Inequidad digital: Una de las brechas que el Coronavirus marca entre quienes pueden o no aislarse

 

Nuestra realidad socioeconómica y cultural –en tiempos de Coronavirus– nos muestra que la mayor parte de la población colombiana no cuenta con equipos informáticos suficientes, un servicio de internet contratado ni habilidades digitales suficientes para enfrentar los retos actuales ni las crisis modernas.

 
Víctor Daniel Vélez
 
Comunicador Regional Antioquia Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Interesante pero discutible dirán algunos, pero más discutible que interesante es lo que se pretende plantear en este artículo, que de entrada reconoce la necesidad de trabajar, ahondar y profundizar en otras brechas de inequidad que la emergencia sanitaria deja ver en nuestro país: acceso a la salud y a servicios básicos como el agua (fundamental en estos momentos para lavarse las manos), trabajo decente, salarios dignos y la posibilidad de una renta básica para tiempos de crisis, oportunidades en educación, vivienda, transporte, servicios públicos, seguridad alimentaria, por sólo mencionar las más visibles.

Algunas de las que cosas que se han mencionado en redes sobre el teletrabajo, uno de los ejemplos de las alternativas planteadas durante el periodo de aislamiento que se ha recomendado por la pandemia del Coronavirus, es que ha llegado el momento de demostrar que las reuniones sí se pueden resolver con un correo electrónico, que por fin se ahorrará tiempo en lucir bien, trasladarse, asistir a reunión y volver a casa, que se puede tener entrevistas con solo una camisa puesta, que hace rato están disponibles todas las herramientas necesarias para conectarse, trabajar y estudiar desde cualquier lugar en que se esté.

Esgrimen igual esas herramientas y canales de conectividad personal y grupal a través de internet, en su mayoría gratuitos, como argumento de que no es excusa la falta de medios para promover el teletrabajo (Hangouts, Jitsi, ooVoo, Zoom Meeting, GoToMeeting, Meet de Hangouts…) ni la educación virtual y a distancia (ATutor, Almagesto, Chamilo, Blackboard, Claroline, Educativa, Moodle, SabaSakai, Schoology y Neo LMS, entre otros).

En lo que concierne a la brecha digital, el coronavirus evidencia la grieta entre quienes pueden o no aislarse, conectarse, usar y participar de dinámicas virtuales a través de herramientas tecnológicas. Son varios los puntos que invitan a reflexionar sobre qué tan preparados estamos para promover fórmulas flexibles de trabajo, educación y participación en épocas de crisis y, sin estas, en tiempos modernos.

La otra Colombia

Sin tratar de ser exhaustivo ni dar un orden jerárquico a la problematización de la conectividad que tenemos garantizada en Colombia para acompañar la medida de aislamiento preventivo, donde más de la mitad de los colombianos no tienen internet (detalle que bien podría encabezar la lista de circunstancias adversas que profundizan esta brecha), cobra sentido empezar por un asunto más en boga popular frente a la crisis por la dispersión del coronavirus: la imposibilidad de acatar las medidas preventivas por amplios sectores poblacionales que sobreviven de empleos informales, se dedican a las ventas ambulantes, trabajan por el diario, no tienen una ocupación formal regular o, incluso, ni siquiera una solución habitacional garantizada por más allá de un día.

Imaginarse a estas personas teletrabajando, estudiando virtualmente o incluso, participando de dinámicas sociales, como la que se da por estos días con la formulación de planes de desarrollo territoriales en el país, es algo poco realista y no se podría esperar mucho de esta franja poblacional, ni en términos de sensatez frente a cualquier forma de cuarentena ni en cuando a alternativas virtuales de interacción social, más allá de compartir memes, consejos, noticias y cadenas de mensajes (que pueden generar más pánico colectivo de lo que ayudan o invitan al autocuidado y al cuidado de otros).

Luego se puede mencionar a las poblaciones rurales, de municipios de menos de 100 mil habitantes que son casi todos los de Colombia, de corregimientos y veredas por todo el territorio nacional, donde el concepto de ciudad se pierde entre tierras campesinas, donde el agua y la electricidad siguen en muchos casos sin resolverse y ni qué esperar de la conectividad de los hogares. Esta gran cantidad de personas que viven distantes a las centralidades de desarrollo y espacios para acceder a computadores y navegar por la red, difícilmente harán parte de quienes encuentren en sus viviendas las condiciones ideales para el confinamiento voluntario. Para esos otros colombianos la crisis sanitaria se vive de maneras no tan cómodas y en muchos casos hasta con riesgos de inaccesibilidad o vulneración de derechos.

Por otra parte está el reto de desarrollo de habilidades para una ciudadanía digital, asunto frente al que también nos falta bastante por avanzar en Colombia, pues además de preparar a las personas para que se enfrenten a la digitalidad y tengan clara la importancia y sepan cómo encender un computador, enviar un correo electrónico o subir una foto a una red social, entre otros asuntos bastantes básicos, estamos hablando de teletrabajo y aprendizaje virtual, que significa un mayor nivel de usabilidad de los dispositivos y herramientas digitales disponibles hoy en día.

Aquí hay que llamar la atención sobre los adultos mayores, hombres y mujeres mayores de 60 años, que han tenido que pasar por mayores cambios generacionales y evoluciones tecnológicas, por lo que no en todos los casos se presentan adaptaciones suficientes a las herramientas disponibles actualmente en el país. Esto, sin descuidar la mirada sobre niños, adolescentes y jóvenes, quienes en su mayoría tienen prácticas digitales que distan mucho del intercambio de saberes, las comunidades de conocimiento, el aprendizaje virtual interactivo y el trabajo colaborativo en red. Y tampoco podemos pasar por alto los hábitos, usos y habilidades digitales de la población adulta en Colombia.

Inequidad económica

También hay que considerar a todas las personas que por sus recursos económicos no están en condiciones de acceder a tecnologías modernas o incluso, dependen de equipos de oficina, estudio o instalaciones públicas que, en casos de crisis sanitarias como la actual, permanecen cerradas para evitar dispersión del Covid-19.

La inequidad económica es un factor determinante para la aplicación en Colombia de alternativas digitales en tiempos de crisis. No es realista partir de que cada familia tiene un computador en su casa y que cada habitante posee un portátil y un celular, mucho menos que sea de una gama media o alta en cuanto a calidad tecnológica. Y para que las empresas brinden los equipos tecnológicos adecuados a sus empleados, que las escuelas faciliten el acceso de sus estudiantes a éstos y se tengan la disponibilidad de equipos y conexiones en edificios e instalaciones públicas, sociales y culturales de cada ciudad del país, todavía falta mucho.

Además, dentro de todas las ventajas que puede presentar la tecnología en tiempos de crisis, en especial para conectarnos cuando el llamado es al aislamiento preventivo como medida de contención de la expansión del virus, también hay que pensar en los riesgos de trasladar la interacción social al mundo de lo virtual. Tanto en términos del control que a través de las herramientas digitales se puede establecer, por ejemplo, saber en qué tiempos y lugares se conecta cada persona y a partir de eso medir jornadas laboras y estudiantiles, las herramientas con las que cuentan o pueden acceder y las que han aprendido a manejar; como en cuanto a la alineación de la humanidad a partir de uso de herramientas que acercan distancias pero distancian personas, al favorecer el contacto virtual sobre el presencial, con lo que se pierden muchos elementos de la comunicación humana, del contexto y de las realidades compartidas al momento de las interacciones sociales.

Comunicación en tiempos de crisis

Así, pues, no sólo se trata de dificultades materiales y objetivas que se presentan por la amplia brecha digital que persiste en Colombia en pleno 2020, sino también de condiciones materiales para hacer parte de una ciudadanía digital y de habilidades para participar de dinámicas de cambio social apoyadas en el uso y apropiación de TIC, TAC y TEP (tecnologías de la información, del aprendizaje y la comunicación, de empoderamiento y la participación).

Sin embargo, por tratarse de tiempos de crisis que conllevan al aislamiento y distanciamiento social, es necesario ser tanto recursivos como creativos frente a las alternativas de solución que podemos implementar respecto a diferentes frentes de la vida en comunidad, tanto desde los estamentos gubernamentales como desde la propia ciudadanía.

Por parte del gobierno, por ejemplo, se podrían implementar medidas como el mejoramiento de la calidad y la ampliación de la cobertura de internet en zonas públicas del territorio nacional (parques públicos, cercanías a bibliotecas y edificios oficiales, museos, casas de la cultura) e, incluso, decretar liberación de señales territoriales, negociando o exigiendo a compañías de telecomunicaciones la ampliación de esta posibilidad en todo el país.

También sería importante, desde el sector público, incentivar la producción de contenidos multimediáticos que puedan ser usados tanto para internet como para medios clásicos, procurando una amplía circulación a través de redes de contactos por vías electrónicas para que puedan ser dispuestos y compartidos públicamente en la nube, las redes, los correos e, incluso, WhatsApp. Pero, teniendo en cuenta lo dicho y todo lo que falta respecto a la brecha digital en el país, sin que se descuiden ni desconozcan o menosprecien la potencia y penetración de la radio y la televisión en Colombia, ni las buenas prácticas y experiencias exitosas que por estos medios se han probado con excelentes resultados frente al reto de la distancia y la virtualidad, como Radio Sutatenza o la Campaña de Instrucción Nacional, CAMINA, a con la que los adultos aprendieron a leer con la televisión en Colombia).

Los prestadores de servicios de telecomunicaciones, desde el sector privado, además de explorar posibilidades de ofrecer descuentos en tiempos de crisis, disminución de tarifas y aumento de potencia en las señales de internet para los hogares colombianos, también podría disponer y ofrecer internet gratis a través de conexiones libres, como lo hacen el gobierno en espacios públicos de todo el país. Igual que podría hacerlo con señales de televisión no codificadas que puedan ser recibidas por antenas de aire, TDT y otras opciones. No sólo se trata de un asunto de responsabilidad social empresarial, sino de la voluntad de participar con altruismo de las salidas a una crisis de la humanidad que requiere de la solidaridad de todos los pueblos y entre todos los habitantes del planeta.

Por parte de la ciudadanía, como lo ha propuesto el rector de la Universidad de Antioquia, John Jairo Arboleda Céspedes, podríamos liberar las contraseñas de nuestras redes de internet inalámbrico para compartir el servicio y solidarizarnos con quienes tienen problemas de conectividad. Y también, como muchos ciudadanos han tenido ya la iniciativa, nos podemos ofrecer a conectarnos con quienes sientan que el aislamiento les agobia para acompañarlos, a apoyar procesos de aprendizaje y tareas laborales de acuerdo con lo que sabemos hacer y estamos dispuestos a dar, a producir contenidos para poner al servicio de otros, a generar conexiones para incentivar el encuentro y la conversación social desde lo virtual.

La preocupación de todos frente a la pandemia por el coronavirus debe ser no tanto por la economía sino por el desarrollo social, en el que es fundamental en estos momentos de crisis que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, así como nuestros profesores y trabajadores de todo tipo, tengan garantizado el acceso a internet para que puedan estudiar, enseñar, desempeñarse y relacionarse de sus casas, para garantizar que no se frenen las dinámicas económicas, sociales y comunitarias durante el periodo de aislamiento decretado. Esto, en tanto nuestra realidad socioeconómica y cultural nos muestra que la mayor parte de la población colombiana no cuenta con equipos informáticos suficientes, un servicio de internet contratado ni habilidades digitales suficientes para enfrentar los retos actuales ni las crisis modernas.

Y usted, ¿qué le propondría al gobierno y qué estaría dispuesto a hacer para procurar que todos estemos conectados en estos momentos en que nos vemos obligados a estar distanciados?

Edición 674 – Semana del 21 al 27 de marzo de 2020
   
 
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