¿Por qué se ensaña el régimen contra FECODE?

 

La cifra de 3000 activistas sindicales asesinados desde 1985, de los cuales 1.100 son educadores, es un terrible precedente que no conmueve al Gobierno; como tampoco, el horror que significa 52 líderes asesinados en 32 municipios entre el 1° de enero y el 22 de febrero de 2020, según reportó INDEPAZ.

 
Miguel Ángel Pardo Romero
 
Secretario de Asuntos Educativos, Pedagógicos y Científicos de FECODE
 
 

El Magisterio reiteró una vez más su liderazgo en la Movilización Social. Colombia y el mundo registraron las enormes, pacíficas y contundentes manifestaciones por la vida, la paz, la democracia y la materialización de los derechos fundamentales. No hubo ni puente ni tregua en la defensa del más vital de los derechos el pasado 20 y 21 de febrero. El clamor de los educadores es causa propia también del movimiento obrero nacional e internacional, la comunidad educativa y académica, las bancadas democráticas de las diferentes corporaciones públicas y, por supuesto, de los sectores del establecimiento que libran aguda batalla por la supervivencia del Estado Social de Derecho.

A las permanentes expresiones de aliento de nuestros colegas latinoamericanos y de la Internacional de la Educación – IE, se sumó “La declaración sindical desde el Reino Unido e Irlanda sobre la violencia hacia los docentes colombianos”, precedida de la visita de la delegación británica. En nuestras latitudes, resalto el reconfortante comunicado de la Universidad Pedagógica Nacional, la formadora de formadores.

La precisión en el contenido de las declaraciones mencionadas sobre lo que ocurre en Colombia, en cuanto a la perversa intención de revivir el conflicto y, más grave aún, tratar de imponérselo a la Escuela, contrasta con el analfabetismo malintencionado de las “bodeguitas” y los “comunicadores” del régimen, quienes adelantan una sostenida campaña de difamación e incitación contra el Magisterio.

La fotografía del paro de 48 horas de febrero puso las cosas de nuevo en su lugar. Los educadores seguimos librando una batalla a fondo para que el actual gobierno, en representación del Estado, garantice el más vital de los derechos, en contravía de quienes consideran que defender la vida es un acto de guerra simplemente porque ponemos al descubierto el horror que padecemos maestras, maestros y la población a lo largo y ancho del territorio nacional, tal como, lo revelan las cifras, cada vez más espeluznantes cifras.

Pretender que pasemos por alto el terrible mensaje que contiene la amenaza a 25 educadores de El Salado, precisamente a 20 años de la ejecución de tan macabra masacre, sería imperdonable. Análogo planteamiento, con respecto al resto de los 250 colegas víctimas de ese tipo de hostigamiento en lo corrido de 2020. Los informes de nuestras 34 filiales en la Junta Nacional, realizada el pasado 13 de febrero, reportaron más de 512 desde el año 2018, faltando aún datos. El feminicidio de nuestra compañera maestra Sandra Vaquero en Arauca, el atentado y la intensificación de las amenazas a integrantes del Comité Ejecutivo de FECODE, a sus direcciones regionales, como también, de la CUT y del Comité Nacional de Paro, son el pan de cada día.

La cifra de 3000 activistas sindicales asesinados desde 1985, de los cuales 1.100 son educadores, es un terrible precedente que no conmueve al Gobierno; como tampoco, el horror que significa 52 líderes asesinados en 32 municipios entre el 1° de enero y el 22 de febrero de 2020, según reportó INDEPAZ.

La opinión pública nacional e internacional, está aterrada por el resurgimiento de la violencia, atónita por las acciones deliberadas para revivir el conflicto interno y de imprimirle un carácter policiaco al régimen; mientras que éste minimiza al extremo la oleada de asesinatos a líderes y lideresas sociales, mantiene su comportamiento de justificar a los agresores y descalificar las víctimas, persiste fallidamente en dirigir los reflectores al país vecino y, en el colmo de su desvarío, Duque reaccionó con soberbia ante el informe de la ONU sobre derechos humanos en Colombia.

El frustrado acto de hacer trizas la JEP por parte del Gobierno Nacional, el informe del New York Times sobre el reactivamiento de prácticas por sectores del Ejército que, ponen como objetivo militar a la población civil y, el hundimiento de la ley contra la libertad de cátedra en el primer semestre de 2019, son fuertes reveses para Iván Duque, propinados por sectores democráticos con presencia en la prensa, en el poder legislativo y judicial y, sobre todo, por la gran movilización social que se desató desde el 21 de noviembre, a propósito del Paro Nacional convocado por iniciativa de las Centrales Obreras, especialmente por la CUT y su principal filial FECODE. Para el actual régimen, nuestro principal “pecado” es haber animado a la ciudadanía entera, la cual simbolizó en el cacerolazo sus reclamos represados, fundiendo todas las voces en un solo canto contra la guerra, la corrupción, la miseria y el miedo, exigiendo paz y futuro digno para las presentes y futuras generaciones de colombianos.

Tal alta marea de indignación cívica y popular, que no se registraba desde las épocas de Gaitán, requiere de una enorme capacidad organizativa para que lo peticionado no termine engavetado en un buzón de sugerencias, denominado pomposamente por el Gobierno, “conversación nacional”, en virtud de lo cual, poner a disposición la reconocida experiencia del Movimiento Sindical en esa materia, es calificada como falta grave.

Tal asunto explica porque los “tuiteros” de las ya conocidas bodeguitas del régimen fabricaron falsos pleitos entre las “viejas” o “nuevas” ciudadanías para fracturar el Comité Nacional de Paro, tratando de borrar de la memoria colectiva que, precisamente el Paro Nacional del 21 de noviembre fue convocado por las centrales obreras, advirtiendo sobre las regresivas reformas tributaria, laboral y pensional, mensaje que fue bien comprendido por la muchachada, incorporándose con mayor decisión a la lucha del movimiento obrero por el trabajo en condiciones dignas. Análoga posición, ocurrió en las barriadas.

En conclusión, el régimen comprende a cabalidad, el papel organizador del Movimiento Obrero y Sindical que, incluso le ha permitido sobrevivir a tiempos violentos, muy recurrentes en Colombia; como también, sabe de su histórica condición de columna vertebral en la movilización social. Adicionalmente, en el caso de FECODE, el Gobierno no desconoce que agrupa parte de la inteligencia nacional y que, en virtud de lo cual, en sus 60 años de existencia, ha inclinado la balanza en favor de la democracia y dedicado sus esfuerzos a la construcción la Nación sobre la base de la materialización de los derechos humanos y fundamentales.

Que nadie se equivoque: ¡Esa esas son las verdaderas razones de la saña del actual régimen contra la CUT y FECODE!

Edición 673 – Semana del 14 al 20 de marzo de 2020
   
 
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