa de la guerra, como queriendo señalar que la guerra puede llegar a ser un asunto racional.

Los pueblos paganos, al parecer, libres de la gazmoñería, la simulación y los enmascaramientos, sacralizaron los atractivos femeninos y los arrebatos de la sexualidad, pero también escondieron, cual hato y cual trofeo a las mujeres, en harenes y serrallos.

Con el advenimiento de la edad media cristiana y sus valores, bajo la hegemonía cultural impuesta por la Iglesia, se asoció sexo a pecado y la riqueza erótica devino resentimiento y culpa.

La concepción teocéntrica del mundo responsabilizó a la mujer de los pecados de la carne y le reprimió entonces sus anhelos; la redujo a la sola condición de esposa y madre, la ubicó tras las rejas de los confesionarios, la encerró en monasterios, conventos y abadías. Por desconocimiento e ignorancia de su espiritualidad y de su fisiología la temió, la hizo bruja, y simultáneamente decidió divinizarla como modelo de maternidad y de pureza.

La irrupción del modo burgués de producción, con su proyecto de desencantamiento racional del mundo, desidealizó a la mujer y bajo el imperio del ritmo y de los cronosistemas de la gran industria, la redujo en las fábricas, la hizo obrera, objeto mercantil y marioneta de vitrina.

El 8 de marzo de 1857 las obreras textiles en New York se levantaron contra los onerosos contratos laborales que les imponían más de 14 horas diarias de trabajo. Desde entonces las mujeres han venido expresando su contenida rebeldía y hoy reclaman el derecho a su individualidad, una mayor participación autónoma en la vida intelectual, laboral, política y cultural; superar los cuestionamientos a su condición biológica y esa arcaica injusticia patriarcal que la idealiza y exalta en teoría, mientras impone inequidad y humillación en la vida real.

La mujer contemporánea, cortando ataduras con la androcracia y el machismo y a pesar de que aún se la encierra, ya sea como recatada ama de casa o como puta de burdel, persiste incontenible en ese eterno femenino que denominara Goethe y en él radica ese ancestral poder de seducción y encantamiento que obliga, en todo caso, a su idealización.

La mujer banalizada...

Contra la subyugación ejercida sobre la mujer se alza la fantasía y la imaginación...

1.- Desde los orígenes de la humanidad, desde el paleolítico, el hechizo del “eterno femenino” ha cautivado al hombre. El culto a la fertilidad encuentra en las toscas, pero bellas representaciones femeninas, una clara expresión de dicho encanto.

2.- Los antiguos griegos, comprometidos con la dimensión estética, el vitalismo y la franqueza erótica, veían en el cuerpo femenino, no sólo las posibilidades del gozo sexual, sino, también las de la procreación y las maternales. Afrodita, la diosa eterna del amor y la belleza, simbolizaría la perfección clásica de la mujer.

3.- Durante la Edad Media el cuerpo de la mujer se convierte en símbolo del pecado. Su único rasgo redentor sería el vientre fecundado. Ante el pecado del sexo y la lujuria, se alzaba la maternidad, y contra la mujer y su libertad, entraría a pesar la hipócrita gazmoñería y el puritanismo.

4.- Hoy, la mujer en gran medida ha dejado de ser considerada máquina de procrear. Tras la supuesta “libertad sexual” se esconde la manipulación mercantilista. Farándula, pornografía e indignante publicidad, degradan a la mujer y al sexo. Eros y Afrodita han devenido en mercancía y consumismo.

Más allá de esas nociones ideológicas pseudocientíficas que hablan de una supuesta “tragedia biológica de la mujer”, o de la “condición femenina”, superando los tradicionales estereotipos que la han reducido al cumplimiento de unos roles fijados arbitrariamente por el patriarcalismo, lo que existe es el despojo la degradación, el extrañamiento y la manipulación de la mujer. Lo que se debe hacer es revisar su condición social, cultural y jurídica. No difundir, como compensación, idealizadas visiones e inútiles metáforas (“reina”, “diosa”, “santa”, etcétera) que igualmente intentan banalizar los imaginarios de libertad que acompañan hoy a la mujer.

En todo caso no olvidar que esta conmemoración se refiere –no al encanto y al eterno femenino, que son incuestionables– sino al hecho de que el 8 de marzo de 1857, en Nueva York, 129 mujeres mueren incineradas al protestar por las injustas condiciones laborales a las que estaban sometidas...

Edición 672 – Semana del 7 al 13 de marzo de 2020
   
 
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