A la memoria de un dirigente sindical: mi Padre

 

Para mi hay dos cosas inolvidables de niño del vínculo con mi Padre, que fue en esta década del setenta. Una, cuando nos llevaba a las reuniones sindicales: recuerdo pasar muchas horas en auditorios repletos de gente, con una nube de humo de cigarrillo persistente en el aire y aunque yo no entendía nada, era feliz, porque era la forma de estar cerca a él.

 
Mauricio Torres-Tovar
 
Profesor Universidad Nacional de Colombia
 
 

A un mes de la muerte de mi Padre, celebro su vida…

No puedo dejar de escribir unas líneas sobre mi Padre, sentiría que no le rindo el homenaje que se merece, sentiría que de alguna manera lo traiciono.

Sé que algunos que leen los artículos publicados en este espacio comunicativo conocieron a mi Padre e intuyo que otros, se identifican con su quehacer sindical y con su visión social.

Mi Padre, Carlos Alberto Francisco Torres Corredor, nació en Bogotá, en la década de los años 40 del siglo pasado, que en sus finales convulsionó al país. Para el 9 de abril del 48 mi Padre era un niño de 6 años.

Creció en el seno de una familia pobre. Su madre Matilde, debió criar a sus cuatro hijos, lo que le impuso a mi Padre una vida muy limitada y lo obligó a rebuscarse la vida desde muy joven; lo que, a su vez, le impidió estudiar, solo pudo llegar hasta la mitad del bachillerato.

Su trabajo inicial, se relacionó con ofrecer llevar las fotos de la gente a dibujos grandes, que era una forma de actualizar y recuperar fotos viejas, desgastadas; labor que su madre aprendió a hacer, como parte de un oficio de algunos miembros de la familia. Esto de alguna manera, ligó desde joven a mi Padre con el oficio que luego marcaría parte de su vida laboral y sindical: la fotografía.

La gran agitación social y política dada a mediados de los años sesenta en el mundo y en Colombia, de alguna manera tocó a mi Papá y muy posiblemente ahí empezó a elaborar una conciencia social. Recuerdo que me contó que alcanzó a participar en algunas de las concentraciones convocadas por el padre Camilo Torres.

Ya para comienzos de los 70 mi Padre ejercía la fotografía como un trabajo del cual conseguía sobrevivir. Definitivamente lo aprendió a puro pulso y empiria, pero realmente tenía una cosa innata para este oficio: un buen ojo para el encuadre y un concepto estético para establecer una buena composición fotográfica.

En los comienzos de esos años setenta, un primo suyo, Jorge Corredor, que también era fotógrafo, lo invitó a vincularse al Sindicato Colombiano de Fotógrafos y Camarógrafos para la Prensa – SICOLFG, asunto que termina cambiando radicalmente la vida de mi Padre. Él se mete de lleno a la actividad gremial y sindical y se vuelve de manera muy juiciosa un estudioso. De seguro recibió diversos cursos de formación sindical y se volvió un lector asiduo, asunto que yo ya recuerdo en mi condición de niño. Él nos trasmitió a sus hijos de manera muy insistente la importancia de la lectura y del estudio.

Mi Padre en esa década de los setenta se vinculó al ala del sindicalismo independiente a través de la Acción Sindical de Cundinamarca – ASICUN, en tanto SICOLFG se vinculó a esta organización sindical de segundo nivel, que fue un escenario de mucha formación y debate político, a través de la Escuela Obrero Popular Gentil Velasco, una rica experiencia de educación popular, que afinó la apuesta por la alianza obrero, campesina y popular. Sin duda esta experiencia, cualificó mucho a mi Padre.

Desde SICOLFG y con el apoyo de ASICUN, emprendió una tarea muy linda, que fue contribuir a crear FECOLFOTOGRAFOS, la Federación Colombiana de Fotógrafos y Camarógrafos, de la cual mi Padre fue su primer presidente; organización que logró articular a este conjunto de trabajadores independientes y conseguir algunas de sus demandas, como fue la del estatuto laboral del fotógrafo y el camarógrafo, un reconocimiento social y laboral a estas profesiones.

Para mi hay dos cosas inolvidables de niño del vínculo con mi Padre, que fue en esta década del setenta. Una, cuando nos llevaba a las reuniones sindicales: recuerdo pasar muchas horas en auditorios repletos de gente, con una nube de humo de cigarrillo persistente en el aire y aunque yo no entendía nada, era feliz, porque era la forma de estar cerca a él. La otra, cuando nos llevaba a marchar los primeros de mayo y él me llevaba de la mano y sus camaradas me trataban cálidamente. Creo que estos dos hechos marcaron en mi la felicidad del encuentro con la gente, con los trabajadores, la pasión por las asambleas, los debates y las marchas.

Ya para mediados de los años ochenta, mi Padre se involucró en el proceso de la construcción de una nueva central sindical de trabajadores, que para el año 1986 crearía a la Central Unitaria de Trabajadores – CUT. Este proceso lo dieron desde una instancia que había configurado desde ASICUN y otras organizaciones, llamado Federación Unitaria de Trabajadores de Bogotá y Cundinamarca – FUTRABOG. Pero, en este proceso de cambios sindicales de mediados de la década de los ochenta, se decidió que mi Padre pasará mejor a las filas de la Central de Trabajadores de Colombia – CTC, al afiliar a FECOLFOTOGRAFOS a ella1.

Ya para los años ochenta mi Padre era un educador y asesor sindical para los pliegos de peticiones y las negociaciones colectivas de trabajo. Estas dos actividades marcaron el quehacer de su labor en el movimiento sindical. En el seno de la CTC, se convirtió en directivo de ella, ejerciendo fundamentalmente el cargo de secretario de educación, desde la cual llevó a cabo una labor de facilitador en múltiples procesos de formación sindical para obreros y obreras.

Igualmente, en representación de la CTC, estuvo presente en múltiples escenarios de articulación de carácter social, gremial y sindical, tanto nacionales e internacionales, algunos desde los cuales se impulsaron procesos de defensa de los derechos sociales y laborales y otros, desde los cuales se impulsó el proceso de paz en Colombia, con el cual mi Padre siempre se identificó y apoyó.

Producto de su gran interés por el conocimiento y pensando en fortalecer su labor de asesoría sindical, mi Padre hizo una cosa que a mí me dejo deslumbrado. Cuando yo estaba terminando el bachillerato, en los primeros años de la década del ochenta, el decide convalidar el bachillerato y emprendió un proceso de autoestudio de manera muy seria y consistente, que lo llevó a obtener el título de bachiller a través de la entonces llamada prueba del ICFES. Inmediatamente después, aplica a la universidad e ingresa a la Universidad Libre a la carrera de derecho, graduándose a los cinco años como abogado. Esto le permitió continuar desarrollando su labor desde el movimiento sindical, no en condición de profesional independiente, como abogado laboralista, cosa que tal vez ya era, pero que ahora un título académico lo reafirmaba, como la verdad suele ocurrir con muchos de los cuadros sindicales que son unos expertos en legislación laboral.

Acá debo decir que siempre admire la inteligencia de mi Padre, y su pasión por la lectura. Inteligencia que no fue solo por el estudio, no, se desarrolló de seguro en el mismo escenario de la vida, la cual yo evidencie desde niño, dada su enorme capacidad para el juego de ajedrez, el cual él dominó muy bien desde joven, llegando a realizar partidas en simultánea y partidas a ciegas, es decir sin ver el tablero, sin ser derrotado. Una frustración que siempre tuve fue que nunca le pude ganar una partida del juego ciencia a mi Padre.

La vida sindical le fijó a mi Padre una vida muy modesta hasta el final de sus días. No sé si su carácter autónomo, que lo llevó a no someterse a la subordinación de un patrón, dado los trabajos independientes que logró desarrollar, fue lo que lo terminó conduciendo al movimiento sindical, o si fue el movimiento sindical el que forjó en él, ese deseo de independencia, aún a costa de no tener mucho en la vida. No lo sé, pero me alegra que mi Padre haya apostado principalmente por la gente, por el conocimiento, por la organización sindical y no por el énfasis en la acumulación material.

Tuvimos la fortuna de estar cerca de mi Padre al final de sus días y él tuvo la fortuna de tener el cuidado amoroso de su familia cercana. Fortuna, porque en un país que históricamente ha despreciado la organización de los trabajadores y ha eliminado sistemáticamente a la dirigencia sindical, mi Padre murió de muerte no violenta. Y fortuna, porque en estos difíciles tiempos de pandemia, como familia pudimos de cerca despedirlo y enterrarlo y no tener la tristeza y dolor que mucha gente ha padecido al no poder despedir de cerca a sus deudos.

Le agradezco a mi Padre el legado que me dejo, de interés por el conocimiento, una forma de pensamiento crítico, una gran sensibilidad social y la enorme valoración por el apoyo a los procesos de organización y de lucha por los derechos de las y los trabajadores.

¡Adiós Padre, hasta siempre!!!

NOTA: Una otra cosa que me legó mi Padre fueron algunos de sus amigos, que yo los conocí de niño y luego como adulto he compartido escenarios sociales y políticos con ellos. Unos ya murieron desafortunadamente: Camilo Castellanos y Guillermo Asprilla, con los que trabajé directamente en el impulso de un movimiento social en salud en el país. Otros que siguen estando y aportando, como Luis Sandoval, Carlos Bustos, Cecilia García y otros que olvido. A ellos quiero hacerles una invitación, para que también contribuyeran a rehacer esta historia de mi Padre, que se tronca con parte de la historia del movimiento sindical de nuestro país, y seguramente precisen cosas que he dicho acá.

Quiero agradecer las muchas expresiones de solidaridad y cariño que me hicieron llegar con la muerte de mi Padre. En especial quiero agradecer el lindo mensaje que las compañeras y compañeros de la CTC le hicieron, donde expresaron “El compañero Carlitos fue un gran líder sindical y social, aguerrido defensor de los derechos sociales y laborales reconocido a nivel nacional e internacional, que dedicó más de cuarenta años al servicio de los trabajadoresCarlitos lleno de virtudes y valiosas cualidades, aportó a la CTC de manera leal, noble, honesta y con sentido de pertenencia todos sus conocimientos, fue el formador de formadores de muchos compañeros(as), fue un excelente asesor (sindical) dad su profesión de abogado y fue ese dirigente entregado a la causa social porque soñaba con un país justo y en Paz”.

Igualmente agradezco la nota hecha por Luis Sandoval en su columna de El Espectador del 31 de marzo, en donde menciona “Torres fue un importante líder y educador social, dirigente gremial de los fotógrafos profesionales, militante sindical en la CGT, la CTC y contribuyente al nacimiento de la CUT desde el Instituto María Cano (Ismac) del cual fue destacado integrante. Carlos fue un entrañable amigo por más de 40 años. Honor a su memoria…”.

Edición 679 – Semana del 25 de abril al 1º de mayo de 2020

1 Agradezco la conversación con el compañero Carlos Buscos, exdirigente sindical de ASICUN y de la CUT Bogotá, que me ayudó a aclarar este proceso de organización sindical de esta época, en el cual él también participó junto a mi Padre.

   
 
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