“EPL: 29 años construyendo paz”

 

Esta reseña histórica quiere en consecuencia hacer justicia con esa gran mayoría de personas ex militantes del PC ML y excombatientes del EPL que le han aportado a la paz de manera importante, en medio de muchas vicisitudes y frecuentes riesgos, generando múltiples experiencias constructivas en lo nacional y distintas regiones.

 
Álvaro Villarraga Sarmiento
 
Fundación Cultura Democrática
 
 

En el contexto del afloramiento en los años 60 de fuertes movimientos sociales, corrientes políticas y culturales renovadoras y de las vertientes de la “nueva izquierda”, en Colombia entre otros fenómenos de distinto orden se produjo el surgimiento de nuevas guerrillas revolucionarias. Así, en 1965 una escisión del Partido Comunista y su Juventud Comunista junto con varios núcleos revolucionarios de distintas procedencias, fundó el Partido Comunista Marxista Leninista (PC ML) que promovió la guerrilla Ejército Popular de Liberación (EPL) en distintas regiones del país, en especial entre Antioquia y Córdoba. A finales de los 60 y durante los 70 éste movimiento consiguió importante influjo político en los dinámicos movimientos campesinos, estudiantiles y en parte de los sindicales, a la vez que el EPL tras una cruenta guerra regional poco conocida, intentó crear una zona liberada con gobiernos locales, a través de las llamadas Juntas Patriótica Populares conformadas por campesinos, pero tuvo que replegarse progresivamente a las zonas periféricas, tras haber perdido en combate a la mayoría de sus principales dirigentes y comandantes.

En 1980 el PC ML y su EPL asumen un viraje político y estratégico. Dejan el esquema maoísta de guerra popular prolongada por un concepto de guerra revolucionaria, con incursión de nuevos frentes guerrilleros en distintas regiones, a la vez que reconoce la prioridad de la lucha política y la validez de la lucha por reformas democráticas desde los movimientos sociales y ciudadanos. Esto explica por qué el EPL, aunque se convirtió en una de las principales guerrillas insurgentes, propuso en la tregua firmada con el gobierno del presidente Belisario Betancur, en 1984, que se convocara una Asamblea Nacional Constituyente, como fórmula para democratizar el régimen político, conseguir reformas sociales y sobre tal base conseguir que todas las guerrillas pasaran a ser partidos políticos con garantías. Sin embargo, la gran mayoría de las élites en el poder se opuso a las reformas que proponían para la paz entonces las Farc – EP, el EPL y el M19, a la vez que las FFMM desacataron la orden presidencial de cumplir el cese al fuego pactado con estas guerrillas, lo que llevó al fracaso de ese proceso de paz y significó el retorno a las hostilidades.

Al finalizar los 80 las guerrillas se fortalecieron y conformaron la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (Farc – EP, ELN, EPL, M19 y varias milicias regionales menores), pero simultáneamente se expandió el paramilitarismo con su acción de “guerra sucia” contra sectores políticos y sociales que se consideraban base social de las guerrillas y cobraron fuerza los carteles del narcotráfico con cruentas disputas y uso del terrorismo en resistencia a ser extraditados a EE. UU. En tan complejo escenario de guerra y violencias cruzadas y atizadas, se iniciaron otros procesos de paz entre gobiernos y guerrillas, aunque con la dificultad histórica de no haberse logrado un acuerdo integral con el conjunto de las insurgencias sino de forma parcial y progresiva con cada una de ellas. En 1990 el M19 firmó la paz con el gobierno Barco proponiendo que se emprendieran una reforma democrática a la constitución y varias reformas sociales. Y en 1991 firmó la paz el EPL cuando cobró fuerza la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente desde el año anterior, de forma que en su tránsito a la legalidad consiguió representación en ese organismo. De igual forma, pactaron la paz el PRT con presencia miliciana en Montes de María y el MAQL con presencia de milicias indígenas en Cauca.

La paz y la reintegración del EPL tuvo particular importancia porque fue la guerrilla más grande y de diversas presencias regionales, antes del reciente acuerdo de paz con las Farc – EP. En su proceso de paz pasaron a la legalidad 6.400 dirigentes y militantes clandestinos del PC ML, 2.200 combatientes de frentes del EPL y cerca de otros dos mil milicianos locales. Engrosaron proyectos políticos de la izquierda como la Alianza Democrática y luego el Polo Democrático Independiente, principalmente; dinámicas sociales, movimientos por la paz, los derechos humanos y las mujeres; consiguieron representaciones en corporaciones públicas a todo nivel y en algunas zonas accedieron a gobiernos locales. La reintegración de excombatientes en medio de notorias dificultades se resolvió en el curso de los años 90.

Sin embargo, paralelamente al éxito de este proceso de paz, un grupo reducido, de menos de doscientos excombatientes, conformó grupos disidentes en varias regiones, de los cuales algunos intentaron por varios años prolongarse como guerrilla, de forma que aún subsiste uno en Catatumbo, mientras que otros se descompusieron en delincuencia común o fueron a nutrir las filas del paramilitarismo que se impuso en varios territorios de anterior presencia insurgente. La actuación e impacto de estas reducidas fracciones disidentes al pacto de paz y su proceso de descomposición, ha tenido más publicidad y reconocimiento, de forma que en la opinión pública ha existido muy escasa referencia el protagonismo central del cumplimiento con el pacto de paz del grueso de la población desmovilizada con este proceso de paz.

Esta reseña histórica quiere en consecuencia hacer justicia con esa gran mayoría de personas ex militantes del PC ML y excombatientes del EPL que le han aportado a la paz de manera importante, en medio de muchas vicisitudes y frecuentes riesgos, generando múltiples experiencias constructivas en lo nacional y distintas regiones. Este pasado 1 de marzo se cumplió un nuevo aniversario, el 29, del pacto de paz y consiguiente desmovilización de los frentes guerrilleros del EPL. La consigna utilizada al momento fue: “Armas a discreción de la Asamblea Nacional Constituyente”, de forma que el desarme desde diez zonas de concentración en diferentes departamentos, que se redujeron finalmente a seis, se hizo en presencia de delegaciones de Constituyentes y equipos de veeduría internacional. Con el metal de las armas se construyó un monumento a la paz, la vida y las víctimas de autoría del maestro Augusto Rivera, instalado en Medellín.

El acuerdo de paz pactado con el EPL en parte se cumplió en asuntos como garantía de acceso a la política, amnistía e indulto, planes de desarrollo regional y programas educativos y de reintegración; se cumplió parcialmente en asuntos como seguridad y garantías, medidas en derechos humanos y acciones de promoción de la paz; y tuvo algunos fracasos de responsabilidad gubernamental, como fue lo sucedido con el programa de atención a las víctimas en el marco del conflicto en los territorios y las garantías en las zonas rurales de 85 municipios de distintas regiones. El asunto más grave, fue la victimización sufrida por los excombatientes desde distintos actores del conflicto, que ocasionó la muerte a más de 300 personas desmovilizadas, problemática que de manera proporcional también se registró en las demás organizaciones insurgentes que también pactaron la paz en los 90.

En este marco, al cumplirse los “29 años construyendo paz”, como reza el eslogan de los participantes en este proceso de paz, por iniciativa de la Fundación Cultura Democrática (Fucude), en acción unitaria con otras ONG que han acompañado de diversas maneras dinámicas provenientes de los acuerdos de paz de los años 90, se aprestan en el presente a persistir en las acciones por la paz y desde los conocimientos y experiencias de estos procesos de paz precedentes, a contribuir al actual acuerdo de paz con las Farc, en especial en lo referido a los trabajos de las instancias de la justicia transicional, con aportes de relatos, testimonios, documentación e información de interés ante la Comisión de la Verdad y la JEP.

A continuación, se ilustra con la carta de Fucude a los exmilitantes y excombatientes al respecto:

A las personas ex militantes PC ML y excombatientes EPL:

Se cumplen 29 años de firmado el acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional (en representación del Estado) y el EPL (PC ML y EPL). La gran mayoría de exmilitantes y excombatientes ha cumplido y cumple lo suscrito, por lo cual ahora podemos decir desde esta histórica experiencia que compartimos: “29 años construyendo paz”. Propusimos la Asamblea Nacional Constituyente que con vocería de Oscar William Calvo se convirtió en alternativa para una paz que superara mediante la apertura democrática el conflicto armado. La actuación del PC ML fue protagónica y reconocida en importantes ámbitos populares; el Frente Popular incursionó en la política de manera valiosa en medio de riesgos y persecución; y el EPL bajo el indiscutible liderazgo del comandante Ernesto Rojas se consolidó como importante insurgencia nacional.

Afrontar la lucha revolucionaria por casi tres décadas fue un hecho histórico importante, complejo, con propuestas y aciertos, pero también con errores. Afrontar la guerra conjugó episodios valiosos, dramáticos y costos dolorosos que nos afectaron y llegaron a afectar a otros. Afrontar la lucha por la construcción de la paz también durante ya casi tres décadas, ha sido una causa virtuosa, con logros en muchos sentidos, pero también en medio de riesgos y costos humanos. Nutrimos vertientes de la izquierda democrática y el progresismo, logramos la integración de excombatientes a la vida civil con limitaciones y serias dificultades; y participamos en lo nacional, en las regiones y territorios en diversos espacios institucionales, políticos, sociales, académicos, étnicos, de las mujeres, de la diversidad, el ambientalismo y de otras índoles, entregado contribuciones y persistimos en ello.

En Urabá la agresión sufrida por la disidencia del EPL y las Farc – EP victimizó gravemente a Esperanza Paz y Libertad, un caso emblemático que debe ser reconocido, esclarecido y reparado. La aparición y actuación de los Comandos Populares comprometidos también en hechos de grave agresión, junto a la imposición en esta región del paramilitarismo, debilitó y atacó los esfuerzos por la paz, ocasionando un alto costo político contra el proceso de paz del EPL en el ámbito nacional. El hecho de que un margen apreciable de excombatientes del EPL, acogidos inicialmente a la paz, haya nutrido la disidencia del EPL y en otros casos los Comandos Populares, para derivar en buen grado desde ambos en las filas del paramilitarismo, es algo que ha cuestionado y ayudado a invisibilizar los importantes aportes a la paz de la inmensa mayoría de exmilitantes y excombatientes.

El Acuerdo de Paz con las Farc permitió la adopción de la justicia transicional que tiene centralidad en los derechos de las víctimas. La JEP implementa una justicia enfocada a la verdad, la reparación simbólica y la paz. La Comisión de la Verdad prepara un informe con el relato de lo sucedido y que buscará esclarecer las dinámicas del conflicto, sus actores, conductas, consecuencias y victimizaciones, a la vez que entregar recomendaciones y generar condiciones para la reconciliación y la no repetición. Y la UBPD con actuación humanitaria, sin implicaciones judiciales, emprende la búsqueda de las personas desaparecidas.

El Decreto Ley 588 de 2017, llama a todos los actores del conflicto, de diverso carácter, a entregar sus consideraciones e información sobre lo sucedido. En tal contexto, también hay referencia directa a que se esclarezca la actuación del EPL, sus actuaciones y consecuencias de distinto orden. Igualmente, llama a que se reconozcan todos sectores victimizados, por lo cual deberían lograrse en tal sentido respuestas frente a los casos de Oscar William Calvo, Jairo de Jesús Calvo y su familia victimizada; de las víctimas del PCC ML; del Frente Popular; de Esperanza Paz y Libertad; de organizaciones sociales relacionadas con estos proyectos políticos altamente victimizadas; de quienes han sufrido las consecuencias del exilio; de quienes han sufrido violencia y persecución al empeñarse en la lucha por la paz y por la vigencia de los derechos. Pero así mismo, al igual que corresponde con todos los actores del conflicto, el reconocer las víctimas sufridas debe implicar, en una perspectiva coherente con la paz y la reconciliación, reconocer también las víctimas causadas.

El PC ML y el EPL dejaron de existir con el acuerdo de paz en el tránsito de la insurgencia a la vida civil. Exmilitantes y excombatientes irrumpimos en múltiples y diversas expresiones de la sociedad y en diversos casos de la institucionalidad. Por razones conocidas de manera general fueron transitorios los referentes comunes. Bien se dice ahora que “no tenemos relaciones de jerarquía”, “nadie representa a nadie” y con riqueza nos reconocemos desde nuevas experiencias y posibilidades construidas. Muchas y muchos hacemos parte de colectivos sociales de distinto carácter. Y para bien, heredamos solidaridades, hermandades, grandes afectos y posibilidades de relación, reencuentro e intercambio.

Desde la Fundación Cultura Democrática (Fucude) llevamos igualmente casi treinta años de actuación, de manera que felicitamos a todas las personas exmilitantes y excombatientes constructoras de paz y las invitamos a participar e incidir en los procesos de memoria, esclarecimiento, demanda de justicia y reparación de víctimas. Como Fucude con varios aliados en 2019 realizamos amplio informe sobre Montes de María que con la Comisión de la Verdad este mes y en abril lo lanzaremos en Cartagena, Sincelejo, San Jacinto y Bogotá. Avanzamos en dos informes sobre Urabá, uno sobre actores, conflictos y victimizaciones con énfasis en el rol de los empresarios (caso Chiquita Brands) y otro sobre las víctimas de la masacre de La Chinita que finalizaremos en abril y mayo respectivamente. Mantenemos el acuerdo de la Mesa de Paz de los 90, con seis ONG relacionadas con los procesos de paz de esa década, para preparar informes coordinados a entregar a la Comisión de la Verdad, la JEP y la UBPD y divulgar sus conclusiones y propuestas.

En consecuencia, estamos invitándolos a todas y a todos, a unos talleres de información-intercambio-consulta que realizaremos en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y de ser posible en otras ciudades y por comunicación de redes con quienes están en exilio, en junio y julio próximos sobre los temas de memoria, esclarecimiento y reconocimiento de las víctimas de los casos que nos son de común interés. Aspiramos a entregar juntamente con otras organizaciones y colectivos estos trabajos al SIVJRNR. Aclaramos que esta es tan solo una iniciativa posible, por lo cual saludamos y todas las que existan al respecto y en lo que sea del caso estaremos en disposición a coordinar esfuerzos. Recuerden que la Comisión de la Verdad, la JEP y la UBPD reciben permanentemente informes, de cualquier persona, organización o institución en los temas de su competencia.

Les deseamos los mejores éxitos en todos sus proyectos, bienestar y felicidad, de cara al contexto actual y sus demandas de democracia, derechos sociales, feminismo, diversidad y defensa del ambiente. Con el deseo de alentar y aportar a fraguar esta ya larga trayectoria histórica compartida, con el inmenso afecto y solidaridad de siempre. Fuerte abrazo.

Álvaro Villarraga S., director proyectos Paz, DDHH y Memoria. Neila Hernández V., directora ejecutiva. Nelson Plazas N., Presidente Junta Directiva. Demás integrantes, Colectivo Fucude.

Edición 672 – Semana del 7 al 13 de marzo de 2020
   
 
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