El covid-19 y la teoría del indicio

 

En Colombia, el sexto país más ignorante del mundo y en donde millones de ciudadanos no creen ni en las pruebas documentales ni testimoniales para condenar a sus copartidarios procesados, menos van a creer en pruebas indiciarias por muy concordantes y concluyentes que sean.

 
Antonio Mora Vélez
 
Abogado, escritor y columnista de opinión
 
 

La llamada pandemia del Coronavirus se ha convertido en una noticia permanente en todos los noticieros de radio y TV del mundo. Varios de los cuales, los de occidente, insisten en afirmar que su origen fue en la ciudad china de Wuhan, en donde existe un centro de investigación de infectología y en el cual fue creado el virus de marras que terminó, por culpa de la costumbre que tienen los chinos de comer todo lo que se mueve, infectando al país y al mundo.

En mi opinión, basada en hechos y circunstancias que constituyen indicios, su origen puede estar en algún laboratorio de los EEUU, y con la intención de regar el virus por el mundo para cumplir dos funciones: 1) Siguiendo las directrices de la élite mundial que se agrupa en el llamado Club de Bilderberg, disminuir la población mundial, que alcanzará la cantidad de nueve mil millones de seres en el año 2030, una población insostenible para entonces por la casi extinción de muchos de los recursos naturales necesarios para lograrlo, y 2) Frenar el impetuoso desarrollo de China para que esta nación asiática no los desplace del primer lugar como potencia económica mundial. País que, al parecer, ha descubierto la manera de coordinar el desarrollo económico sostenible sin necesidad de recurrir a la disminución de su población.

Pero antes de entrar en el campo de los indicios que me llevan a pensar en este origen posible del virus, debo aclararle a los muchos lectores que no son abogados y que, a lo mejor, no han oído hablar del tema, que el indicio es una prueba judicial, de las más recurridas y de las más controvertidas por su naturaleza inferencial, lógica, deductiva, que no señala directamente al autor del suceso o delito sino que pone al juez en la tarea de descubrirlo, con base en datos, hechos y situaciones o circunstancias que conducen a identificarlo.

Veamos lo que afirman algunos tratadistas. Sergio García Ramírez dice: “Los indicios son hechos, datos o circunstancias ciertos y conocidos de los que se desprende, mediante elaboración lógica, la existencia de otras circunstancias, hechos o datos desconocidos”. Mittermaier sostiene que “Un indicio es un hecho que está en relación tan íntima con otro hecho, que un juez llega del uno al otro por medio de una conclusión muy natural. Por eso son menester en la causa: El uno comprobado, el otro no manifiesto aún y que se trata de demostrar raciocinando del hecho conocido al desconocido”.

En el caso del coronavirus, que el gobierno chino, con el apoyo de sus científicos que investigan el virus, sospecha fue llevado a su país por los EE. UU., y los rusos –más categóricos– lo afirman, operan, para mi entender, los siguientes indicios:

1.- El del interés ya señalado de los EE. UU. de frenar el desarrollo de la economía china, como en efecto ha ocurrido, para no perder ellos el liderazgo mundial. China bajó a un 4% su índice de desarrollo anual; no obstante, es el país con mejores cifras en este sentido y el que muestra una mayor disminución porcentual de la pobreza.

2.- El de presencia del presunto autor –los EE. UU.– en el lugar de aparición del virus. Como ya es de público conocimiento, el ejército de los EE. UU. estuvo con 300 soldados deportistas en los Juegos mundiales militares efectuados el año pasado a finales de octubre precisamente en la ciudad de Wuhan. Por esos días los médicos chinos trataron a varios soldados gringos de neumonía, tratamiento que dio origen al descubrimiento del Covid-19.

3.- El indicio de la capacidad científica y tecnológica del Imperio para producir esa clase de arma biológica y de llevarla al territorio chino, en donde apareció el mal unos días después de finalizados los mencionados juegos deportivos militares de Wuhan.

4.- El del hecho coincidente que se sabe por la prensa de oriente y que informa que el segundo caso de expansión del virus ocurrió en la ciudad surcoreana de Daegu en donde los EE. UU. tienen una base militar y la contagiada fue una señora que no tiene vínculos con China ni ha viajado recientemente a China.

5.- Los antecedentes agresivos y sangrientos del sospechoso: las muchas invasiones y destrucciones de países y ciudades ordenadas por los residentes de la Casa Blanca para apropiarse de sus recursos naturales, como es el caso de Libia, Irak, Afganistán, Yemen, Somalia y Siria, para citar los más recientes. Y los más lejanos, pero no menos siniestros de Vietnam y de Hiroshima.

6.- La circunstancia de ser la guerra nuclear hoy un suicidio para quien la inicie; Norteamérica –con todo y su potencial militar– quedaría casi totalmente destruida después de una guerra de ese tipo frente a Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Circunstancia que la obliga a buscar otras alternativas de destrucción, como la guerra biológica, para enfrentar a sus enemigos. Y así lo dijo Bill Gates hace cinco años. Y sabiendo quién es el personaje, podemos concluir que tiene razones para saberlo. Y…

7.- Ser China e Irán –enemigos de los EE. UU.– y España e Italia, países en donde el virus ha contaminado más personas. No tendría lógica que China pretendiese atacar biológicamente a un país amigo (Irán) y a un país como Italia con el que cuenta como aliado para la realización de su proyecto comercial titulado la Nueva ruta de la seda. Y a España, que cuenta actualmente con un gobierno de izquierda.

Los anteriores datos, hechos y circunstancias permiten colegir que los círculos gobernantes de los Estados Unidos tienen el interés, las ganas, los medios, la necesidad, la capacidad, el historial agresivo y que estuvieron en los lugares de aparición del virus con unidades de sus fuerzas armadas, razones por las cuales son el país sospechoso de haber creado y diseminado el virus en China y desde allí al resto del mundo.

Se me podrá decir que los chinos también tenían el interés de reducir su numerosa población, pero el eficiente trabajo adelantado por sus médicos y enfermeras, por sus obreros y por su gobierno, y la disciplina de sus habitantes, para enfrentar la epidemia, y las pocas muertes que tuvieron gracias a su eficiencia -menos del 1% de su población- lo descartan. Ningún otro país del planeta es capaz de construir un hospital con mil camas en diez días ni una fábrica de tapabocas en seis. Y ya hoy, mientras escribo este comentario y el resto del mundo vive en la incertidumbre por el crecimiento de la pandemia, el sistema de salud de China ha dado por concluido el peligro de expansión del virus en su inmenso país.

Y como los EE. UU. van a negar la sindicación que les hacen China y Rusia, no faltarán los fanáticos de Trump que seguirán repitiendo, en contra de las evidencias, que fueron los chinos los creadores del coronavirus. Esos mismos fanáticos dirán que con solo indicios no se puede condenar a nadie. Y es natural. En Colombia, el sexto país más ignorante del mundo y en donde millones de ciudadanos no creen ni en las pruebas documentales ni testimoniales para condenar a sus copartidarios procesados, menos van a creer en pruebas indiciarias por muy concordantes y concluyentes que sean.

Edición 675 – Semana del 28 de marzo al 3 de abril de 2020
   
 
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