Diatriba contra el onanismo del mercado global

 

El onanismo más peligroso en la actualidad es el que se reviste con la credencial del nacionalismo, denomínese America first o Market first, que proclama la reactivación de la economía y del mercado por encima de la salud y la vida.

 
Hernando Llano Ángel
 
Profesor Departamento de Ciencia Jurídica y Política
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales – Universidad Javeriana Cali
 
 

Este es el momento para intentar una diatriba contra al onanismo del mercado global. No contra el erótico, quizá el más personal, íntimo y saludable, ahora estimulado en forma degradada por la pornografía y el machismo. Se trata de una diatriba contra un onanismo que pasa inadvertido y tiene efectos letales, pues al contrario del personal es colectivo. Es el onanismo del narcisismo capitalista y mercadocéntrico, cuya máxima expresión son hoy Norteamérica y China. Es el onanismo de la inteligencia, las emociones y el espíritu de competencia, que se proclama universal a través de la tecnología, el mercado y la globalización del consumo. No por casualidad la pandemia tuvo origen en Wuhan, una de las metrópolis chinas más industrializadas y modernas, desde donde se diseminó progresivamente por todo el mundo al ritmo febril de los viajes aéreos intercontinentales y del intercambio comercial.

La pandemia del consumo onanista

La pandemia, pues, está asociada simbióticamente con la red global de interdependencias económicas, culturales y hedonistas que convierte nuestras vidas en un onanismo de consumo, donde el principio de placer pretende gobernar y subordinar el principio de realidad y la misma naturaleza. Para empezar, como sucedió con Ícaro1, Covid-19 nos quitó el placer de volar y está llevando a la quiebra, en caída libre, a la industria aeronáutica y a las más sólidas aerolíneas internacionales. De paso, está arrasando con la industria turística, el cine, el teatro y toda la parafernalia de la imaginación y la fantasía, para no hablar de los deportes colectivos, sin los cuales quizá no podríamos sobrellevar el peso agobiante de esta realidad. Lo único que nos falta, para salir de este onanismo del confort y el consumo que tanto nos seduce, es que internet sea atacado por un virus cibernético y colapse.

Vida Real Vs Vida Virtual

Entonces quedaríamos solos y desvalidos ante el mundo real de las necesidades y volveríamos a percatarnos que la vida no se agota –para quienes todavía pueden disfrutarla– en las cuatro paredes del hogar, sumergidos en las redes sociales, agobiados por el omnipresente teletrabajo o entretenidos por Netflix. Que la vida real, la cotidiana de los saludos y los abrazos, de los diálogos y los malentendidos, del trabajo y el sustento, jamás podrá ser sustituida por la virtual, que tanto placer individual y evasión social nos brinda. Constataríamos que la prosperidad y la riqueza de las empresas no es un asunto tanto de sus propietarios como de los miles de trabajadores que la producen y de los millones de consumidores que las dinamizan y afianzan. En una palabra, que la vida y la salud de todos y todas, que la vida colectiva y pública, no sólo es mucho más importante que nuestro placer onanista, sino que dependemos de esa inmensa y compleja red de semejantes y diversos para sobrevivir y darle un sentido a nuestras vidas. Que, sin la vida pública, regulada por un Estado que protege y valora la dignidad y salud humanas, como una expresión más de la naturaleza, no podremos seguir existiendo. En fin, ya va siendo hora de que reconozcamos que la era antropocéntrica quedó atrás y que no podemos continuar viviendo en el onanismo consumista que subordina todo a nuestro principio de placer desbordado, estimulado por la publicidad y la codicia insaciable de mercaderes y banqueros. Que bastó un impredecible, contagioso y letal virus para desajustar todas nuestras vidas y reorientar nuestras prioridades como especie, relegando la libertad, el placer y la productividad a un segundo plano.

¿The market first or Laudato Sí?

Por eso, el onanismo más peligroso en la actualidad es el que se reviste con la credencial del nacionalismo, denomínese America first o Market first, que proclama la reactivación de la economía y del mercado por encima de la salud y la vida. De alguna manera, este onanismo mercadocéntrico tiene su máxima encarnación en Trump y su obsesión por demostrar que el “virus chino” fue creado en un laboratorio de Wuhan, como arma biológica para ganar la guerra comercial contra Estados Unidos. Pero, sobre todo, en los cientos de miles de sus seguidores que, airados en calles, plazas públicas y hasta en el Capitolio del estado de Michigan, algunos portando armas, proclaman la libertad individual como un derecho sagrado, intocable e ilimitable, exigiendo el fin inmediato de las medidas públicas sanitarias que, hasta la fecha, medianamente han contenido la propagación incontrolable del virus. De imponerse esta tendencia libertaria (¿o liberticida?) y mercadocéntrica, sin una rigurosa planeación y regulación estatal de la reactivación económica, comercial y social, según las características de cada país y la responsabilidad y autocontrol de sus habitantes, lo que se estimulará será la extensión ingobernable de la pandemia y el triunfo progresivo de tanatos sobre eros. Sería una consecuencia paradójica de esta especie de onanismo global, promovido por el nacionalismo y el consumismo, del cual somos adictos, porque para la inmensa mayoría primero está su país, el bienestar familiar y el placer personal. Solo varía la escala de prioridad establecida. Poco importa la suerte de los demás. Quizá esta sea la cepa política y cultural más mortal y nos engañamos al señalar al Covid-19 como la máxima responsable de esta pandemia, cuando en el fondo es producto de nuestro narcisismo antropocéntrico y hedonismo onanista. De allí, que una de sus expresiones más insólitas y contradictorias sea el auge de cierta espiritualidad panteísta, adobada con una idea de castigo divino que supuestamente nos inflige la naturaleza a través del Covid-19. Pero olvidamos que somos una especie depredadora que está devorando, al menos desde el Génesis, todo el planeta, aunque el Papa Francisco nos advierta en su encíclica Laudato si, con San Francisco de Asís, que debemos alabar al Señor “por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”2.

Edición 681 – Semana del 9 al 15 de mayo de 2020
   
 
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