Líderes y organizaciones
comunitarias en busca de salidas

 

No podemos seguir sacrificando los pocos líderes solitarios que nos quedan, plenamente identificados por los enemigos, ni permitir que a nombre de supuestos o reales ideales nos convoquen a enfrentarnos en desigualdad de condiciones y capacidades con la fuerza pública, los grupos armados ilegales o bandas criminales para seguir produciendo “mártires” con la ilusión de generar movimientos masivos que nos lleven a los cambios que merecemos.

 
Víctor Negrete Barrera
 
Centro de Estudios Sociales y Políticos. Universidad del Sinú
 
 

Nosotros, los líderes sociales urbanos y rurales, nunca habíamos tenido tantas calamidades juntas: pobreza, riesgos ambientales (inundaciones, sequías, deforestación, contaminación, pérdida de humedales y erosión), conflicto armado y narcotráfico, inseguridad (muerte, amenazas, desplazamiento), control de tierras y territorios por diferentes actores, poca atención por parte de autoridades y gobiernos, estigmatización y ahora el Covid-19.

Es tanta la preocupación y el miedo que muchos desistieron del trabajo comunitario y otros prefieren mantenerse al margen. La familia y amigos cercanos son los que más presionan para nuestra retirada definitiva. Yo todavía estoy indeciso. Ahora pienso que después de la desmovilización parcial de las Autodefensas Unidas de Colombia en el año 2006 y lo que ha venido sucediendo desde entonces: la permanencia del conflicto armado con nuevos y viejos grupos, paros armados, protestas y movilizaciones diversas, sustitución voluntaria y erradicación forzosa de cultivos de uso ilícito, el controvertido y azaroso Acuerdo de paz y su implementación, debimos reunirnos para analizar situaciones, adoptar estrategias y definir el papel que debíamos cumplir los líderes y organizaciones en cada uno de estos hechos. No lo hicimos como era debido y los hechos nos tienen maniatados o acorralados.

Una reflexión necesaria

Hoy, bajo este nuevo y complicado panorama, nos llegó la hora de hablar con claridad. Yo lo voy a hacer y espero que ustedes también con la consideración que todos merecemos. La mayoría de nosotros, hombres y mujeres, somos pobres, nos acercamos o pasamos de 50 años; no tuvimos recursos, oportunidades o decisión para continuar los estudios; muy temprano nos hicimos cargo de responsabilidades familiares; el conformismo, el ocio, la falta de iniciativas y las justificaciones permanentes son limitaciones que muchos no han podido superar.

Aprendimos este oficio de liderazgo social siguiendo las pautas organizativas y características personales que nos dejaron desde la década de los años sesenta del siglo pasado los viejos promotores de invasiones y revueltas para poder hacerse a programas de vivienda, colegios, puestos de salud, parques, canchas deportivas, mejores servicios, eventos recreativos, artísticos, culturales y jornadas humanitarias. A pesar de las posibilidades que tuvimos no pudimos o no nos dio la gana de crear un movimiento cívico o social comunitario independiente. Y claro, los grupos políticos, aprovechando la dispersión y debilidad de los dirigentes, nos incorporaron a sus filas. En cambio, a manera de compensación, recibimos la ayuda humanitaria, de paz y desarrollo que cumplen las asociaciones religiosas, institucionales, gremiales, académicas, étnicas y de cooperación internacional.

Por lo general llevamos una vida política activa haciendo parte de los grupos políticos que funcionan en las localidades. Esto nos permite estar enterados de lo que sucede en las administraciones del gobierno y corporaciones públicas; leemos prensa, oímos y vemos noticieros; intervenimos en corrillos y debates con pasión y sectarismo; estamos pendientes de lo que sucede en barrios y veredas. No contamos con salarios u honorarios por desempeñar estas actividades, a cambio recibimos de los jefes la posibilidad de incluirnos en los programas de ayuda asistencial de la administración, recibir pequeños contratos, empleos temporales incluyendo familiares, beneficios médicos y educativos y preferencia en las dependencias controladas por funcionarios de sus grupos.

Nuestra labor tiene un límite: no podemos avanzar en la carrera política por la forma como conciben y manejan los grupos políticos nuestras aspiraciones: reservan solo para los familiares y grandes contribuyentes el acceso a curules, puestos o contratos de importancia. Nosotros al parecer estamos condenados a los oficios de mantener o incrementar votos, solicitar recursos u obras, divulgar las ideas de los jefes y prepararles reuniones con fines electorales.

Creo necesario revisar algunas de nuestras prácticas y debilidades. Por ejemplo: no tenemos la suficiente disciplina para mejorar nuestra formación personal en cuanto capacitaciones, valores, principios, ética, resiliencia, emprendimiento y superación de la pobreza, entre otras. No evaluamos ni sistematizamos el trabajo realizado y las experiencias obtenidas. Dejamos a un lado la necesidad e importancia de estimular la organización de grupos diversos de la comunidad, entre ellos niños, adolescentes, adultos mayores, mujeres, artistas, artesanos, deportistas, victimas, ambientalistas. Con frecuencia nos oponemos a la escogencia de jóvenes y mujeres con capacidades en los puestos directivos y no faltan los que actúan de mala fe o en provecho propio. Mientras no tengamos una visión clara de desarrollo comunitario que procure bienestar, solidaridad, equidad, justicia, convivencia entre nosotros, los demás seres vivos y la naturaleza, seguiremos cumpliendo el papel de tercera que nos han asignado.

En el campo o zona rural

En el campo ser líder social es un riesgo de todos los días en medio del silencio y la espesura, el abandono, la impotencia y el olvido. Estamos a merced de actores peligrosos y con poder desde hace muchos años. Junto con la población hemos pasado por procesos de sometimiento, confinamiento, resistencia y adaptación y al final es poco o nada lo que hemos podido conseguir para bien de las comunidades. El costo que hemos pagado es demasiado alto en muertos, desplazados, desaparecidos, exiliados, amenazados o torturados.

No podemos seguir sacrificando los pocos líderes solitarios que nos quedan, plenamente identificados por los enemigos, ni permitir que a nombre de supuestos o reales ideales nos convoquen a enfrentarnos en desigualdad de condiciones y capacidades con la fuerza pública, los grupos armados ilegales o bandas criminales para seguir produciendo “mártires” con la ilusión de generar movimientos masivos que nos lleven a los cambios que merecemos. Muchos están de acuerdo con la justeza de nuestras peticiones y esperanzas. Lo que quiero es que cuando las solicitemos o exijamos lo hagamos con plena conciencia y compromiso, midiendo los riesgos y posibilidades de triunfo, el efecto sobre las comunidades y la continuación de los procesos.

Otra reflexión necesaria

Es urgente buscar formas organizativas flexibles y eficientes y metodologías participativas que privilegien el análisis colectivo, la gestión y planificación, así como el seguimiento y valoración de las acciones que permitan a los distintos grupos y sectores de la comunidad mejorar sus precarias condiciones de vida. Me refiero a niños, adolescentes, jóvenes, adultos, mujeres, discapacitados, deportistas, artesanos, artistas, profesores, estudiantes, comerciantes, campesinos, en fin, a la mayoría de la población. Cada grupo determinará sus funciones, lo importante es que funcione y muestre resultados. El objetivo es que cada comunidad tenga numerosos líderes con renovaciones permanentes y capacitaciones más especializadas.

Las distintas organizaciones, debidamente coordinadas, buscarán alianzas que les faciliten la consecución de sus objetivos. Estas pueden ser con los grupos políticos, iglesias, organismos de cooperación internacional, academia, gremios económicos e institucionalidad a todos los niveles. Y todo esto lo podemos conseguir si respetamos o toleramos las diferencias políticas, religiosas, étnicas, ideológicas, de género o económicas que existen en los distintos grupos y nos dedicamos a buscar los puntos comunes que nos deben unir. Estos puntos comunes son la satisfacción de las necesidades de la mayoría de la población y el cumplimiento de los derechos de todos los miembros de la comunidad: trabajo, educación, agua potable, salud, vías, producción, movilidad, recreación, ambiental y cultural.

Hay ejemplos locales que bien pueden servir de referencias: la experiencia acumulada en investigación, metodología, cultura y medio ambiente de la Fundación del Sinú y el Centro de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Sinú, BenPosta, Corsoc, Asprocig, Corporación Oriana, organismos de cooperación internacional, Parque nacional natural Paramillo, diócesis de Montería y Montelíbano y el más reciente, el Programa ANDA, llevado a cabo durante seis años, financiado por la empresa minera BHP Billiton e implementado por Global Communities en 43 comunidades pertenecientes a los municipios Puerto Libertador, Montelíbano, San José de Uré, La Apartada, Buenavista y Planeta Rica, todas pobres y en medio del conflicto armado y el narcotráfico.

La metodología que utilizaron está basada en los siguientes principios: responsabilidad, empoderamiento, transparencia, apropiación y participación. Y gracias a ellos obtuvieron impactos importantes en los territorios y poblaciones que los habitan: 1. La formación permanente, potenciando y estimulando nuevas capacidades en las gentes de acuerdo con sus intereses y proyecciones; 2. El desarrollo comunitario, asegurando la estructura organizativa comunitaria que garantizara la ejecución de los programas definidos en los planes de desarrollo comunitarios. 3. El fortalecimiento institucional, mediante acuerdos o convenios con los distintos aliados basados en el respeto mutuo y la independencia de cada uno; 4. El desarrollo económico y la generación de ingresos, orientados a la organización, consolidación y proyección de unidades productivas, con la seguridad y respaldo familiar y el empleo de técnicas para el mejoramiento de las condiciones productivas y la seguridad alimentaria; 5. Las comunicaciones, conformaron y consolidaron Colectivos de Comunicaciones con la misión de informar sobre los propósitos y cambios que efectuaban en las comunidades a través de los distintos portales comunicativos; 6. La infraestructura, referida a manejo de microacueductos, vivienda y entorno saludable, saneamiento básico, manejo integral de residuos sólidos y conformación de asociaciones de recicladores y construcción del salón comunitario, entre otros. 7. La resiliencia ambiental, con tres líneas estratégicas: gestión ambiental comunitaria, gestión del riesgo y agricultura y producción climáticamente inteligente.

A manera de conclusión: con organizaciones coordinadas, responsables y dotadas de planes de desarrollo definidos; líderes capacitados, éticos y creativos y comunidades solidarias, participativas y resilientes es posible que encontremos la salida que estamos buscando. ¿Ustedes que dicen?

Edición 679 – Semana del 25 de abril al 1º de mayo de 2020
   
 
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