El país de los olvidados

 

Esta semana el Gobierno implemento mediante el Decreto 457 de 2020, el aislamiento preventivo obligatorio para todos los habitantes del país. Bajo este aislamiento obligatorio, esta semana emergió en las primeras planas noticiosas la realidad de nuestro país, la realidad de aquella Colombia, no la Colombia con P de progreso, sino con P de pobreza, la Colombia de los olvidados.

 
Catalina Amado Amado
 
Abogada especializada y docente universitaria
 
 

El país de los olvidados, frase esta que me recuerda la película de Luís Buñuel, de 1950, que retrata que entre la opulencia y la escases sobresalen aquellos seres humanos atropellados por la necesidad y la indiferencia del Estado.

Esta semana, específicamente el 25 de marzo, el Gobierno nacional implemento mediante el Decreto 457 de 2020, el aislamiento preventivo obligatorio para todas las personas habitantes de la república de Colombia, a partir de las cero (00:00) horas del día 25 de marzo hasta las cero (00:00) horas del 13 de abril de 2020, es decir, que obligó a los colombianos y residentes a quedarse en casa por el lapso de 19 días a fin de mitigar el contagio de la pandemia generada por el COVID-19, que reportó en Colombia su primer caso el pasado 7 de marzo y que a la fecha reporta 539 contagiados, 10 recuperados y 6 muertes1, siendo la capital la mas afectada, con 223 casos.

Bajo este aislamiento obligatorio, esta semana emergió en las primeras planas noticiosas la realidad de nuestro país, la realidad de aquella Colombia, no la Colombia con P de progreso, sino con P de pobreza, la Colombia de los olvidados.

Se evidenció en las calles la tasa de desempleo que reboso para enero de 2020 el 13%2; la informalidad en la que se mueven gran cantidad de colombianos y que roza la proporción del 47.7%3; la cifra de los migrantes venezolanos que ya llega a más de 1.750.0004 personas; la gran vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres y las víctimas de violencia intrafamiliar; el desafortunado olvido de los líderes sociales y de sus muertes que pasan a engordar las cifras sin que se tomen medidas preventivas, y mucho menos se vean avances en las investigaciones; la gran cifra de pobreza con la que se queda corto el DANE, ya que a pesar de que permanecen una gran cantidad de personas en sus casas, las calles se ven atiborradas de aquellos que viven un día a la vez, y no porque lo practiquen como un mantra, sino porqué la necesidad y el hambre los obligan.

La realidad de las personas de la tercera edad, que aún con las tecnologías existentes tienen que presentarse personalmente para recibir las migajas de un Estado que no da abasto con tanta corrupción y tantos salvavidas que arroja a sectores y personajes que no van a tener vida para gastar el dinero que tienen. Pero amasar fortuna no es delito ni mucho menos pecado, lo que si va en contra de toda lógica y proporción es que viendo la realidad de los olvidados no se tomen medidas que mitiguen el hambre y los acosos bancarios, porque ellos “no paran, producen” a costa de lo que sea, incluso de la tranquilidad de los colombianos que pagan sus deudas con lo que logran conseguir con el trabajo diario y que en este momento apenas les alcanza para comer.

Si bien es cierto, que la idea no es obtener regalos ni preventas, porque una cosas es cierta, a los olvidados nadie les ha regalado nada, ellos han hecho su día a día a punta de trabajo y esfuerzo y algunos con ayuda financiera, lo que se desea es que se vuelque la mirada del Gobierno hacia ellos y se pueda por una vez tan siquiera, obtener un respaldo, quizá con el congelamiento de sus deudas, o con un subsidio transitorio, que permita en estos momentos de crisis sobrellevar tan dura situación –que a todos nos ha tomado por sorpresa– algo así como un algo por mil y se compense la ayuda que se ha brindado al sector financiero, ya que como dice el lema del Gobierno “el futuro es de todos”, esperando que en ese futuro también se cuente con los olvidados.

Edición 675 – Semana del 28 de marzo al 3 de abril de 2020
   
 
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