Colombia al filo de un desastre ecológico

 

Lo sucedido la semana pasada con la tremenda granizada que cayó en Bogotá y otras regiones, los incendios forestales que consumieron los cerros en Quetame, Cundinamarca, así como las grandes conflagraciones en La Macarena, Meta, y en el Parque Nacional Tuparro, develan un negro panorama para el medioambiente en Colombia.

 
Álvaro Ortiz Ramos
 
Editor Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

El aguacero del pasado martes en Bogotá y en otras regiones del país, es sin duda un llamado de atención del planeta. Es la cuenta de cobro que la tierra nos pasa por los quebrantos que le hemos causado…es la consecuencia lógica del acelerado cambio climático al que solo unos pocos –eso teniendo en cuenta la cantidad de seres humanos que habitamos el planeta– le prestan atención.

Incluso, patéticos líderes como el presidente de Estados Unidos Donald Trump –para mencionar solo uno– al referirse a los activistas climáticos durante el Foro Económico Mundial de Davos, afirmó: “Estos alarmistas siempre exigen lo mismo: poder absoluto para dominar, transformar y controlar cada aspecto de nuestras vidas”. “Son los herederos de los tontos adivinos del pasado”.

Y lo peor es que el señor del norte no está solo. Líderes en Australia, Brasil, Rusia y Arabia Saudita también se aferran –tercamente– a las economías impulsadas por los combustibles fósiles que tanto daño le han causado y le siguen causando al planeta.

Por eso lo sucedido la semana pasada con la tremenda granizada es muy preocupante y lo peor es que este país no está preparado para grandes catástrofes. Sumémosle además que la temporada de lluvias –quién lo creyera– aún no comienza. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales – Ideam, éstas irán del 15 de marzo al 15 de junio.

Fueron al menos dos fuertes tempestades las que se vivieron el pasado martes en Bogotá con las consecuencias que cíclicamente se repiten año tras año y a las que nunca se le presta la debida atención. Inundaciones, encharcamientos, taponamientos de alcantarillas que rebosan de basuras, parqueaderos completamente cubiertos de aguas con las consecuentes pérdidas económicas.

También está en riesgo la salud de los colombianos pues sabemos que, con la llegada de las lluvias, igualmente llegan las diferentes enfermedades causadas por los repentinos cambios climáticos. No está de más recordar que estamos en Colombia y que los servicios de salud no son los óptimos.

Pero ¿qué es el cambio climático?

Desde la revolución industrial1 la temperatura de la tierra se ha incrementado de manera acelerada por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)2 generadas por actividades humanas como la quema de combustibles fósiles –petróleo, gas y carbón– y la remoción de bosques o cambios de uso en el suelo. Estas emisiones impactan drásticamente el balance climático global causando efectos adversos sobre las condiciones para la supervivencia de la vida en el planeta generando graves consecuencias sobre la salud, la comida y el hogar de millones de personas en el mundo. Además, pone en riesgo la vida marina y una gran cantidad de ecosistemas.

Según lo explica el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund – WWF), con el aumento de la temperatura, se derriten los polos, sube el nivel del mar y las poblaciones costeras se ven afectadas. La agricultura sufre y peligra la seguridad alimentaria. Los fenómenos climáticos son más intensos, frecuentes e impredecibles. Según la ONU, Colombia es el tercer país del mundo más vulnerable frente al cambio climático.

Recordemos que los grandes desastres en acueductos, vías y otras infraestructuras causados por las inundaciones del 2011, le costaron al país 11,2 billones de pesos (dos puntos de su Producto Interno Bruto) y dejaron 3,4 millones de damnificados, 1.016 desaparecidos y 6.000 muertos.

Colombia aporta el 0,35 por ciento de las emisiones generadoras de los gases efecto invernadero, el riesgo que tiene el país frente al impacto del cambio climático es alto.

Por eso la recomendación urgente es comenzar una transición hacia un modelo de desarrollo bajo en carbono y resiliente al cambio climático, en el que las fuentes de energía juegan un rol primordial si consideramos que estas contribuyen con el 70% de las emisiones de Gas Efecto Invernadero.

Colombia y el medio ambiente

Nuestra nación está considerada como una de las regiones megadiversas en biodiversidad, ocupando el tercer lugar en existencia de especies vivas y el segundo en especies de aves; es por eso por lo que la biodiversidad en Colombia es única.

De hecho, el Centro de Monitoreo de la Conservación del Ambiente incluyó a Colombia en la lista de los 17 países megadiversos. La región andina es la más megadiversa de Colombia, seguida por el Amazonas.

Los países megadiversos son un grupo de países que albergan el mayor índice de biodiversidad de la Tierra. Se trata principalmente de países tropicales, como los del sureste asiático y de América. Albergan en conjunto más del 70 % de la biodiversidad del planeta, suponiendo sus territorios el 10 % de la superficie del planeta.

La biodiversidad en Colombia es muy amplia, tiene 311 tipos de ecosistemas costeros y continentales, 59 áreas protegidas a nivel nacional y es el país del mundo con mayor territorio de páramos; de hecho, más del 60 % del ecosistema andino colombiano está clasificado como páramo.

Según el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia, en el año 2019, 62.829 especies estaban registradas en el país; más de 9.000 se consideran especies endémicas. En cuanto a flora, el país posee entre 40.000 y 45.000 especies de plantas; lo que equivale al 10 o 20% del total de especies a nivel mundial, considerado muy alto para un país de tamaño intermedio…el papel lo aguanta todo, pero la realidad es otra.

En lo que va de 2020 los incendios forestales han estado a la orden del día. Baste recordar que hace pocos días las llamas consumieron los cerros en Quetame, Cundinamarca; las grandes conflagraciones en La Macarena, Meta, así como los incendios que afectaron el Parque Nacional Tuparro. Aún no se sabe a ciencia cierta qué pudieron haber causado esos daños al ecosistema, pero los rumores señalan –como una respuesta calcada, año tras año– la deforestación y manos criminales (léase ganaderos que buscan “ampliar” terrenos para la ganadería extensiva, ni más ni menos) como los responsables de estos incendios.

Como lo señala la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo y Desastres – Ungrd: “Desde el 16 de diciembre hasta el 2 de marzo se han presentado 769 incendios de cobertura vegetal, de los cuales 765 han sido liquidados en su totalidad”, eso significa que los incendios forestales han consumido más de 25.700 hectáreas desde diciembre pasado en Colombia.

El daño ya fue hecho. Ahora solo queda esperar que el gobierno adopte las medidas necesarias para frenar la deforestación e implante los planes que permitan recuperar las plantas y árboles, aunque es claro –en perfectas condiciones– esa recuperación puede tomar entre 150 y 200 años, teniendo en cuenta que los incendios modifican drásticamente la estructura de la vegetación de un determinado lugar. Y esto, a su vez, afecta a las especies que viven en el área y que son quienes mantienen el equilibrio necesario.

El panorama no es el más optimo para el medio ambiente colombiano si tenemos en cuenta que este gobierno –pese a que muchos ambientalistas han manifestado su desacuerdo– insiste en la posibilidad de implementar los proyectos piloto de investigación integral (PPII) de fracking, sin tener en cuenta los muchos estudios en el mundo que señalan lo perjudicial que resulta este tipo de explotación.

En el entretanto, es bueno recordar que la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) está evaluando si concede la licencia ambiental para extraer oro en el proyecto Soto Norte, ubicado en los municipios de California y Suratá, Santander, con una vida útil de 25 años y una producción promedio anual de 410.000 onzas en concentrados polimetálicos.

Se acercan días clave tanto para la multinacional Minesa como para los detractores del proyecto de megaminería en cercanías al Páramo de Santurbán, en Santander. Sobre los segundos debemos señalar que su lucha es por la preservación del agua.

Amanecerá y veremos…

Edición 673 – Semana del 14 al 20 de marzo de 2020

1 Los historiadores dividieron la Revolución Industrial en dos etapas: la primera del año 1750 hasta 1840, y la segunda de 1880 hasta 1914.

2 Los Gases de Efecto Invernadero (GEI) son aquellos gases acomodados en el ambiente terrestre que absorben la radiación infrarroja del sol y que, con ello, retienen y aumentan la temperatura en la atmósfera.

   
 
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