¿Puede la democracia enfrentar la emergencia?

 

China se ha caracterizado por imponer límites duros a las libertades individuales de información y expresión. Muy poco se habla ahora de los hallazgos de Human Rights Watch del año pasado, donde se menciona como el presidente Xi Jinping ha anunciado su interés de regir indefinidamente en la República Popular de China.

 
Julián González Escallón
 
Coordinador Incidencia Nacional CCJ
 
 

Cuando la pandemia era solo un brillo fugaz en el horizonte, el mundo reverenció por un segundo el empuje del gobierno chino para frenar las muertes que estaba generando en su tierra el Covid-19, que hemos llegado todos a conocer (y a temer) como el Coronavirus. En diez días se construyó un hospital con todas las comodidades para atender a los enfermos, y por un momento, ante la imponencia de la hazaña, pocos pudieron racionalizar ese particular hecho que merece mucha más lectura de la son capaces estas breves líneas. Sin embargo, ahora que el humo se disipa sobre la ciudad que vio esta adversidad nacer, vale la pena decir algo sobre el particular.

China se ha caracterizado por imponer límites duros a las libertades individuales de información y expresión. Muy poco se habla ahora de los hallazgos de Human Rights Watch del año pasado, donde se menciona como el presidente Xi Jinping ha anunciado su interés de regir indefinidamente en la República Popular de China, así como la completa absorción del Partido Comunista Chino sobre la burocracia estatal. Tampoco se incluye en el análisis la represión que padecen trece millones de musulmanes por este gobierno, que han sido objeto detenciones arbitrarias y controles abusivos por parte del Estado. Vale la pena mencionar, por último, cómo el gobierno chino ha logrado un nivel de vigilancia y control de su población a través de sistemas de seguimiento informáticos, que a la fecha son legales en dicho país1.

No es una sorpresa, entonces, que un Estado de estas características haya logrado con tal velocidad manejar una crisis de salud como la que afloró a finales del año pasado en su tierra. El gobierno chino ha concentrado en sí todo el poder político de la sociedad y lo ejerce sin ambages ni controles. Dicho de otra forma: China ya era un estado de emergencia en la práctica, que es la propuesta que los órdenes políticos totalitarios ofrecen a su comunidad. Un estado poderoso y efectivo que puede hacerse cargo de los males sociales con eficiencia. La pregunta que quedaría entonces es ¿puede la democracia ocuparse de la emergencia?

Posiblemente no con la misma eficacia ni con la misma velocidad, la democracia es en esencialmente un sistema de control a los poderes constituidos. Así lo pensaron Montesquieu y Madison cuando abogaron por separar los poderes públicos; ojos vigilantes para quienes cumplen funciones estatales. En ese sentido, la democracia es lenta y en sus pausas encuentra su sentido, donde los representantes de la comunidad y los órganos de control toman parte en las decisiones.

Las democracias no están desprovistas de mecanismos, en todo caso. Pero incluso los estados de emergencia requieren canales institucionales y gobiernos ponderados, que balancean en un equilibro inestable las acciones con las que nos enfrentamos a los desconocidos peligros que aguardan en la noche de lo imprevisible.

Pudiera ser entonces que este despliegue del gobierno de Xi Jinping no sea algo de admirar, sino la evidencia de que actuar con tal velocidad encubre la ausencia de controles. El mundo vio un hospital, pero decidió también olvidar convenientemente si un poder controlado es capaz de obrar milagros en cuestión de un par de semanas. Habrá quienes crean que es mejor un Estado más poderoso, o más eficiente, pero habrá que recordar a esas personas los peligros y las consecuencias de los milagros, por lo menos, para que sepan ponderar que vale más para sus vidas y las de las personas que los rodean a largo plazo.

Edición 678 – Semana del 18 al 24 de abril de 2020
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía.
Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus