Adiós, madre generosa

 

La vida de mi madre fue un compendio de intrepidez, valentía y visión futurista. Aceptó el reto de ser la primera mujer alcaldesa de Colombia, en un país cargado de machismo y patriarcalismo. Y después asumió la dirección de la Quinta de Bolívar en Bogotá llevándola a su máximo esplendor.

 
Alonso Ojeda Awad
 
Exembajador de Colombia
 
 

Cuando su valiente y aguerrido corazón detuvo su andar, posé suavemente mis labios en la frente de mi madre y cerré sus ojos para siempre. Ojos negros y hermosos que habían guiado y acompañado mi compleja existencia, salvándome de todos los peligros y conduciéndome, con su hermosa mano, hasta el verdadero encuentro conmigo mismo.

Centenares de imágenes fugaces se agolparon desordenadamente en mi entristecido cerebro, pero, una ganó el espacio.  Recuerdo cuando asido de su mano, recorrimos los polvorientos caminos de la centenaria provincia Ocañera, los de Capitán Largo, Las Rojas, Guayabal, Chapinero… Ella conversando con las mujeres campesinas, al pie del fogón de leña, sobre la necesidad inaplazable de conquistar sus derechos políticos. Posteriormente, montados en los camiones cebolleros rumbo a Ocaña, al Parque principal, a las mesas de votación para consignar el voto, que abriera la pesada compuerta que negaba los derechos políticos a la mujer colombiana.   Y logrado el triunfo, su inmensa alegría, rodeada de todas las mujeres campesinas que sin saber la dimensión de lo ganado se abrazaban y lloraban de alegría.

Ese esfuerzo descomunal de María Susana Awad de Ojeda, creó un hito nuevo en la historia colombiana. El nacimiento de la mujer en la política, la que ahora permite la llegada de mujeres, respaldadas por las multitudes, a los altos cargos de conducción política, realizada por mujeres brillantes, inteligentes, carismáticas y valientes.

Su generosidad la acompañó toda la vida. Recuerdo que nuestra primera comunión estuvo presidida por un suculento banquete ideado y realizado por su generosa experiencia culinaria y solo fueron invitados las niñas y niños de los barrios más deprimidos de Ocaña.  En esta forma, nos indicó que nuestro camino de la vida debía estar marcado por el compromiso y la lucha con los sectores más humildes de nuestra sociedad. Su gesto más hermoso fue cuando me dijo que buscara al capellán de la Universidad Nacional de Colombia para que orientara y le diera un sentido de compromiso inclaudicable a mi vida. Hasta esa hermosa y legendaria capilla fui para encontrarme con ese ser de luz que era Camilo Torres Restrepo. Y le dije: Yo vengo aquí a buscarlo porque mi madre desde Ocaña me dijo que lo buscara, para que usted me ayude a orientar mi vida. Me miró a los ojos y me dijo: Tú sabes cuál es el deber de todo cristiano. El deber de todo cristiano es ser revolucionario. Y el deber de todo revolucionario es hacer la Revolución en el amor, como nos lo enseñó Cristo desde el Calvario.

Le escribí a mi madre y ella me dio su bendición.  Por eso, yo que soy cristiano y por mi madre me hice Cruzado, asumí mi responsabilidad con Camilo y lo acompañé hasta las últimas consecuencias.

La vida de mi madre fue un compendio de intrepidez, valentía y visión futurista. Aceptó el reto de ser la primera mujer alcaldesa de Colombia, en un país cargado de machismo y patriarcalismo. Y después asumió la dirección de la Quinta de Bolívar en Bogotá llevándola a su máximo esplendor.

Escritora polifacética. Su libro “La pluma viva de María Susana Awad. Manuela Sáenz 200 años de olvido y otros relatos” recoge el conocimiento y admiración que mantuvo por quien es conocida como “La Libertadora del Libertador”.

Muchos son sus poemas, escritos con la dulzura y el recuerdo presente de la tierra que la vio nacer: “La casa de mamá”, “Yo guardo un tesoro”, “Milagro hecho carne”, “Viajero, ¿vas a Ocaña?” y “Remembranzas”.

La escritora y periodista Myriam Bautista incluyó su vida en un hermoso texto publicado en el año 2002 titulado “Palabras de los mayores”. Allí aparece con destacadas figuras del acontecer nacional. Asimismo, se destaca su vida como una de las mujeres descendientes de El Líbano, en el reconocido texto de las escritoras Pilar Vargas y Luz Marina Suaza “Mujeres Árabes de Colombia”.

Al despedirla en su última morada y partido de dolor mi corazón, le susurré al oído: “Madre del alma, la tarea fue cumplida con todos los honores. Descansa en Paz”.

Edición 678 – Semana del 18 al 24 de abril de 2020
   
 
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