El coronavirus nos afecta, pero distinto

 

La violencia intrafamiliar y la violencia sexual contra las mujeres adultas, mayores, niñas y adolescentes puede incrementarse con la cuarentena, tal y como ha ocurrido ya en China, Italia o España. Para nadie es un secreto que los principales agresores de la violencia sexual contra niñas y mujeres en Colombia están en el marco del hogar y la familia.

 
Lida Margarita Núñez Uribe
 
Coordinadora Estrategia de Incidencia y Presión Política Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Hace un poco más de una semana en Colombia empezamos a reconocer que el Covid19 era una amenaza real. Desde ese momento se empezaron a recomendar acciones que implicaban reforzar medidas de salubridad e higiene y a pedir que empresas, fábricas, oficinas y negocios empezaran a pensar en planes de acción tendientes a implementar el teletrabajo. Las escuelas y centros de educación también empezaron a diseñar estrategias virtuales para continuar con los procesos de educación.

También empezamos a ver largas colas en supermercados y plazas de mercado de gente que se aprovisionaba de bienes. Empezaron a escasear alcohol antiséptico, jabón y gel antibacterial, tapabocas y papel higiénico. Unos días más tarde empezó a ser difícil conseguir arroz, leche, pan, azúcar, pastas y otros alimentos enlatados y de larga duración. Poco a poco fueron siendo anunciadas medidas para “aplanar la curva”, es decir para aplicar la estrategia del aislamiento social como la única medida efectiva para evitar una mayor propagación de un virus que es altamente contagioso.

Desde el lunes se anunció el cierre de escuelas y colegios. Para mostrar solo un par de ejemplos, quisiera compartir algunos de los estados que hemos compartido en redes sociales de lo que ha significado esta realidad del aislamiento social:

Captura de pantalla de un celular  Descripción generada automáticamente

Justamente en este contexto ONUMUJERES (la agencia de Naciones Unidas para las Mujeres) publicó un informe con una serie de alertas sobre lo que podrían significar para muchas en la región de América Latina las medidas que se venían adoptando de aislamiento social o cuarentena (voluntaria u obligatoria), relacionados con impactos desproporcionados en las tareas de cuidado de cuidado (de personas enfermas, de personas mayores, de personas con discapacidad y de niños y niñas), también con un mayor porcentaje de mujeres en la economía informal y sin garantías laborales, su mayor porcentaje en las áreas de la salud especialmente con aquellas de mayor relacionamiento con pacientes y personas enfermas; pero también con la obligación de convivir en encierro con sus agresores1.

Sigue siendo una realidad generalizada en el mundo la persistencia de las desigualdades de género que se expresan en las brechas salariales, el mayor desempleo para las mujeres, y en las violencias que son reportadas por los medios de comunicación a diario. Colombia no escapa a esta realidad y aunque llevamos más de dos décadas en donde se han implementado diferentes políticas para superar desigualdades y violencias que padecemos las mujeres, estas no han logrado ni superarlas y mucho menos transformarlas radicalmente.

Muy seguramente no será en este contexto de pandemia que se pueda avanzar hacia la igualdad entre varones y mujeres, ni la erradicación de la violencia contra las mujeres, pero tal vez sea el momento de alertar a las autoridades para que dentro de las medidas que sean adoptadas para hacerle frente a esta crisis se consideren algunos de estos impactos desproporcionados. Muchas de las recomendaciones que se han hecho provienen de experiencias anteriores en que se ha hecho frente a otros brotes como el ébola o el AH1N1, aunque las dimensiones del Covid19 parecen mayores.

Un elemento central de estas medidas tiene que ver con reforzar la protección de los derechos laborales de las mujeres. Eso significa garantizar que los gobiernos adopten todas las medidas necesarias para que general ningún trabajador sea despedido o suspendido, y reforzar estas medidas en el caso de las mujeres. La dimensión de los derechos laborales adquiere otra dimensión cuando se trata de las trabajadoras de las áreas de sanidad y salud. En este caso ONUMUJERES recomienda un reforzamiento de las medidas de protección contra el contagio y el aumento de información disponible para estas trabajadoras. Creemos que en un contexto como el colombiano estas medidas tendrían que llevar a revisar los contratos de trabajo de una buena parte del personal de estas áreas, pues en general se realizan por prestación de servicios, con lo cual las empresas, hospitales, clínicas y diferentes programas evaden sus responsabilidades. Es decir, un método muy eficiente de protección tendría que ser la laboralización de todo este personal (mayoritariamente mujeres) y la garantía y protección de todos sus derechos laborales.

Otra característica del mercado laboral colombiano, que ha venido agudizándose con los años, es la informalidad de una parte importante de su fuerza de trabajo, en donde un porcentaje importante son mujeres. En estas circunstancias es posible predecir que la gran mayoría se quedarán sin fuentes de ingresos, especialmente aquellas que están en las peores condiciones de precariedad. Pensar en opciones como la renta básica universal podría, sin duda aliviar muchas de las necesidades de todas las personas en estas condiciones, especialmente de las mujeres. Merecen especial atención las trabajadoras de servicio doméstico y las trabajadoras sexuales. En el primer caso es importante reforzar los controles para que la legislación que protege sus derechos se cumpla, independiente de si por las condiciones de aislamiento pueden o no llegar a sus lugares de trabajo, se les debe asegurar el pago de su salario y las prestaciones sociales que les corresponden. En el caso de las trabajadoras sexuales, es importante realizar un análisis detallado de las circunstancias y con su participación poder definir las medidas de protección más adecuadas a las necesidades y circunstancias.

En relación con la sobrecarga de tareas del cuidado que la situación implicará mayoritariamente para las mujeres es muy importante que entre las medidas adoptadas se puedan contemplar algunos mecanismos para que muchos de estos servicios puedan seguirse prestando, y se adopten todos los controles y mecanismos de prevención. Los precarios sistemas públicos de cuidado deben mantenerse y estar disponibles, adaptados a las condiciones de aislamiento social que el momento requiere. Siempre las consultas con las mujeres y sus organizaciones serán un mecanismo eficiente para encontrar las mejores respuestas de adaptación a necesidades específicas.

La violencia intrafamiliar y la violencia sexual contra las mujeres adultas, mayores, niñas y adolescentes puede incrementarse con la cuarentena, tal y como ha ocurrido ya en China, Italia o España. Para nadie es un secreto que los principales agresores de la violencia sexual contra niñas y mujeres en Colombia están en el marco del hogar y la familia. En estas condiciones extremas en donde todas debemos quedarnos en casa es apenas previsible que esta violencia se exacerbe y con el ingrediente adicional de la dificultad de salir a pedir ayuda. Algunas de las medidas de alcaldías como las de Bogotá y Medellín han mantenido y reforzado las líneas telefónicas de atención a estas víctimas. Sin embargo, no queda claro cuáles serán los protocolos de atención, y cuáles las condiciones en las que si se requiere podrán utilizar casas refugio. También es muy importante un esfuerzo para que todas las organizaciones y personas que están brindando servicios de asesoría y atención a mujeres víctimas pueda ser coordinado con autoridades de policía, servicios de salud y operadores judiciales (que en muchos casos también han cerrado y/o disminuido la prestación de sus servicios).

Edición 674 – Semana del 21 al 27 de marzo de 2020
   
 
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