A parar para avanzar, con el patrocinio de Covid-19

 

Si tenemos como panorama un aislamiento colectivo por cuarentena, es la oportunidad de parar para avanzar, de respirar, tomar distancia, retomar el aliento y volver a alzar la voz con mayor fuerza, con acciones individuales y colectivas por la defensa y reivindicación de derechos, desde casa primero y, cuando podamos, nuevamente en las calles.

 
Víctor Daniel Vélez
 
Comunicador Regional Antioquia – Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Ahora sí, con ganas y desde cada territorio en el mundo, ¡a parar para avanzar!
Con el patrocinio de Coronavirus, vamos a parar todo,
también en Colombia, desde la casa de cada colombiano y colombiana...
¡Súmate... no nos importa que te cubras la boca o el rostro entero!

Estamos en épocas de cambio, de tensionantes coyunturas políticas, de agitación social, económica, de género, ambiental; de malestar, indignación, reclamo y furor colectivo… y llega un nuevo virus que se expande exponencialmente, aparecen los primeros casos en China, se riega por el mundo más rápido de lo que podemos responder y ¡se declara la pandemia! Con todo esto, comienzan los análisis políticos, las teorías del complot, las especulaciones ciudadanas, los mitos urbanos, las incredulidades, y lo que resulta ser un virus de contagio masivo se convierte en noticia, en tardías y torpes decisiones de gobierno, el pánico se vuelve colectivo, nos encierra, saca a relucir la falta de solidaridad y la prevalencia de intereses particulares, y la atención internacional, nacional y local se concentra en el Covid-19.

La crisis de salud pública aparece como una cortina para no ver la profundización de los problemas, que silencia las voces, los gritos y todos los llamados a visibilizar lo que indigna y alimenta las protestas sociales alrededor del mundo. La atención se centra en la emergencia sanitaria por fuera y dentro del país, mientras crece una sensación de que, con todo esto, el Paro Nacional ya no va más.

Sin embargo, acudiendo a aquella referencia que tenemos de China, curiosa frente esta situación aunque occidentalizada al estilo del coaching anglosajón, sobre que para la gente de ese país la palabra crisis representa peligro y oportunidad a la vez, el Coronavirus, por el contrario de opacar y poner en peligro las luchas, resistencias y acciones colectivas por la defensa y reivindicación de derechos, puede estar jugando un papel aliado a las causas y exigencias sociales respecto a la revisión de los sistemas económicos y políticos, en vía de promover y garantizar equidad, dignidad y sostenibilidad por encima de cualquier consideración capitalista o de mercados. Como lo que ha pasado con el reconocimiento actual, incluso por gobiernos de derecha en el mundo, de la importancia de contar con servicios de salud públicos y de entenderla como derecho y no como negocio.

Entonces, si tenemos como panorama un aislamiento colectivo por cuarentena, es la oportunidad de parar para avanzar, de respirar, tomar distancia, retomar el aliento y volver a alzar la voz con mayor fuerza, con acciones individuales y colectivas por la defensa y reivindicación de derechos, desde casa primero y, cuando podamos, nuevamente en las calles. En esta línea, la crisis sanitaria generada por la expansión del virus Covid-19, puede entenderse también como oportunidad… de aprendizaje, de preparación, de mayor cuidado… así como de:

Garantizar el acceso a sistemas de salud públicos, gratuitos y universales.

Cuidar y garantizar bienes y servicios públicos: salud, educación, transporte, infraestructura pública.

Disminuir exportaciones y aumentar incentivos a la producción interna de alimentos, procurando seguridad y soberanía alimentaria.

Aumentar habilidades digitales para la comunicación, el aprendizaje y la participación ciudadana a través del uso y apropiación de TIC, TAC y TEP (tecnologías de la información, del aprendizaje y la comunicación, de empoderamiento y la participación).

Seguramente hay muchas otras oportunidades que iremos encontrando para enfrentar esta y otras crisis, no sólo con previsión sino también con prospectiva. Por ello, dentro de los debates intersectoriales que la actual emergencia sanitaria amerita, necesitamos superar lo mediático y el pánico colectivo, cuidándonos, con seriedad, rigurosidad y con la solidaridad, pero cuestionando.

Es necesario estarnos preguntando qué más debemos exigir a nuestros gobiernos en cuanto a agendas progresistas. No podemos bajar la guardia y dejar de lado el reclamo por las garantías a los derechos fundamentales que respondan a los cambios planetarios, a las necesidades y contingencias que tenemos: cambio climático, crisis del sistema capitalista, crecimiento de los niveles de inequidad y de pobreza en el mundo; corrupción en el sector público, pérdida de credibilidad en los políticos, etc.

No olvidemos el proceso en el que estábamos antes de la pandemia, que nos estamos organizando para volver a salir a las calles y seguir exigiendo el desmonte de políticas regresivas en materia de derechos y la implementación de agendas de cambio, progresistas y garantes de derechos y libertades, frente a las que el Convid-19, en línea con las motivaciones de las protestas sociales en Colombia, nos aporta hoy argumentos de fuerza y energía para poner sobre el escenario de negociaciones sociales la necesidad de:

Mayor inversión en el sistema de salud pública, así como en ciencia, investigación y tecnología.

Gestionar la salud como derecho y no como servicio, lo que incluye la gratuidad, universalidad y mejoramiento de su calidad, así como mejores pagos a médicos, especialistas e investigadores.

Aplicar medidas de renta básica o salario mínimo vital, bien sea enfocado a grupos poblacionales en riesgo o condición de vulnerabilidad o en casos de emergencias, cuyas medidas deban ser solidarias con personas que lo necesiten: vendedores ambulantes, empleadas domésticas, trabajadores informales y muchos otros casos más.

Implementar cambios estructurales en el sistema educativo para avanzar hacia un paradigma del cuidado propio, a las personas que nos rodean, a la comunidad, al territorio y al medio ambiente; incorporando clases de autocuidado, respeto a la diferencia, la diversidad y la otredad; cultivo de alimentos, protección del agua y la tierra; proyectos colaborativos de vida, entre otras prácticas educativas que nos permitan cuidar mejor el momento, el lugar y los compañeros de existencia que tenemos cada uno.

Garantizar el derecho al mínimo vital de agua y el acceso universal a la energía y el internet para toda la población colombiana.

Disminuir las brechas digitales para el acceso a herramientas educativas, que necesariamente implica la masificación de internet, la dotación de equipos y el entrenamiento para el uso, interacción y apropiación de tecnologías; medios para la información y la comunicación; el aprendizaje y la participación; Iniciando con las poblaciones de escasos recursos o que carecen completamente de ellos y comunidades periféricas y rurales de los municipios de Colombia. No olvidemos que el acceso a la información nos permite tomar decisiones a conciencia.

Promover alternativas de trabajo, especialmente en términos de incentivos al teletrabajo, que permitan la desconcentración de los nodos de desarrollo en los territorios colombianos. Sistemas de transporte digno que permitan menores desplazamientos, agilicen el desplazamiento ciudadano y evite concentraciones de personas en momentos críticos.

El panorama luego del 21N, el 4D, el 22D, el 21N, entre otros muchos días de protesta social desde el año pasado, hoy ha cambiado. La calle ya no puede ser el escenario de las concentraciones y movilizaciones ciudadanas, en tanto entendemos, acatamos y promovemos la medida de cuidado colectivo de quedarnos en casa mientras la crisis sanitaria se logra superar.

Por eso la convocatoria de voluntades ciudadanas para exigir a los gobiernos nacional, regionales y locales, garantía de derechos, agendas progresistas, inclusión y cumplimiento de pactos sectoriales, así como de acuerdos por la vida y la paz en Colombia, es para que nos quedemos en casa pero no quietos ni calladitos, porque desde allí también podemos alzar nuestra voces de protestas y hacernos sentir con conciertos comunitarios de cacerolas, pitos y mucha bulla, para que se escuche constante y sonante, durante todo este tiempo de confinamiento preventivo, que el pueblo está y sigue emputado, que cada día son más los indignados, y que nos mantendremos en pie de lucha y resistencia hasta que esa otra Colombia mejor para todos y todas sea posible.

Con las salidas en falso del presidente colombiano, que nuevamente antepone intereses económicos frente a garantías de derechos y a la vida misma, seguramente serán muchos quienes cuestionen su apoyo y tantos otros que se sumarán a los indignados en el país que ya no aguantan más y están enfrentando formas corruptas de la política que benefician a unos pocos en detrimento del bienestar colectivo de la mayoría en el país.

Así que, durante días de crisis y medidas de aislamiento y distanciamiento voluntario, que lo que nos una, desde las casas de cada colombiano y colombiana, sea la convicción de que tenemos que cuidarnos entre todos y todas, en tiempos de crisis como estas, pero también en los diferentes momentos que como sociedad enfrentemos, porque cada día debería ser posible contar con las garantías para el ejercicio pleno de derechos, así como con la solidaridad suficiente para que el bienestar colectivo, la vida y la paz, primen sobre cualquier otro valor.

Y usted, además de estarse cuidando a sí mismo y a sus cercanos, en casa, ¿qué otras necesidades creen que se pueden evidenciar desde las decisiones del gobierno frente a esta crisis sanitaria generada por la propagación del Covid-19 por todo el mundo?... Y… ¿cómo se está sumando a las acciones de protesta social desde el hogar frente al llamado de paro nacional el 25M?

Nota aclaratoria: En realidad, una interpretación más acertada de la cosmovisión china respecto a la palabra crisis, llevaría a entenderla como punto de quiebre, que nos invita a pensar en un momento crucial, en un cambio de orden para bien o para mal. Así, esta crisis también es una disputa, una prueba de habilidad y de fuerza, no sólo para los gobiernos sino para los habitantes de todo el mundo, en la que más que siempre debemos separar y distinguir, decidir, elegir, interpretar y examinar: un examen de méritos de lo que somos como comunidad, como sociedad, en la que veremos si prevalece la solidaridad y la cooperación frente al individualismo y la competencia deshumanizada.

Edición 674 – Semana del 21 al 27 de marzo de 2020
   
 
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