El bípedo humano

 

La especie humana se especializa en la desespecialización: su prensión no es tan buena como la de los otros monos que trepan con destreza por los árboles brincando de rama en rama. La mano del hombre sirve para muchas funciones como acariciar, acicalarse, medio apretar, hacer señas o complementar el lenguaje hablado. Su moral y su cocina se la juegan en su mítica.

 
Mauricio Castaño H.
 
Historiador – Colombia Kritica
 
 

Miles de millones de años, milenios, necesarios para que emergiera el universo y luego se desprendieron los planetas, luego la vida en su diversidad. ¿Qué es lo humano? En una escala mínima de tiempo, milésimas de segundos quizá, y aparecen los homínidos, y en una de sus variaciones el bípedo recto, con dedo gordo paralelo en pies para poder caminar recto, pero ya sin poder trepar en los árboles y agarrarse con agilidad por sus múltiples ramas como sí lo siguen haciendo sus primos monos cercanos llámese bonobos, gorilas, chimpancés. Todos estos homínidos hacen reglas sociales, asesinan, engañan, hacen masacres, los chimpancés, por ejemplo. Todos, decimos, manejan herramientas, tienen lenguaje para su comunicación. La diferencia con el bípedo humano es que sus técnicas, sus reglas son más complejas o sofisticadas al igual que toda su simbólica, sus signos, sus mitos, sus tabúes, todos ellos enmarcados en mantener sus reglas sociales que le preservan como grupos y por supuesto como individuos, allí está comprendido o se desprenden los tabúes sexuales tales como la prohibición del incesto, la monogamia motiva o mantiene una paz para el grupo, no los disocia para otras labores de subsistencia. La especie humana se especializa en la desespecialización: su prensión no es tan buena como la de los otros monos que trepan con destreza por los árboles brincando de rama en rama. La mano del hombre sirve para muchas funciones como acariciar, acicalarse, medio apretar, hacer señas o complementar el lenguaje hablado. Su moral y su cocina se la juegan en su mítica.

Todo esto que nos conforma como animales y que incluye las diversas técnicas para permitirse la supervivencia. Todo ello es un cúmulo de tiempo desarrollado en un determinado espacio. Un sílex resume la experiencia de miles de millones de años. En términos de Michel Serres es una inmensa condensación de tiempo y espacio. Tiempo Colosal. Larga Memoria. Gran Relato. “Larga Memoria entrada en la brevedad, en la condensación de la innovación, en el gesto técnico Como la herramienta: es sumatoria de inventos transcurridos en el tiempo y sucedidos en el espacio que exige al viviente condiciones para la vida. ¿Qué es la historia humana? El dominio relativo de un resumen de evolución. Homo faber resume en un periquete lo que la llamada naturaleza se toma una paciencia multimillonaria para hacer emerge sin quererlo. Envuelve en instantes menudos duraciones colosales. Este plegamiento amontonado crea agujeros negros donde se olvida la larga duración que la acción presente economiza. Desde que el hominiano talla un sílex, manipula tiempo. Veo en este objeto una especie de lupa que resume y reduce en su brevedad duraciones gigantescas y en su uso innumerables y repentinas adaptaciones”.

Todo aquello para decir, para hacer notar, para enfatizar que hemos olvidado esa gran escala del tiempo y esa complejidad que nos compone, somos uno más entre muchos, hacemos parte de un planeta y de un universo que a diario nos habla, la naturaleza como sujeto de derechos, los truenos nos atemorizan, los desbordamientos de los ríos nos ponen en aprietos, la manera como ensuciamos el planeta se nos revierte en el aire lleno de partículas tóxicas, un smog venenoso que compromete nuestra salud, nuestra vida. Nuestra arrogancia originaria de los humanos de habernos proclamado equívocamente como centro del universo está comprometiendo toda la vida misma, la nuestra y la de las demás especies. Es una egolatría sin límites. Esto no es lloriqueo por el llamado progreso, sí es más bien llamar la atención por la complejidad de toda la vida en el planeta y del universo, muy diferente ella de creernos centro del universo entero y de legitimar una inequidad humana que ha vuelto muy precaria la vida del 99% de la vida humana y por su puesto la devastación del planeta. Citemos de nuevo a Serres “Cuando millones de mensajeros se vuelven fuentes de información, la sociedad se vuelve por completo pedagógica. Queda todavía por escribir la nueva epistemología de este saber multiplicado”.

Y a todas estas queremos dar un salto de sentido en esta narrativa, referenciar un sentir que los humanos damos en llamar el sentimiento amoroso, ese mismo que los poetas cantan y gastan eternidades en tejer el mejor verso, en buscar las palabras más ritmadas para ensamblar su poema: “Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir”. “Una mujer me duele en todo el cuerpo. Borges. “Estoy tan solo, amor, que a mi cuarto / Sólo sube, peldaño tras peldaño, / La vieja escalera que traquea” Juan Manuel Roca. Desde luego que otros animales demuestran afecto, cuidan de sus crías, su prole, se baten por su pareja electa, ciertas especies se enlazan de por vida, otras por el contrario gozan de la promiscuidad, nada distinto pasa en lo humano. Pero dijimos palabras más arriba, que en el humano los signos, la simbólica es más compleja, de ello da cuenta aquella Triada freudiana: el yo (mi consciencia), el superyo (mi sentido moral), y el ello (mis deseos inconfesables).

Todo cambia en las maneras de relacionarnos, el ethos humano se balancea con los tiempos y en todos los lugares: el amor antiguo, el platónico que llaman, el erótico, el filial, el medieval o caballeresco, el moderno a lo Romeo y Julieta. Y el de hoy que se le endilgan grandes cambios, incluso en donde se acusa a Tinder de haber apuñalado a Cupido, pues se reprocha a las redes sociales de hacer del amor un gran mercado, ponerlo en subasta pública, se dice que el amor sólo conoce de la noche, los encuentros para la cópula, pocos duraderos. Algo así como un amor desanimado y disperso. Pero también hay allí un ejercicio de la libertad. Recordemos que el divorcio dado en Francia a principios de 1800 pero practicado mucho después, tanto que hoy se sigue considerando la mujer como una propiedad del hombre, ellas no pueden ejercer su libertad o flujos sexuales, acostarse con quien deseen, el amor casual, y si lo hacen se les acusa de infieles o prostitutas, con el varón esto no sucede, por el contrario, se le halaga por su machería, por su poder de coquetería. Cómo no recordar la advertencia deleuziana en evitar esas interpretaciones del amor como carencia, de evitar la dictadura de la interpretación psicoanalítica en donde sólo ve el falo y la vagina del papá y la mamá. A cambio ver más la multiplicidad que se despliega en la piel, los múltiples devenires que toma la existencia, la rica existencia. Es verdad, los humanos somos complejos, pero seguimos teniendo un zócalo biológico, común a todas las especies animales.

Edición 673 – Semana del 14 al 20 de marzo de 2020
   
 
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