La vigilancia, la industria y el derecho a sí mismo

 

Los datos que hoy depositamos recurrentemente bajo la confianza absoluta en los servicios digitales son el crecimiento de la industria, imparable en las décadas venideras, que se desenvuelve entre oportunidades, riesgos y amenazas en medio de rupturas evolutivas, políticas, democráticas y la crisis climática que cada vez más se agudiza.

 
Andrés Camilo Rodríguez Castillo
 
Licenciado en Filosofía
 
 

La crisis global está dejando muchos retos y acelerando cambios en las formas de interactuar socialmente, los nuevos hábitos, las nuevas condiciones para ejercer labores, la atención sobre los sistemas de salud, las manifestaciones culturales, la diversificación en los procesos educativos y de aprendizaje, entre otros; buena parte de las transformaciones por las que el mundo está atravesando en la última década se aceleran cada vez más con la emergencia mundial y comienzan a ser más visibles, la tecnología es un medio protagónico en estos cambios, a la vez que crece el universo digital, se empiezan a configurar oportunidades y riesgos para la vida, las democracias y las relaciones sociales.

El desarrollo tecnológico ha intervenido paulatinamente en las sociedades contemporáneas, en algunas con ritmos más dinámicos que en otras. El mundo en general ha estado envuelto en un desarrollo de las tecnologías, en este proceso resaltan continentes como Asia y Europa que comenzaron a experimentar cambios constantes en la infraestructura, la producción, el transporte, las armas, los deportes, la cultura, la educación, los alimentos, la salud y las comunicaciones, especialmente después de la segunda guerra mundial, estos son algunos campos que han experimentado en un primer momento la intervención de técnicas y métodos científicos de manera directa y gradual hasta llegar a ser como los conocemos el día de hoy.

Además, el déficit en la gobernanza tecnológica y el incremento de la vigilancia digital continua es un fenómeno que empieza a detonar por la falta de regulación y por la transgresión total a las libertades de las personas, este fenómeno comienza a generar nuevas tensiones en las competencias geoestratégicas de las naciones.

Cada vez más, la tecnología y la dimensión digital se ha venido aproximando a lo más cercano de la vida de los seres humanos, las finanzas, la modificación genética, la fertilidad, la sexualidad, el ocio, los placeres, las ubicaciones, las opiniones, las decisiones y los sentimientos, son espacios personales que transitan aceleradamente hacia una ruptura irreversible entre las oportunidades de la tecnología para el mejoramiento de las condiciones de vida y la amenaza de perder la propiedad de sí mismos, esto último, no es más que la posibilidad de actuar libremente sin condicionamientos.

Los datos que hoy depositamos recurrentemente bajo la confianza absoluta en los servicios digitales son el crecimiento de la industria, imparable en las décadas venideras, que se desenvuelve entre oportunidades, riesgos y amenazas en medio de rupturas evolutivas, políticas, democráticas y la crisis climática que cada vez más se agudiza.

Es común hablar de ciberseguridad en el mundo financiero, así como en las modalidades del crimen; por ejemplo, en la última década más del 85% del mercado financiero mundial ha transformado sus servicios presenciales hacia plataformas y actividades digitales: transacciones, consultas, pagos, créditos, compras y ventas de todo tipo, hoy se encuentran al alcance del internet, un celular, Tablet o computador. Consultoras como Cybersecurity Ventures y la firma Kaspersky han realizado análisis y proyecciones en los últimos cinco años sobre la ciberseguridad a raíz del uso financiero y sobre la oferta de productos en el internet.

Según los datos de estas consultoras, el ciber-crimen de destrucción de datos, dinero robado, pérdida de productividad, robo de propiedad intelectual, robo de datos personales y financieros, recuperación de datos y sistemas, informática forense y daño de marca, para el 2021 le costarían al mundo 6 trillones de euros. Solamente en países latinoamericanos, se presentan en promedio 28.835 ataques cibernéticos al día y 6,4 ataques por segundo en medios móviles. Entre el 2019 y el 2020 el secuestro de datos ha causado pérdidas superiores a los 20 billones de euros a nivel global. Para el 2022, 6.000 millones de personas estarían en riesgo de ser atacadas por medio de sus celulares diariamente, se proyecta que para el 2030, 8.500 millones de personas tendrían acceso a internet para usos vitales y asistidos en aplicaciones, servicios y ofertas digitales.

Las agencias españolas de social media y gestión de redes We Are Social y Hootsuite, en su estudio sobre el uso global del internet, publicado el pasado enero del presente año, plantea que el 55% de la población mundial que equivale a 7.750 millones de personas tiene una vida digital activa, el 67% tiene acceso a un dispositivo móvil, el 59% usa internet y el 49% realiza interacción por medio de redes sociales. El tráfico de internet se da por medio del uso de dispositivos tecnológicos que equivalen al 53.3% en móviles, el 44.0% en computadores, el 2.7% en Tablet y el 0,07% en videojuegos. Las Apps de más descarga y uso, equivalen al 89% en mensajería y redes sociales, el 65% en entretenimiento, el 47% en juegos, el 66% en compras, el 52% en música, el 65% en mapas y ubicaciones, el 11% en relaciones sexuales y de pareja, el 26% en salud y ejercicio. De las 24 horas del día, las personas pasan en internet y sus dispositivos digitales 3h 40m en promedio, de este tiempo, el 50% es destinado para las redes sociales, el 21% para el entretenimiento, el 9% para juegos y el 19% para servicios.

En contraste con las cifras sobre el uso de dispositivos digitales y la interacción global con el internet, se encuentran las tensiones geoestratégicas y políticas de las naciones; la guerra contra el terrorismo, el acceso a materias primas, las movilizaciones sociales y los cambios democráticos, son circunstancias comunes que hacen crecer la injerencia de instrumentos tecnológicos de forma constante en las políticas de los Estados, de la mano de la consolidación del autoritarismo digital. Los gastos en seguridad nacional son el pretexto perfecto para ejercer en las sociedades una extrema vigilancia y control de los ciudadanos. Luxemburgo, Estados Unidos, Holanda, Singapur, Corea del Sur, China, Rusia, Alemania, Estonia, Finlandia, Israel, Canadá y proporcionalmente a las condiciones regionales, Malasia, Sudáfrica, Chile, Brasil y Costa Rica, son la vanguardia de los países más digitalizados, unos más demócratas que otros, algunos de estos vinculados con más prioridad a la disputa por la hegemonía global, y otros preocupados por los cambios sociales y culturales internos. Cada uno de estos países y otros que los siguen en diferentes latitudes, han explorado las oportunidades, implicaciones, consecuencias y amenazas de la tecnología, a partir de la interacción social común que hoy representa el internet, así como el uso de los macrodatos y/o el Big Data.

Los sistemas satelitales, los códigos QR, el registro personal en Apps, las redes sociales, la georreferenciación, los códigos IP, los microchips, los juegos, el reconocimiento facial, ocular y dactilar, las plataformas de desinformación y la oferta de servicios, hoy son instrumentos para globalizar un modelo de extrema vigilancia y control, juntamente con el incremento de una industria que por ahora no va a parar y que ve en los datos una oportunidad exponencial de crecimiento. La vigilancia continua y la industria de los datos van de la mano al punto de crear emporios que concentran datos sobre toda la actividad humana; por un lado, los Estados que son potencias mundiales tienen la centralidad general de la información; por otro, los dueños del internet tienen el manejo principal, como los son Google, Amazon, Facebook, Microsoft y Apple. Adicionalmente, han venido creciendo corporaciones “mercenarias” de la información que le apuestan a un ascenso económico, todos estos dominios están entrelazados para ejercer cada vez más, junto con los desarrollos tecnológicos, un manejo universal del ser humano.

Pronósticos como los de George Orwell, pasando por los de Black Mirror y hasta los de la película ¿Qué le Pasó al lunes?, se suman a una serie de advertencias sobre los riesgos que se avecinan para la humanidad. El control, la vigilancia y los datos, sumergidos a lo más íntimo de la vida de las personas, convierte el desarrollo tecnológico en una amenaza continua de las libertades, y no, un campo de oportunidades para las próximas décadas.

La tecnología, la información, el conocimiento y los datos son escenarios de disputa, que implican sumergirse críticamente debido a que traen consigo brechas de desigualdad social de gran magnitud y amenazas continuas a la posibilidad que el ser humano tenga la pertenencia de sí mismo. Hoy, quienes se sumergen en el universo digital no son un usuario, sino un producto que asume su vinculación a diferentes mundos, a un lugar de comunidades digitales y a una industria que crece con la confianza, la emoción, el deseo, las ideas y las decisiones de la gente. El cambio en las relaciones sociales, la vigilancia e ingobernabilidad tecnológica, son amenazas globales que traen afectaciones a las democracias y la vida. El condicionamiento de la libertad, de lo que se piensa, de lo que se disfruta y de lo que queremos, es una dimensión personal que se debe empezar a restablecer y disputar antes de que sea tarde, el valor de ser, significar, sentir, pensar y decidir es el derecho a sí mismos, un derecho que no podemos perder nunca, porque de lo contrario, la humanidad ya no tendrá sentido.

Edición 681 – Semana del 9 al 15 de mayo de 2020
   
 
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